{"id":8726,"date":"2017-10-20T00:00:00","date_gmt":"2017-10-20T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/un-caminante-sin-amor-es-como-un-rio-sin-agua-2"},"modified":"2024-02-22T21:16:12","modified_gmt":"2024-02-23T03:16:12","slug":"un-caminante-sin-amor-es-como-un-rio-sin-agua-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/un-caminante-sin-amor-es-como-un-rio-sin-agua-2","title":{"rendered":"Un caminante sin amor es como un r\u00edo sin agua"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Algo m\u00e1s que palabras<\/i>, por&nbsp;V\u00edctor Corcoba Herrero\/ Escritor.<\/b><\/p>\n<p><b>corcoba@telefonica.net<\/b><\/p>\n<p>Desde que Machado dijese aquello de: \u201ccaminante no hay camino, se hace camino al andar\u201d; multitud de seres humanos solemos evocarlo, no as\u00ed vivi\u00e9ndolo, con la asiduidad que hemos de hacerlo. La situaci\u00f3n es bien palpable, a poco que nos miremos y veamos. El hambre de amor es debido, precisamente, a ese esp\u00edritu que \u00fanicamente lo injerta la lengua del alma. Buceamos por los exteriores, pero sin adentrarnos en las causas y motivos por las que suceden las cosas. Somos gente de palabra f\u00e1cil, aunque  el compromiso fiel lo solemos dejar en el tintero. <\/p>\n<p>Las \u00faltimas estad\u00edsticas nos dicen, que m\u00e1s de veinticuatro millones de personas en todo el mundo, se ven desplazadas a causa de los desastres. En realidad todos somos transe\u00fantes, es por eso que tenemos que trabajar con m\u00e1s amor, cuando menos para sentirnos acompa\u00f1ados y acompasados, todos con todos. Esta debe ser la primera lecci\u00f3n que hemos de aprender. Necesitamos el aliento cooperante y coordinado para que nadie se sienta sin hogar. El cauce de un r\u00edo siempre necesita el agua para seguir siendo cauce. No lo olvidemos. Por tanto, tan importante como redoblar los esfuerzos en asegurar mejores condiciones de vida, ser\u00e1 tambi\u00e9n la de movernos coraz\u00f3n a coraz\u00f3n. El \u00e9xito de la humanidad no viene de unas pol\u00edticas aplicadas, sino de esos pulsos conciliadores en los que ning\u00fan andar se queda en la zanja. &nbsp; <\/p>\n<p>Naciones Unidas de manera continua suele llamarnos para fortalecer esa respuesta humanitaria, porque imperecederamente hemos de hacer camino y hemos de estar en ese andar de auxilio permanente. Chile es uno de los \u00faltimos pa\u00edses en recibir refugiados sirios. Treinta y dos ni\u00f1os, diecis\u00e9is mujeres y dieciocho hombres llegaron hace pocos d\u00edas desde L\u00edbano, en el marco del Programa de Reasentamiento de Refugiados, liderado por el gobierno con el apoyo de la agencia de la ONU para este menester. Verdaderamente, cuando se producen estos escenarios, de extender una mano solidaria, como fue el caso de la sociedad chilena, uno no puede por menos que esperanzarse y crecer como ser humano, poni\u00e9ndolos de referente y como referencia. Ojal\u00e1 prosiga este ejemplo y dejemos de ser piedras en el camino. <\/p>\n<p>El amor cuando es de verdad todo lo resuelve. Bien lo sabemos, pues pong\u00e1moslo en pr\u00e1ctica. Hay que volver a las entra\u00f1as de uno mismo y ver que los moradores tenemos que cambiar. No podemos seguir en este esc\u00e1ndalo moral en la que millones de personas a\u00fan vivan en la extrema pobreza, m\u00e1xime en una tierra caracterizada por un nivel sin precedentes de desarrollo econ\u00f3mico, medios tecnol\u00f3gicos y recursos financieros. La marginalidad de algunas gentes debemos dejar de observarla exclusivamente como una falta de ingresos. Se trata de ver el fondo de la cuesti\u00f3n. Mientras unos lo tienen todo, otros no tienen nada. Sin duda, la indigencia es m\u00e1s un problema de alma que de cuerpo, si quieren de derechos humanos, pero siempre de ausencia de amor hacia el otro, hacia nuestro an\u00e1logo en la senda del tiempo. <\/p>\n<p>&nbsp; Por desgracia, vivimos en la necedad y en el enga\u00f1o, en lo pol\u00edticamente correcto como es el arte de agradar, en vez de descubrir la multitud de estafas indecentes y proponernos hacer justicia. Ya est\u00e1 bien de taparle el rostro a tanto rastro de mentiras para que parezcan verdad. No se pueden disfrazar los horizontes. Tenemos lo que tenemos para transitar y no podemos seguir segando existencias porque s\u00ed. Volvamos al ser humano responsable, despojado de intereses mundanos, para acrecentar otros andares menos trepa y m\u00e1s solidarios, m\u00e1s en familia  y mucho m\u00e1s en comunidad. <\/p>\n<p>D\u00e9jennos hablar de estos problemas. No levanten muros. Ni nos mantengan entretenidos con falsedades. Gobiernen los que han de gobernar pero con \u00e9tica. No nos desorienten, ni nos mercantilicen, y lo que es peor, no nos enfrenten por favor. Pongan humildad y mucha raci\u00f3n de amor en todo aquello que predican, y si no lo hacen, porque no quieren o no pueden, \u00a1v\u00e1yanse!, dejen el camino abierto a otros.<\/p>\n<p>El planeta est\u00e1 llamado a ser un coraz\u00f3n, o si desean, una morada en la que se puedan cobijar todos los caminantes, sin distinci\u00f3n alguna. Llegado a este punto, yo siempre me digo, cuando al anochecer me invade el desaliento: retornemos a lo de siempre, a lo que no cuesta y cuesta la vida muchas veces, a la autenticidad del amor para poder superar las injusticias e incomprensiones. Convencido de que s\u00f3lo as\u00ed se puede construir un orbe m\u00e1s cielo que infierno, m\u00e1s de todos que de nadie en particular, m\u00e1s de la poes\u00eda que de la pol\u00edtica. Est\u00e1 visto que la mayor penuria que tenemos ya no es la material, sino el ego\u00edsmo, que nos absorbe el coraz\u00f3n y nos dificulta a la hora de custodiar y conducir a las personas, a las familias y comunidades. Nunca es tarde para ponerse en el camino, de un leg\u00edtimo movernos todos a una, para poder hermanarnos y reconstruirnos desde lo arm\u00f3nico, a trav\u00e9s de un espacio que a todos nos abrace y a ninguno nos abrase. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras.<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8726"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8726"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8726\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":27987,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8726\/revisions\/27987"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8726"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8726"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8726"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}