Por: Cristina Padín.
Las mujeres que vivían en una libertad que habían escogido y deseado, cubiertos sus cuerpos y sus cabellos, iban a rezar. Las mujeres que vivían en la libertad que elegían y degustaban, ropas frescas de verano y pieles tostadas por el sol, iban a rezar. Las primeras dedicaban todo su tiempo a Dios, estaban casadas con Él, sus silencios y sus palabras eran ofrendas al cielo. Las segundas trabajaban y viajaban, no estaban casadas, tenían novios o no los tenían, vivían noches de copas y bailes..
Mujeres distintas, idéntico respeto.
Iban a rezar. Unas y otras. Es lo importante. Cada uno vive como quiere.. y la oración es sana, nace pura, llega limpia. El niño estaba en Roma, algo espiritual y hermoso, y ellas querían también rezar en aquella jornada. Un día de mayo normal: gente dando clase de Geografía, jubilados paseando por la playa, tarde de toros en Madrid, almas soñando con Talavante el viernes. El niño en Roma. Las mujeres iban a rezar. Todas. Las segundas le contaron a las primeras. Cuando todas, tan diferentes y tan iguales, coincidieron comprando el pan.
Mujeres distintas, idéntico respeto.
Es una historia real acontecida hoy
A las monjas. Y a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados
A cualquier día de mayo. Y a cualquier día
Al pan: joya! A mi querida Ana, que lo vende, y a cafetería Paco
Al toreo
A Talavante
A mi querido Luis
A Roma
A la playa y a mi playa
A los profesores: héroes de hoy
A cada forma de vivir. Siempre en el respeto
A mi amiga Ascen
A los rezos, a los rezos puros y respetuosos
A mi amiga Paty


