{"id":9293,"date":"2018-01-10T00:00:00","date_gmt":"2018-01-10T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/una-llamada-a-la-sensatez"},"modified":"2024-02-22T21:20:24","modified_gmt":"2024-02-23T03:20:24","slug":"una-llamada-a-la-sensatez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/una-llamada-a-la-sensatez","title":{"rendered":"Una llamada a la sensatez"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Algo m\u00e1s que palabras<\/i>, por:&nbsp;V\u00edctor Corcoba Herrero.<\/b><\/p>\n<p><b>=========================<\/b><br \/><b>Escritor \/ corcoba@telefonica.net<\/b><br \/><b>=========================<\/b><br \/>&nbsp; &nbsp;&nbsp;<br \/>Los tiempos no son f\u00e1ciles para ning\u00fan pa\u00eds del mundo. Con urgencia tenemos que sanar las diferencias y conciliar di\u00e1logos sinceros, cuando menos para generar atm\u00f3sferas m\u00e1s arm\u00f3nicas, comprensivas y tolerantes. No tiene sentido volver a cometer los errores del pasado. Las guerras no las gana nadie. Ni los vencedores que suelen humillar al rival derrotado imponiendo sus furias, ni tampoco los vencidos suelen quedarse en reposo tras una confrontaci\u00f3n b\u00e9lica. Es la sensatez la que nos hace comprender la esencia de lo que somos, la que nos serena y nos hace m\u00e1s humanos, la que nos obliga a entendernos y a promover, no la ley del temor, sino el esp\u00edritu de la compasi\u00f3n. En consecuencia, hemos de aprender a perdonarnos y a reconocernos miembros de una familia, en la que no es posible la exclusi\u00f3n. Quiz\u00e1s tengamos que madurar, organizarnos la existencia de otro modo, dignificarnos y realzarnos como linaje aut\u00e9ntico, lo que exige despojarnos de toda falsedad. Igual que nadie puede ser moderado con el est\u00f3mago vac\u00edo, tampoco es de recibo dejarnos enga\u00f1ar a nosotros mismos, con un c\u00famulo de estrategias corruptas, lo que nos obliga a despertar, al menos para que cese de propagarse tanta injusticia, tanta desigualdad social, tanta inhumanidad en definitiva. De ah\u00ed, lo importante que es hacer una llamada a la reflexi\u00f3n, una autocr\u00edtica cada cual consigo mismo, para ese cambio de perspectiva, menos tensa y m\u00e1s pac\u00edfica. <\/p>\n<p>No olvidemos que la mayor agitaci\u00f3n social tiene que nacer del desprendimiento, no del inter\u00e9s, de la sabidur\u00eda que da un soplo respetuoso y considerado con toda savia humana. Nadie puede dominar sobre nadie. Hay que instaurar otras maneras de vivir, menos salvajes, m\u00e1s  sociables y civilizadas. Ya conocemos la ideolog\u00eda de los fuertes y poderosos sobre los m\u00e1s pobres y d\u00e9biles. Hemos de romper con estas contrariedades, cumpliendo y haciendo cumplir, la Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos Humanos. Pasemos de las bellas palabras a los hechos. La realidad se torna cruel, sin apenas nosotros inmutarnos. Ante esta bochornosa situaci\u00f3n, es menester que los representantes pol\u00edticos y l\u00edderes de todos los gobiernos, cultiven la honestidad y fomenten los acuerdos inclusivos, despoj\u00e1ndose de lenguajes mezquinos para poder amparar, resguardar y dar aliento, a la multitud de desvalidos que nosotros mismos hemos generado. No pueden estar liderando ning\u00fan pa\u00eds, aquellos que fomentan el odio entre ciudadanos. Hoy m\u00e1s que nunca se requieren personas constructivas, ejemplarizantes, gentes sinceras y sencillas, dispuestas a darlo todo por los \u00faltimos entre los \u00faltimos. Realmente, esa falta de compromiso con la verdad, es lo que est\u00e1 avivando unos escenarios ensangrentados, que nos vienen llevando a la locura. Sin embargo, todos hablamos de ese deseo de paz, de vivir y dejar vivir, de fomentar el amor, pero continuamos m\u00e1s armados que nunca, con las espadas en alto y sin clemencia alguna. Recapacitemos. Hoy hay algo tan necesario como el aire para respirar y es el sosiego para no confundirse de camino. En el fondo son las relaciones con las personas lo que da quietud a nuestro interior, la generosidad con nuestros an\u00e1logos. Sin duda, es la entrega hacia el bien colectivo lo que realmente genera sentido a nuestra existencia. <\/p>\n<p>Desde luego, la sensatez es la \u00fanica v\u00eda de negociaci\u00f3n que puede detener este volc\u00e1n de conflictos que nos arruina por todas partes. Si ya sabemos que las batallas son todas in\u00fatiles, que no traen nada bueno para nadie, \u00bfpor qu\u00e9 no las desterramos del planeta? De una vez por todas, demos cerrojazo a la continua producci\u00f3n de armas cada vez m\u00e1s mortales e internacionalicemos el lenguaje de la confianza mutua, como premisa, para poder continuar viviendo. No existe un signo m\u00e1s deshumanizador que sospechar irreflexivamente de todo y de todos. Despoj\u00e9monos de esa neur\u00f3tica torpeza de no confiar en nadie, de pensar que es imposible reconstruir corazones, de creer que todo est\u00e1 perdido, \u00a1pues no!, es preciso estar dispuesto al encuentro para que todo se aminore, tambi\u00e9n la tirantez, para llegar finalmente a una coexistencia de latidos. Porque al fin, hemos de reconocer, que por encima de nuestra indignaci\u00f3n hay que seguir caminando, construyendo puentes de vida, uni\u00e9ndonos en nuestra propia mundializaci\u00f3n, por otra parte cada vez m\u00e1s interdependientes unos de otros. No est\u00e1 bien que el hombre se flagele as\u00ed mismo, act\u00fae como un lobo para s\u00ed. Las justas exigencias innatas de la moral, que todos llevamos dentro, nos exigen un esfuerzo colectivo y responsable, ya no s\u00f3lo de salvarnos como especie,  tambi\u00e9n de cooperar y colaborar  en esa unidad  que cuanto m\u00e1s enraizada est\u00e9 en la bondad, mayor ser\u00e1 el regocijo. Ojal\u00e1 encontremos ese horizonte, porque s\u00ed como dec\u00eda Plat\u00f3n, \u201cbuscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro\u201d, seguro que nosotros tambi\u00e9n  hallaremos esa tranquilidad buscada a pesar de las penurias cotidianas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras.<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9293"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9293"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9293\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28204,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9293\/revisions\/28204"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9293"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9293"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9293"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}