El papel navideño, que era precioso, tiritaba de frío en una calle helada en una gélida mañana de enero. Cielo azul plateado y la ilusión detrás de cada cristal, de cada ventana. Sin embargo el papel, que era muy hermoso, ya no se hallaba en un hogar a la vera de una chimenea..
La niña de aquella casa era caprichosa y no muy detallista. Arrojó los envoltorios de los regalos de Reyes a un rincón y alguien los bajó al cubo de la basura. Allí permanecía, desde muy temprano, el papel navideño. Y suspirando por la grata tradición: chocolate caliente y un trozo de roscón..
Se hizo la magia, la magia que había habido en la noche, nació otra vez en el día. Y el papel, tan elegante, se convirtió en un bonito volante. Un volante flamenco como los de los vestidos de primavera. Y el volante bebía del alma y se nutría de los sentimientos..
Y el volante viajó. Viajar y leer son caminos de aprendizaje perfectos! Y llegó a Ronda y besó la estatua de Antonio Ordóñez, y se fue a Málaga y se inventó juguetes para los niños que tenían menos, y se acercó a Santiago y consiguió pasar la Puerta Santa en solitario..
Y el volante fue más feliz que José Tomás cuando danza con un toro bueno. Y tras cada puerta seguía la alegría de la mañana de Reyes. La mañana más emocionante. Y en el cubo aquel algunos veían un papel ya arrugado.. eso ocurría porque muchos no son capaces de ver lo que de verdad importa.
Dedicado al 6 de enero
A cada familia
A mi amiga Rosario
Hugo, Jose, Ana
A mi Luis
A cada niño
Al flamenco y a mi flamenca Manuela
A José Tomás y tomasistas
A la ilusión y a la magia
A Manuel: ni 22 de diciembre ni 6 de enero, pero fantástica la amistad
A las sorpresas


