Por: Cristina Padín.
Y llegó el día. Como es habitual clareó muy poquito a poco la noche, y la madrugada se hizo luz. Llegó… amaneció la jornada que estaban esperando. Quiso la casualidad que ocurriera en mayo… el mes de las flores y de la Virgen María, el mes de los vestidos blancos y los pies dentro de las sandalias..
Era en verdad una mañana normal. Martes.. algunos peregrinos llorarían al llegar a Santiago: la ciudad que explica Europa. Y los niños llegarían a las aulas felices.. en un mes veranito! En Madrid gentes acudirían a los toros, la cultura importa y el arte enamora. En Vigo alguien sería feliz..
Cada uno con sus quehaceres. Promesas y besos. Menú del día, una cita sorpresa, un café de trabajo. Ella llegaría a Roma. Ella: la Esperanza. Iría acompañada de todo lo que es puro, de lo que brota del corazón. De lo que duele de tan honesto que es. De lo limpio. De lo que es el amor en mayúscula.
Y no viajaría sin acompañante la Esperanza. A Roma se va con lo que es profundo y lleno de sentimiento. Ella fue con una amiga. Y era la Fe…
Fe y Esperanza: únicamente el que vive en la verdad sabe lo que son
A mi padre. Besos al cielo
A Luis
A Carlos y Arantxa
A Roma
A Vigo, Madrid, Santiago
A los peregrinos
A la gente que camina bien
Al toreo
Al mes de mayo
A la verdad y la valentía


