{"id":8283,"date":"2017-08-18T00:00:00","date_gmt":"2017-08-18T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/algo-mas-que-palabras-128"},"modified":"2024-02-22T21:12:23","modified_gmt":"2024-02-23T03:12:23","slug":"algo-mas-que-palabras-128","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/algo-mas-que-palabras-128","title":{"rendered":"Algo m\u00e1s que palabras"},"content":{"rendered":"<p>V\u00edctor Corcoba Herrero \/ Escritor<br \/>corcoba@telefonica.net<br \/>&nbsp; <br \/>\u201cEs hora de llamar al sosiego y de reafirmar y hacer cumplir los valores centrales de la Carta de las Naciones Unidas, que son los valores esenciales de nuestra civilizaci\u00f3n com\u00fan\u201d<\/p>\n<p>Vivimos tiempos repelentes, donde nadie escucha al coraz\u00f3n y el coraz\u00f3n es nuestra gnosis. Un verdadero tesoro que aniquilamos. Los efectos de esta frialdad son bien palpables. El mundo se mundializa, pero no se armoniza. La interdependencia de los caminantes se extiende a todos los campos, pero cada d\u00eda queremos levantar nuevos muros. En lugar de auxiliarnos, nos endiosamos, y los frutos ya est\u00e1n ah\u00ed. Lo acaba de advertir un grupo de expertos en derechos humanos de la ONU, tras las manifestaciones de extrema derecha y la violencia registrada en Charlottesville, Virginia: \u201cEl racismo y la xenofobia est\u00e1n en aumento en Estados Unidos\u201d. Sin duda, hay que controlar los actos y parar los discursos de odio, donde quiera que se produzcan. A mi juicio, urge en casi la totalidad del planeta, abordar el problema de las manifestaciones de incitaci\u00f3n a la violencia racial, con otras pol\u00edticas m\u00e1s de hermanamiento y consenso. Personalmente, confieso que me hab\u00eda ilusionado con el Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2015-2024), pues el lema de \u201creconocimiento, justicia y desarrollo\u201d, todo hac\u00eda presagiar la erradicaci\u00f3n de las injusticias sociales heredadas de la historia, pero est\u00e1 visto que los prejuicios y la discriminaci\u00f3n racial continua enraiz\u00e1ndose en la especie humana. Bajo este marco de intolerancia, lo primordial como ya se\u00f1al\u00e9 en algunos art\u00edculos anteriores, es cambiar el \u00e1nimo humano, retornarlo a lo po\u00e9tico, purificarlo de esos aires de dominio corrupto. De ah\u00ed, la importancia de ese factor espiritual, de esas constantes llamadas a la conversi\u00f3n personal de muchas creencias.<\/p>\n<p>En efecto, las religiosidades pueden ayudar mucho a eliminar cualquier resentimiento, pues si importante es depurar la memoria, para que se active la reconciliaci\u00f3n, desde una visi\u00f3n de la persona humana trascendente, no menos vital son esos caminos de encuentro del hombre mismo consigo mismo, a trav\u00e9s de su inherente m\u00edstica natural. Sea como fuere, no debemos formar parte de un mercado que nos monopoliza a su antojo, que nos insta a utilizarnos como mercanc\u00eda, que nos reclama para la lucha permanente. Olvidamos, con demasiada frecuencia, que  somos un linaje que ha de cohabitar unido en esa b\u00fasqueda de la verdad, dignific\u00e1ndonos unos a otros, para reconstruir esa alianza entre pueblos y poder salvaguardar esa belleza que nos vierte la creaci\u00f3n. En este sentido, como ha reiterado el Papa Francisco en sucesivas ocasiones, \u201clas religiones tienen una tarea educativa: ayudar al hombre a dar lo mejor de s\u00ed\u201d. Tambi\u00e9n la justicia, previo al reconocimiento de la realidad, ha de ser reparadora y, a la vez, reeducadora de valores como la tolerancia, la consideraci\u00f3n por los dem\u00e1s y el sometimiento, por parte de todos, a la diversidad. Ojal\u00e1, a pesar de los muchos tormentos, seamos capaces de promover esa cultura de di\u00e1logo, que impulsa lo equitativo y sostiene la libertad. Es hora, en consecuencia, de llamar al sosiego y de reafirmar y hacer cumplir los valores centrales de la Carta de las Naciones Unidas, que son los valores esenciales de nuestra civilizaci\u00f3n com\u00fan, a pesar de esta nebulosa de conflictos que estamos atravesando. <\/p>\n<p>Por tanto, pienso, que la educaci\u00f3n en los derechos humanos debe ser una dimensi\u00f3n fundamental en todos los programas educativos del mundo. Siempre hay que volver a las ra\u00edces del alma, para que surja el amor m\u00e1s n\u00edveo, y se empeque\u00f1ezca el odio. Tenemos que huir de este mundo, dominado casi siempre por los poderosos, que aprovecha cualquier ocasi\u00f3n para perjudicar a los dem\u00e1s, pues suelen confiarlo todo a la fuerza y a la violencia. Ya est\u00e1 bien de tanta deshumanizaci\u00f3n, de tanta conducta racista y xen\u00f3foba, que rechaza al m\u00e1s d\u00e9bil, ya sea extranjero, inv\u00e1lido o pobre. Nos falta esa mano tendida, esa conciencia por lo humano, para salir del completo fracaso moral de los prejuicios raciales y de las rivalidades \u00e9tnicas. Sin embargo, nos sobran comportamientos altaneros, que es lo que nos est\u00e1 impidiendo convivir. Hay que salir de la mundanidad del choque y del cheque, y reorientarnos hacia otra sabidur\u00eda m\u00e1s desprendida, y no tan prendida de intereses, si en verdad queremos reducir el calvario de las desigualdades. Por desgracia, existen informes aterradores de violaciones a los derechos humanos. Y por si fuera poco el dolor, UNICEF acaba de recordarnos que, el pa\u00eds africano, ocupa el \u00faltimo lugar en el \u00edndice de Desarrollo Humano, llam\u00e1ndonos a todos a no abandonar a los ni\u00f1os de la Rep\u00fablica Centroafricana. Seguro que cada cual, por insignificante que nos parezca, podemos hacer mucho m\u00e1s. Intent\u00e9moslo al menos. No hay otra manera de hacer familia, que practicando el aut\u00e9ntico amor. Qui\u00e9n lo prob\u00f3 lo sabe y, asimismo, conoce que la felicidad llega por esta v\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay que parar los discursos de odio<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":8284,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8283"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8283"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8283\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":27812,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8283\/revisions\/27812"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8284"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8283"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8283"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8283"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}