Por: Cristina Padín.
Era el caballero como se supone que son los caballeros: noble y leal, generoso y trabajador, educado y culto. Además era español y aficionado al toreo y admirador del flamenco. Lector y conversador. Buen amigo del vino y de los lances talavantinos.
Aquella tarde hacía dos preguntas.. porque sí. Porque esto es un cuento, y en los cuentos ocurren cosas así..
Cómo repartiríais las cien monedas de un cofre que os han regalado, inquirió a un grupo de niños que acudían a un concierto navideño. Escribid las respuestas. Y las respuestas empezaron a escribirse con tinta azul y rosa y rosa y plateada..
Marta donaría cincuenta al hogar de ancianos. Pablo regalaría la mitad para compra de juguetes para niños. Hugo ofrecería setenta a los percebeiros. Lourdes compraría comida a familias necesitadas. Qué bellas respuestas!
Los demás no harían reparto. Se quedarían el contenido total del cofre..
El caballero decidió no hacer la pregunta siguiente. A esos niños les obsequió unos libros de música y otras doscientas monedas. La bondad es el mejor regalo. Y se fue a pasear a la vera del mar aquella soleada tarde de diciembre..
Era un caballero de verdad. Meses atrás había llegado al lugar otro tipo. Diciendo que era un caballero. Pero no lo era, solo presumía serlo. Un caballero no miente, y se conoce por sus actos. Ya no quedan tantos caballeros, pensó alguien…
Pero quedan bastantes..
Dedicado a los caballeros
A las personas de ley
A Talavante
A la bondad
A Luis
A Marta, Lourdes, Pablo y Hugo
Al flamenco y a los flamencos
A las tardes de finales de diciembre


