Por: Cristina Padín.
La más pequeña de las hojas de la gardenia abrió los ojos a junio y al verano y a la vida. Todo sol, todo luz, todo alegría. La mayor de las hojas dormitaba, ajena a la cercanía de san Juan, al sol largo de las tardes, a la sandalia y el bikini y el volante blanco…
Recibía cuidados y atenciones..
No entendía la pequeñita de las hojas qué le ocurría a la anciana hoja. Por qué no se emocionaba con las sardinas mojando el pan, por qué estaba tan fatigada, por qué a veces confundía las palabras? La hojita era viva, joven, fresca, alegre…
Le explicaron.
Le explicaron que la vida son las estaciones y que cuando llega la invernal uno necesita hoguera y calor, hogar y cuidados. Y lo entendió, y corrió a reconfortar a la hoja abuela para que estuviera cómoda, y le habló del toreo (le encantaba) y la besó..
Le contaron también que algunos seres no ofrecían atenciones a los abuelos, que no les hablaban despacito ni se interesaban por ellos, que no les consideraban amor y sabiduría, que les veían como… La hoja chiquitita no quiso escuchar!
Qué seres tan crueles!
En mi primer cuento tras semana atroz una historia tierna porque las emociones son dolorosas
Dedicado a mi super abuela
A los abuelos
A todos los que cuidan con amor a sus abuelos
A todos los que habéis estado pendientes de la salud de mi abuela
A todo el cuadro médico que la atendió de modo magistral
A mis amigos. Especialmente a Ana, María, María Basurto, Lupis, Belén, Grethel, Paty, Rosario, Carmen, Natalia, Chus, José María, Carlos, Manuel, Hugo, Emiliano, Paco, Pablo
A mi Luis
Vivan los abuelos!!!


