{"id":8812,"date":"2017-11-03T00:00:00","date_gmt":"2017-11-03T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/sin-hipocresias"},"modified":"2024-02-22T21:16:44","modified_gmt":"2024-02-23T03:16:44","slug":"sin-hipocresias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/sin-hipocresias","title":{"rendered":"Sin hipocres\u00edas"},"content":{"rendered":"<p>V\u00edctor Corcoba Herrero\/ Escritor<br \/>corcoba@telefonica.net<\/p>\n<p>Con el tiempo uno se va dando cuenta que la hipocres\u00eda se ha adue\u00f1ado del ser humano.  Por ello, es tan importante desenmascarar ese mundo de apariencias que nos lleva al caos. Ya est\u00e1 bien de aparentar lo que no somos. Si en verdad actu\u00e1semos con coherencia entre lo que decimos, hacemos y vivimos, todo ser\u00eda distinto. Hemos perdido la verg\u00fcenza. El persistente sufrimiento que padecen los ni\u00f1os a causa de los m\u00faltiples conflictos en todo el mundo, es un claro testimonio de esa falta de autenticidad de los adultos. La situaci\u00f3n no puede ser m\u00e1s incoherente. Vemos grupos armados que les obligan a actuar como terroristas suicidas, a menores estigmatizados tras ser reclutados y usados por grupos armados, a inocentes imputados por actos que fueron obligados a cometer. Por desgracia, nos gobierna la permanente falsedad, que la hemos convertido en una forma de vivir, en un activo de maldad que nos desborda en el momento presente. Hemos de discernir, pues, y volver a esa verdad interior que es la que nos hace indagar verdaderamente para poder cambiar; y, por ende, modificar actitudes.<\/p>\n<p>Somos seres en camino y nadie nos puede impedir avanzar como personas libres hacia el futuro. La vida se nos ha donado para vivirla, pero de manera respetuosa con lo que nos acompa\u00f1a y rodea. De ah\u00ed, lo importante de que nadie quede impune por las atrocidades cometidas. Esta impunidad da\u00f1a a la sociedad en su conjunto al encubrir la corrupci\u00f3n, los abusos graves de derechos humanos y muchos otros cr\u00edmenes. En consecuencia, tenemos que asegurar que los autores de esa violencia, o siembra de inhumanidades, rindan cuentas ante la universal justicia. Esto es prioritario, porque el mundo necesita de las manos de todos para reconstruirse, pero las relaciones no pueden maquillarse, han de tener como fundamento el amor hacia el an\u00e1logo, con lo que esto supone de impulsar la ecuanimidad social para poder vencer las causas estructurales de las desigualdades y de la pobreza. Dicho lo cual, ojal\u00e1 se generalice en verdad la educaci\u00f3n, el acceso a la asistencia sanitaria y el trabajo para todos. Ahora bien, para esto hace falta despojarnos de dobleces y esas alianzas globales que todos decimos buscar, se conviertan en algo efectivo hacia ese bien colectivo mundializado.<\/p>\n<p>En efecto, la mundializaci\u00f3n es un hecho al que tenemos que dar respuesta de modo cooperativo y ver\u00eddico. Si en verdad queremos mejorar la vida de todas las personas, fortaleciendo el desarrollo sostenible en todo el planeta, hemos de ejemplarizar nuestras maneras de hacerlo. No podemos quedarnos en la superficialidad, o en la indiferencia de nuestras acciones, m\u00e1xime cuando las minor\u00edas constituyen actualmente los segmentos m\u00e1s marginados de la sociedad y sufren cada vez m\u00e1s intolerancia y atropellos a sus derechos humanos. Hoy m\u00e1s que nunca, por tanto, tenemos que rebuscar en nuestros interiores el coraz\u00f3n de la realidad, salir de nuestro endiosamiento, y pensar que un poco de generosidad y comprensi\u00f3n nos vendr\u00e1 bien a toda la humanidad. Quiz\u00e1s tengamos que reacomodarnos a esa diversidad de pensamientos, para dilucidar entre todos, el modo de encontrar soluciones que alivien la situaci\u00f3n de una buena parte de la poblaci\u00f3n que vive el flagelo continuo de la discriminaci\u00f3n. No olvidemos que todos tenemos derecho a ser tratados dignamente y tambi\u00e9n la obligaci\u00f3n de contribuir a la unidad del g\u00e9nero humano. Despoj\u00e9monos, por consiguiente, de toda simulaci\u00f3n y esp\u00edritu de dominio, puesto que nadie ha de ser m\u00e1s que nadie, para ponernos a disposici\u00f3n unos de otros, con la apertura a los dem\u00e1s, mediante el v\u00ednculo de lo profundo, que es lo que nos fraterniza en definitiva.  <\/p>\n<p>La tarea que debemos cumplir no es f\u00e1cil, pero tampoco imposible, escucharnos m\u00e1s y entendernos mejor.  <br \/>Es cierto que este tremendo hurac\u00e1n de hipocres\u00edas nos ha deshumanizado y la desintegraci\u00f3n del entramado social se ha quedado sin nervio. Habr\u00e1 que darle un nuevo impulso reconcili\u00e1ndonos todos con todos, haciendo que la unidad de la familia humana no cese en su empe\u00f1o. T\u00e9ngase en cuenta que algunos poderosos intereses econ\u00f3micos, en lugar de unirnos, contribuyen a separarnos.  Por eso, los gobiernos y la comunidad internacional, as\u00ed como las diversas religiones, deben impulsar esa conciencia comunitaria que nos hace m\u00e1s solidarios, frente a una galopante sed de venganza que pudiera surgir. Indudablemente, ante este desolador ambiente, resulta necesario un nuevo esp\u00edritu conciliador, entre los moradores de todas las latitudes, que nos haga olvidar las formas de resentimiento y de violencia que la herencia del pasado nos pudiera haber dejado en la retina del alma. Tal vez para repararnos interiormente, tengamos que serenarnos y sanearnos, purificando nuestra propia memoria, admitiendo que ninguno somos seres perfectos. Despertemos y salgamos de la necedad; que la genialidad de una especie no llega por ese af\u00e1n perfeccionista, sino por la lucidez y originalidad, por la apertura de todas las fronteras para poder unir esfuerzos y por el desprendimiento de cada cual.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":8813,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8812"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8812"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8812\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28019,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8812\/revisions\/28019"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8813"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8812"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8812"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8812"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}