Relampagueaba. Se rompía la tarde en dos millones de gotas de lluvia furiosa y brava, se diría que enojada. Era una tormenta de verano, empezaba junio. Cuando se apagó el ruido del trueno el cartel seguía allí.. pero se estaba despegando. Poquito a poco una de las esquinas, después tres, se iban soltando de la pared…
Finalmente el cartel se cayó.
Al suelo, a la calle, a los charcos.
Era un cartel taurino. La promesa de una tarde de toros. Arte y alma plasmados en papel. Unos nombres, una cita. Historia de España. Respeto, tradición, duende. Era la belleza, el trabajo, la humildad.
No tuvo miedo el cartel. El miedo no es un amigo, jamás ayuda. Sobre las aguas se deslizó con prudencia. Iba pensando en el bello recibimiento que le dispensarían allá en el lugar del que había salido. Fue a veces rezando y en ocasiones cantando. Letras flamencas. Le rozaron ramas, le hicieron daño cristales, se apoyó en árboles..
Era un cartel luchador. Noble..
Finalmente alcanzó un destino. No el que él había aguardado: uno mejor. La Plaza de Toros. Mientras había estado tratando de no ahogarse imaginaba un poco de cariño, unas palabras. Recibió una ovación, un pasodoble, besos…
Era un cartel valiente. La valentía es verdad!
Es un cuento-homenaje al cuento que me encanta y que me hacía llorar de niña: La resucitada. El mío posee final feliz
Dedicado a los bellos carteles taurinos
A las personas humildes y trabajadoras
A Albriux
A mi amigo Jm
A Luis
A Carlos
A Manuel
Al flamenco: alma de España
A los cuentos
Y a la verdad


