También lo festejaban Gabriel y Rafael. Tres eran: tres. Amigos desde los primeros años y ya tenían diez. Eran como es la amistad de verdad, es decir, la única que existe: la lealtad, la generosidad, el apoyo. Lo demás son tonterías. O intereses. O las dos cosas..
Miguel amaba Sevilla. La adoraba en abril, la quería en mayo, la admiraba en septiembre. Septiembre, cuando la vida era bella y normal, era el color oro, el retorno, la Maestranza engalanada en su día, la belleza. Miguel quería ser torero.
Gabriel era hermano de un sacerdote, qué bondadoso y noble era su hermano. Latía su corazón en aromas macarenos, el niño era puro deporte y pura emoción. También era sevillano, pero había nacido en la hermosa Málaga…
Rafael también quería ser matador de toros. Unos días como Joselito el Gallo y otros como Talavante. Era admirador del Betis, de la Semana Santa, de los helados de hierbas de san Juan, unos que degustaba los veranos en Galicia…
A los tres les gustaba mucho celebrar su santo el mismo día: el 29 de septiembre… Sabían que era una fecha protectora con la Iglesia, con lo que importa, con lo nuestro. Por sugerencia de su tío Manuel incluían en la invitación de la fiesta párrafos de El Quijote…
Evidentemente sabían, a su corta edad, que no leer marchita el alma…
Dedicado a cada Miguel, Rafael y Gabriel
A la amistad real y a todos mis amigos, hoy menciono a Ana, Manuel, José María y Carlos
Al toreo
A mi mago
A mi Sevilla
A las personas que leen y aprecian la lectura
A Málaga y a mi Galicia
A los libros. Al Quijote
A la Iglesia y a la fe
A mi Luis


