El Pentágono va a enviar más de 5,000 efectivos a la frontera entre México y Estados Unidos, en un momento en que el presidente Donald Trump advirtió a la caravana de migrantes que avanza hacia el Norte que los militares los están “esperando”.
“De aquí al final de la semana vamos a desplegar cerca de 5,000 soldados en la frontera suroeste”, dijo a la prensa el general de aviación Terrence O’Shaughnessy.
Este despliegue representa un considerable incremento con respecto al despliegue que se había proyectado la semana pasada, que constaba de cerca de 800 efectivos enviados para dar asistencia logística.
“No vamos a permitir que un grupo grande de personas entre en Estados Unidos de una forma peligrosa e ilegal”, dijo por su parte Kevin McAleenan, el comisionado de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP).
En plena campaña para las elecciones de mitad de mandato que se celebran el 6 de noviembre, Trump ha advertido que se necesitan más tropas para reforzar la seguridad en la frontera.
Ayer, Trump volvió a arremeter contra la caravana de migrantes que partió el 13 de octubre de Honduras, compuesta por 7,000 personas según Naciones Unidas.
“Por favor, regresen, no serán admitidos en Estados Unidos a menos que pasen por el proceso legal. ¡Esto es una invasión de nuestro país y nuestros militares los están esperando!”, agregó.
En abril, Trump ordenó el envío de hasta 4,000 miembros de la Guardia Nacional a la frontera cuando otra caravana de migrantes se dirigía hacia el norte. Alrededor de 2,100 efectivos fueron finalmente desplegados.
Miles de centroamericanos reanudaron ayer su recorrido por el sur de México mientras las autoridades intentan esclarecer la muerte de un migrante en la frontera con Guatemala.
La caravana partió temprano desde las afueras de Tapanatepec y planea llegar a Niltepec, 54 kilómetros al noroeste en el estado de Oaxaca. Mientras algunos esperaban pacientemente que alguien les ofreciera un aventón otros avanzaban decididos a pie.
Las patrullas de la policía federal mexicana los acompañaban a baja velocidad y les advertían que se mantuvieran a un costado de la carretera.
La caravana todavía debe recorrer unos 1,600 kilómetros hasta llegar al cruce fronterizo más próximo en McAllen, Texas. El viaje podría ser el doble de largo si los migrantes deciden irse al cruce Tijuana-San Diego como hizo una caravana similar a principios de año.
En el estacionamiento de una gasolinera en las afueras de Zanatepec más de un centenar de migrantes hacían fila a la espera de que algún conductor se detuviera y los invitara a subir para evitar recorrer a pie parte del tramo del día.
El alcalde local Ramiro Nolasco dijo que “estamos ayudando a nuestros hermanos de otros países con alimentación y agua y transportación, con lo que se puede”, pero admitió que “va a ser muy poco para lo que necesita esta gente”.
El domingo varios cientos derribaron las vallas fronterizas en el poblado guatemalteco de Tecún Umán —como lo habían hecho los miembros de la caravana hace más de una semana— y se enfrentaron con las autoridades mexicanas que estaban determinadas a no permitir que la caravana crezca o que se forme otra.
El nuevo grupo de migrantes, que dicen ser una segunda caravana, se reunieron en el puente internacional sobre el río Suchiate. Los bomberos guatemaltecos confirmaron que Henry Adalid Díaz Reyes, un migrante hondureño de 26 años, falleció por una herida de bala de goma en la cabeza.
“El migrante fue atendido por bomberos, pero la herida era muy grande”, indicó César Quiñonez, bombero en Tecún Umán.
En una conferencia de prensa el secretario de gobernación mexicano, Alfonso Navarrete Prida, indicó que la policía federal mexicana y los agentes de migración fueron agredidos con piedras y botellas de vidrio cuando los migrantes derribaron una puerta del lado mexicano de la frontera. Sostuvo que ninguno de los agentes mexicanos estaba armado con pistolas, ni siquiera armas que dispararan balas de goma.


