Ronda.

Cristina Padin
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Con la calma propia de las cosas que sí que importan empezó a caer el primer copo de nieve, él: el que lideraba, y como era buen gestor le siguieron todos los demás. Nevó en la ciudad soñada, la que es blanca y redonda, la que enamoró a Rilke..

El poeta buscaba y se buscaba y llegó a la ciudad que se asoma vertiginosamente a un abismo, a la que dibujó a Pedro Romero en unas arenas de leyenda, a la que parió a un ser que se llamó Cayetano y fue padre del magistral, y maestro, Antonio Ordóñez..

El versador encontró un diciembre de frío y jirones de niebla una ciudad de leyenda y piedra, de toreo y arte, de misterio y fe. Y se enamoró, evidentemente. Porque no es difícil enamorarse de algo blanco, puro, y con historia y mil historias…

Con calma empezó a nevar en Ronda.

Creo que es imposible no enamorarse de Ronda
Dedicado a Ronda
A los poetas
Al toreo y al eterno recuerdo de los toreros mencionados
A mis rondeños queridos
A Luis
A la nieve
Y a los que facilitaron las cosas con la nevada
A los genios. Hoy y siempre

Cristina Padin
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