El miedo no existe si no crees en él. Fácil.. y eficaz: no existes, miedo. No creo en ti..
El miedo ya estaba allí mientras en la casa sonaba la voz inmensa e inmensamente rota de Barry White. Just the way you are en desgarro, en melancolía, en amor del que clava las uñas del deseo en la piel de la espalda (uff..)
El miedo tenía nombre de mujer y conducía un coche que avanzaba despacio por la gran avenida. Despacio como el tiempo perdido, tal vez el tiempo que perdía la mujer que no leía a Proust en juzgar a la alza o a la baja según su.. sectarismo?..
Quizá.. el miedo no tenía color. No era rojo como la pasión ni azul como la pureza purísima, obviamente no era blanco, como lo que es puro y verdadero. Era, sin más, el miedo. Sin armas, sin terrores, sin peligros visibles. Era el miedo en mayúscula.
Era el ojo. No el que todo lo ve, no. El que todo lo quiere ver. Era el que sabía que en la casa se hablaba de Morante y de Talavante y quería entrar en esa conversación, donde no entran los que no identifican a Pablo Aguado. Se es o no se es. El miedo fingía..
Era el miedo que conquista el estómago y lo aprieta, pero no para bien.. no para mejorar una cintura, para atenazar. Era un miedo que inquieta. Perturba. El miedo que no se sabe explicar.. y por eso es tan terrible. Era él: el miedo. Espiando. Juzgando…
El miedo no existe si nadie cree en él. En la casa se bailaba. Nadie reparó en el miedo..
Y se tuvo que ir. A otra parte. Tal vez con miedo.. miedo a que nadie tuviera miedo del miedo..
El miedo impide el camino. Luchemos contra nuestros temores
Dedicado a cada valiente: tengo en mente cuatro ahora mismo
A Albriux: somos fuertes. Y amigos!
A mi Luis
A Morante
A mi mago
A mi guerrero
Y a las personas que hacen las cosas bien
A la memoria de Barry White


