Por: Cristina Padín.
Y vivía en tiempos convulsos que a veces echaban de menos las gracias, los detalles, el saber estar. Valores de antaño con real y presente vigencia. Era primo de las novelas gráficas, amigos de los libros de cuentos y narraciones, compañero de poemarios y de colecciones de refranes y dichos..
Eran, él y los demás, la cultura, lo que en verdad importa, un abanico de emociones, una sensación, mil y un recuerdos.
Letras, palabras, oraciones, párrafos, páginas. Ahí radica la sabiduría, lo que en realidad agrada, lo que enternece, todo.
Pues el cómic, su contenido albergaba un paseo literario y cientos de enseñanzas de pretérito y de arte, un día viajó. Viajar y leer son actividades que nutren, sacian la sed, alimentan el alma, abren las paredes. Un día viajó porque alguien que sabía de generosidad lo envió como regalo…
Saber de generosidad es ser. Así!
El cómic llegó a su puerto, curiosamente a un destino con mar (la plata de la mar quizá sea una de las setenta y siete bellezas), y gustó. Gustó mucho. Como gustan las cosas con gusto y con esencia. Habita ahora junto a otros libros, y donde hay libros hay vida, esperanza, lances y versos..
Saber de generosidad es ser. Tan fácil, y al mismo tiempo tan difícil, como eso.
Dedicado a las personas con sensibilidad y generosidad
A los cómics
A las letras. Leer es vivir
A los lances
A mi querido Luis
A Andrea L.
A las historias de la historia de cada día que me inspiran cada cuento
A mi hermana y a mi madre, hoy de pre-santo


