Por: Cristina Padín.
Era la sonrisa su eterna compañera, dulce y serena, como también lo era en el rostro de su madre y en la cara de su abuela. Hay personas cuyas vidas transcurren, qué pereza y qué tristeza, en el enojo continuo, el enfado permanente, la queja. No era así en la vida de esta niña, bebía el agua de sus fuentes sabias y alegres: el abuelo estoico y noble, la abuela feliz y obsequiadora de felicidad, la mamá trabajadora y flamenca de alma y arte, los tíos sinceros y humildes en el triunfo.. Unos y otros nutrían a la niña de esencia, de saber, de saber ser y de sonrisas..
Se llamaba Manuela, también. Manuela abuela, Manuela madre, Manuela hija. Qué nombre tan español y tan bonito..
Se vistió de blanco inmaculado para ese día tan feliz en la vida de muchos pequeños. La Primera Comunión. Y se vistió de más colores y sabores. Se vistió de Dios: iba a su encuentro, a recibirle, educada en la fe y en la religión. Se vistió de tradición, que por mayo era por mayo, y de lo que es nuestro y de lo que importa. Se vistió de respeto: la niña es de familia torera y el toreo es respeto y cultura. Se vistió de duende: el sentir flamenco, la elegancia de lo que emociona. Se vistió de rosa en el interior: la pureza, la inocencia, esa infancia que se empieza a despedir.. Se vistió de felicidad..
Y, envuelta en blanco y sentimiento, recibió Manuela su Primera Comunión y, como hace siempre, sonrió.
Dedicado a Manuela
Y a las dos Manuelas (os adoro)
A Juli y toda su familia
A cada niño en estos días de comuniones
Al toreo y al flamenco: lo nuestro
A mi querido Luis
A la memoria de mi querido papá, fallecido hace años un día como hoy. Los padres son timón y bendición
A la gente con alma


