Y érase una vez alguien que en la lucha de gigantes se dejaba llevar por la que es siempre la mejor de las consejeras: se llama la verdad. Y en una décima de segundo y con entrega y esfuerzo hacía las cosas bien y esperando con esperanza jamás, pero nunca, defraudaba. El sitio de su recreo eran la nobleza y el bien.
Y también estaba…
No! No importa! Y érase una vez alguien de oro y palabras de las que importan, no de las que no dicen nada. Con algunas pequeñas cosas hacía cosas muy grandes, y cada sueño imposible se convertía en realidad posible, y a gustito y paso a paso, y en la Gran Vía o en abril (también en junio), ofrecía el coraje de vivir a la vida y las rosas.
Era alguien de espíritu taurino. Era la Humildad…
También estaba por allí. Que no! Estaba la Soberbia. Pero para la Soberbia no hay cuentos ni cuentas..
Con títulos de canciones de Antonio Vega, Ketama, y Antonio Flores compuse un cuento a la humildad
Dedicado a esas canciones y sus autores
A la humildad
Al toreo: era taurina la humildad
A mi amigo Manuel
A Albriux
A Luis
A Carlos
A las personas que hacen las cosas bien
A Pablo
Y al arte


