Por: Cristina Padín.
Ese beso, el que mi cielo en blanco y negro en azul lo pintó como canta Rosario, es un beso que nació en el alma, en la piel y en la boca. En la boca andaluza del niño, niño de guitarra española y capote, niño de ojos del color de la avellana, niño bueno. Y qué bonito besan los niños buenos…
Ese beso era un beso de adolescencia, de hierbabuena y menta, fresco como el agua y cálido como el sol de mayo. Aprendió muy pronto el beso a andar por la vida, y era como hay que ser: sabio, intuitivo, alegre y pasional. Viajaría hacia ella: niña de rubio cabello, niña de Salamanca, niña dulce…
Y, sin embargo, el beso no hizo eso. Otro beso iba a nacer para que los labios de Paula fueron acariciados por su emoción. Aquel primer beso que había nacido voló. Voló y atravesó parques y plazas y volantes y naranjos… y se posó con dulzura en la mejilla del tío del niño. Necesita un beso…
Paula y él.. Paula y el niño bueno también se besaron aquella tarde… Tarde importante para el tío del muchacho…
Dedicado a los besos de verdad
A ml amiga Paula
A mi querida Andalucía y mi querida Salamanca
Este es cuento de la serie del niño bueno
A Luis
A los amores adolescentes
Al toreo
A Rosario
Y a los toreros
Y a mi mago


