{"id":8358,"date":"2017-08-30T00:00:00","date_gmt":"2017-08-30T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/algo-mas-que-palabras-133"},"modified":"2024-02-22T21:12:57","modified_gmt":"2024-02-23T03:12:57","slug":"algo-mas-que-palabras-133","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/algo-mas-que-palabras-133","title":{"rendered":"Algo m\u00e1s que palabras"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Las lecciones de la vida.<\/i><\/b><\/p>\n<p><b>============================<\/b><br \/><b>V\u00edctor Corcoba Herrero\/ Escritor<\/b><br \/><b>corcoba@telefonica.net<\/b><br \/><b>============================<\/b><br \/>&nbsp; <br \/>Es una l\u00e1stima que el ser humano a\u00fan no haya aprendido de los errores del pasado y contin\u00fae empe\u00f1ado en sembrar desasosiego, en lugar de propiciar el encuentro, y desterrar las tensiones de todo camino a nuestro alcance. V\u00e1yanse de la faz de la tierra, el aluvi\u00f3n de provocaciones vengativas que lo \u00fanico que nos llevan es a enfrentarnos como salvajes. Abramos canales de comunicaci\u00f3n y no acosemos a los defensores de los derechos humanos. Pongamos imaginaci\u00f3n y establezcamos puentes de uni\u00f3n y unidad por todo el planeta. Quitemos los muros de la hipocres\u00eda. Ciertamente, jam\u00e1s fue f\u00e1cil el aprendizaje de lo aut\u00e9ntico; sin embargo, ah\u00ed est\u00e1 tambi\u00e9n en las lecciones de la vida, como Santa Teresa de Jes\u00fas invitaba a sus monjas a \u201candar alegres sirviendo\u201d.  <\/p>\n<p>Lo sabemos, aunque quisi\u00e9ramos ignorarlo, al final siempre resplandece lo ver\u00eddico, es m\u00e1s fuerte que todo lo dem\u00e1s. Deber\u00edamos asimilarlo y optar por caminos que nos alienten a vivir, y a dejar vivir; a amar, y a dejarnos amar. S\u00f3lo as\u00ed podemos llenarnos de sabidur\u00eda y aprender a tomar otras sendas menos poderosas y m\u00e1s de donaci\u00f3n a todas las gentes, aunque piensen diferentes a nosotros. Para ello, cultivemos el respeto, el di\u00e1logo entre nosotros con las propias faltas cometidas, porque todo esto nos ense\u00f1a, cuando menos para mejorar nuestras actitudes de soberbia, endiosamiento y orgullo. Ojal\u00e1, todos los l\u00edderes actuales, descubrieran sus deslices y rectificasen a tiempo. Seguramente, entonces, en vez de activar pol\u00edticas destinadas a reprimir el desacuerdo pol\u00edtico, optar\u00edan por servir de otra manera a la ciudadan\u00eda, al menos escuch\u00e1ndonos todos de manera libre, y no infundiendo temor en la poblaci\u00f3n para frenar sus voces y manifestaciones.<\/p>\n<p>No perdamos, en consecuencia, la memoria de otras realidades surcadas. Est\u00e1 bien vivir el momento, pero sin obviar lo transitado. Nuestra existencia es legendaria y, en cada biograf\u00eda, hay un camino de sorpresas que hemos de releer conjuntamente para no caer en esas maldades pret\u00e9ritas. Para empezar, entre todos tenemos que corregirnos, pues nuestra historia no nace y termina con nosotros, se perpet\u00faa y, precisamente, la grandeza nuestra reside en esa capacidad de enmendarnos. Est\u00e1 visto que somos un eslab\u00f3n de esa cadena de vida, que requiere la fuerza de toda la humanidad y el amor de todas las generaciones. Sin amor nada es. Por eso, necesitamos sentirnos acompa\u00f1ados y acompasados, en esa reconstrucci\u00f3n viviente, que nos demanda abrir caminos de justicia permanente. Es tan fuerte el dolor que nos inunda. Son tantos los sembradores del terror. Que a veces nos quedamos sin aliento. Contin\u00faan adem\u00e1s creciendo las v\u00edctimas de desapariciones impuestas. <\/p>\n<p>Sea como fuere, hemos llegado a un punto, que resulta irrealizable enumerar al completo la extensa tonalidad de amenazas contra la vida humana. Bajo esta concepci\u00f3n existencial, hasta la misma convivencia social se deteriora profundamente. Nadie conoce a nadie y tampoco nadie considera a nadie. \u00bfHasta cu\u00e1ndo este clima de inhumanidad? Sin duda, ha llegado el momento de que las sociedades y los Estados de todo el planeta, fomenten ese esp\u00edritu de familia humana verdaderamente acogedora y solidaria. Ya est\u00e1 bien de tanta exclusi\u00f3n y rechazo a todo lo que no sea productivo. Desde luego, el repudio a cualquier existencia, por insignificante que pueda parecernos, es algo intolerable. <\/p>\n<p>Tras esta atm\u00f3sfera de irritantes desprop\u00f3sitos, deber\u00edamos revisar nuestras propias andanzas, y ver la manera de salir de esta dram\u00e1tica crisis humanitaria que soportamos por todo el orbe. Hoy m\u00e1s que nunca se necesitan planes de acci\u00f3n conjuntos que nos humanicen y mejoren la vida sobre toda vida. La cantinela de los bloqueos en algo tan natural, como el movimiento en bienes y personas, nos suelen dejar sin palabras, y con mucha angustia en la mirada. Puede parecer cansina esta reivindicaci\u00f3n, pero nos falta entusiasmo intergeneracional, sobre todo para promover la tolerancia, la cooperaci\u00f3n y el entendimiento para crear un entorno m\u00e1s habitable y m\u00e1s arm\u00f3nico. <\/p>\n<p>Dicho lo cual, propongo, claro est\u00e1 si me lo permite el lector, repensar m\u00e1s sobre las lecciones vividas, y ser menos fan\u00e1ticos de ideolog\u00edas que, en cualquier caso, son siempre r\u00edgidas y absolutistas. En la tierra lo que ahora nos falta son moradores conciliadores, que nos hagan retornar al camino de la humildad, al del coraz\u00f3n, a la ruta de la belleza del alma. Por el contrario,  nos sobran dirigentes pol\u00edticos que ni ellos mismos se creen lo que dicen, hasta el punto de hacer de lo blanco, negro; y de lo negro, blanco. Confiemos en una renovada hornada de ciudadanos de mundo, que vivan esos horizontes de amplitud, cobijando a todos. Me quedo, al fin, con la esperanza del Papa Francisco, al gent\u00edo universitario: \u201cCuidado con creer que la Universidad es s\u00f3lo estudiar con la cabeza: ser universitario significa tambi\u00e9n salir, salir en servicio, con los pobres sobre todo\u201d. Este anhelo s\u00ed que me emociona, aparte de inj\u00e9rtame de savia, como que es la existencia misma tratando de defenderse de tanto mezquino suelto, con poder en plaza y pedestal de ordeno y mando. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las lecciones de la vida.<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8358"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8358"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8358\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":27841,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8358\/revisions\/27841"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8358"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8358"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8358"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}