{"id":8590,"date":"2017-10-02T00:00:00","date_gmt":"2017-10-02T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/algo-mas-que-palabras-145"},"modified":"2024-02-22T21:14:59","modified_gmt":"2024-02-23T03:14:59","slug":"algo-mas-que-palabras-145","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/algo-mas-que-palabras-145","title":{"rendered":"Algo m\u00e1s que palabras"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Un  mundo \u00fanico, que ha de ser morada para todos.<\/i><\/b><\/p>\n<p><b>============================<\/b><br \/><b>V\u00edctor Corcoba Herrero\/ Escritor<\/b><br \/><b>corcoba@telefonica.net<\/b><br \/><b>============================<\/b><br \/>&nbsp; <br \/>No se puede parcelar el mundo. La especie humana est\u00e1 llamada a entenderse. Nos unen tantos lazos que tiene poco sentido activar las divisiones. Hemos de ser una familia, y como tal, hemos de saber convivir sin muros. No puede cohabitar entre nosotros distancia alguna, puesto que todos nos necesitamos. Por ello, es importante mirarnos profundamente y vernos en faena, para sentirnos ciudadanos de abrazo aut\u00e9ntico, de compromiso hacia los m\u00e1s d\u00e9biles. No olvidemos que, m\u00e1s de 140 millones de personas en todo el planeta, necesitan ayuda humanitaria para sobrevivir. Es evidente, que requerimos cooperar mucho m\u00e1s los unos para con los otros, hasta sentirnos parte de la estirpe. Por cierto, ya en su  \u00e9poca el insigne escritor Francisco de Quevedo (1580-1645), dictamin\u00f3 aquello de que \u201clos que de coraz\u00f3n se quieren s\u00f3lo con el coraz\u00f3n se hablan\u201d. Cu\u00e1nta raz\u00f3n hay en ello. Por desgracia, horrorosamente advertimos que en el camino de la historia, tambi\u00e9n ahora, no hemos sabido preservar la unidad que injertan latidos comunes. En ocasiones surgen incomprensiones, conflictos, tensiones, que lo \u00fanico que fomentan es la fragmentaci\u00f3n. De ah\u00ed, lo trascendental que es educar para la concordia, justo para poder manar y emanar esa comuni\u00f3n de sentimientos conciliadores.<\/p>\n<p>La reconciliaci\u00f3n, por ende, ha de ser un continuo cultivo entre los humanos; m\u00e1xime en estos momentos en los que hemos acortado todas las distancias f\u00edsicas, no as\u00ed las espirituales que son las que verdaderamente nos hermanan como moradores de un mundo globalizado. En consecuencia, todo debe afectarnos. Aquellos que continuamente lesionan los derechos humanos, o que se mueven en la ilegalidad permanente, debieran saber que la promoci\u00f3n de un mundo m\u00e1s sensible para todos, nos exige a la humanidad entera, observar el principio moral de la responsabilidad personal del mismo yo. Acostumbrarnos a estas violaciones y mostrar indiferencia ante los hechos, no conduce a buen puerto. En efecto, hoy m\u00e1s que nunca, estamos emplazados a luchar contra las injusticias sembradas, la intolerancia y el extremismo que es mucho y muy cruel, hasta desbordarnos con su proceder. Sin duda, tenemos que responder al clamor de tanta inhumanidad y volver a dignificar al ser humano de tantas explotaciones y adoctrinamientos que nos conducen a la destrucci\u00f3n del propio linaje. <\/p>\n<p>Activemos, con urgencia, ese mundo que ha de ser morada para todos, a pesar de la diversidad de culturas, de lenguas y de pensamientos. Por esto es fundamental la escucha, que es el alma de nuestro entendimiento, de nuestro comprender al otro, m\u00e1s all\u00e1 de nuestras meras habladur\u00edas que suelen ser muy subjetivas. Ojal\u00e1, desde nuestro interior, nos comprometi\u00e9ramos a ser m\u00e1s aut\u00e9nticos, m\u00e1s instrumento de comuni\u00f3n y unidad, como dice una bella m\u00edstica franciscana, siempre dispuestos a llevar amor donde hay odio, a llevar perd\u00f3n donde hay ofensa, a llevar uni\u00f3n donde hay discordia. Nos hace falta esta atm\u00f3sfera, sobre todo para poder vivir libres del miedo y la miseria, sin tantos fraccionamientos en bloques ideol\u00f3gicos que, en vez de armonizarnos, nos disgregan. Si la apuesta por un desarrollo equitativo es el nuevo nombre de la alianza, hemos de reconocer que la uni\u00f3n es la senda que nos permite avanzar. No tiene sentido, luego, propiciar movimientos que reclaman la separaci\u00f3n o la independencia de un pa\u00eds, cuando es el todo, el que ha de sumar en ese progreso human\u00edstico, respetando, eso s\u00ed, su identidad en todo momento. <\/p>\n<p>Es cierto, en el fondo todos somos singulares y exclusivos. En nuestro \u00fanico mundo, que ha de dejar de repartirse seg\u00fan intereses mundanos, s\u00f3lo cabe la generosidad. Indudablemente, hemos de dar paso a una mejor dotaci\u00f3n en las nuevas generaciones de sus derechos inalienables, con medios suficientes para poder ejercerlos y defenderlos. La unidad del g\u00e9nero humano es tan vital como necesaria para asegurar nuestra propia continuidad. Naturalmente, tenemos que construir juntos ese destino com\u00fan, si en verdad queremos evitar una cat\u00e1strofe para todos. Por eso, a mi juicio, es el momento de la acci\u00f3n conjunta y coordinada, del respeto a toda vida que ha de dignificarse como se merece, y de que la solidaridad se active como conciencia humana, contrariamente a lo que viene sucediendo. <\/p>\n<p>En cualquier caso, no podemos ni debemos justificar esta pasividad ego\u00edsta que nos inunda. S\u00e1lvese el que pueda. Todos estamos llamados, mejor dicho obligados, a ser m\u00e1s compasivos, aunque s\u00f3lo sea por cuestiones de v\u00ednculos garantes. Utilicemos ese parentesco humano o esa familiaridad bienhechora. De lo contrario, la virtud del vicio nos seguir\u00e1 gobernando. Por consiguiente, seamos cada uno de nosotros un defensor de ese mundo \u00fanico, sabiendo que las leyes de protecci\u00f3n y promoci\u00f3n de los derechos humanos son indispensables para poder caminar coaligados, equipando a las personas con los medios que necesitan para vivir su vida en condiciones decentes y seguras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un  mundo \u00fanico, que ha de ser morada para todos.<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8590"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8590"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8590\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":27933,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8590\/revisions\/27933"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8590"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8590"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8590"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}