Por: Cristina Padín.
No estaría allí el suspiro cuando llegaran. Ya se habría muerto. Fallecería una tarde de sol, una de esas tardes en las que nadie debiera perder la vida. Y sin embargo hay muchas muertes en días así. Remataría su existencia allí.. y ya no disfrutaría el amanecer, no bailaría en san Juan, no se compraría una bella pulsera de Sargadelos.
El suspiro que sería el hermano del sueño que albergaría el torero que se dirigía por la tarde a la plaza no regresaría al hotel. Las cosas no habrían ido bien, no saldrían como se esperaba, y el suspiro ya no poseería luz ni latido ni vida. No volvería a leer un libro, tampoco gozaría un beso. Antes del atardecer esa esperanza se habría desvanecido.
Eso ocurriría por los gritos y los insultos. Cada vez que una voz insultante o una palabra fuera de tono rompía la serenidad de la plaza el suspiro que anhelaba triunfar perdía un poco de aire…
Dedicado al toreo
A cada torero a la vera de un sueño
Y a la gente educada que respeta y que no insulta
Al fantástico día de san Juan
A Sargadelos: qué maravilla
A mi querido Luis
A mi mago, que torea mañana


