{"id":7424,"date":"2017-04-13T00:00:00","date_gmt":"2017-04-13T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/juegos-de-poder-15"},"modified":"2024-02-22T21:05:53","modified_gmt":"2024-02-23T03:05:53","slug":"juegos-de-poder-15","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/juegos-de-poder-15","title":{"rendered":"Juegos de poder"},"content":{"rendered":"<p><b>Homenaje a Sartori.<\/b><\/p>\n<p><b>Por: Leo Zuckermann.<\/b><\/p>\n<p><i>El italiano era implacable cuando alguien hac\u00eda una pregunta est\u00fapida.<\/i><\/p>\n<p>Ten\u00eda unos ojos muy expresivos. Cuando hablaba, gesticulaba y mov\u00eda su mano derecha. A menudo alzaba su ceja izquierda. Sol\u00eda calarse unos peque\u00f1os anteojos en el medio de su nariz. No era el t\u00edpico acad\u00e9mico inseguro. Por el contrario, derrochaba una gran confianza que, s\u00ed, pod\u00eda convertirse en arrogancia. Era carism\u00e1tico y coqueto con las mujeres, aunque siempre caballeroso. Los estudiantes europeos y latinoamericanos (en especial, \u201csus mexicanos\u201d, como nos dec\u00eda) lo ador\u00e1bamos: era la perfecta estampa del viejo profesor inteligente y cabr\u00f3n. Los estadunidenses, en cambio, le rehu\u00edan por considerarlo rudo y hasta ofensivo.<\/p>\n<p>Sartori era implacable cuando alguien hac\u00eda una pregunta est\u00fapida, utilizaba una falacia o abusaba del idioma. En una ocasi\u00f3n, reprendi\u00f3 a un estudiante estadunidense por utilizar un acr\u00f3nimo, como se hace con toda naturalidad en ese pa\u00eds. \u201cQuiz\u00e1 le responder\u00eda si supiera a qu\u00e9 se refiere usted con eso de IR\u201d, le dijo. El maestro claro que sab\u00eda, pero no dej\u00f3 pasar esa bola. El alumno, at\u00f3nito, le contest\u00f3 que todo mundo sab\u00eda que IR era \u201cinternational relations\u201d. A continuaci\u00f3n, el profesor le explic\u00f3 la importancia de hablar correcta y claramente en la academia. No por pedanter\u00eda. Al rev\u00e9s, Sartori estaba haciendo su trabajo de educaci\u00f3n pura y dura. Porque, m\u00e1s que llevarme los conceptos b\u00e1sicos de su teor\u00eda democr\u00e1tica en aquel seminario en la Universidad de Columbia, el \u00faltimo que dar\u00eda antes de jubilarse, lo que aprend\u00ed de mi maestro Sartori es la importancia de la l\u00f3gica y el lenguaje en el desarrollo de las ideas.<\/p>\n<p>Ten\u00eda un gran sentido de la iron\u00eda y el sarcasmo. Un d\u00eda nos pidi\u00f3 leer Un prefacio a la teor\u00eda democr\u00e1tica del polit\u00f3logo estadunidense Robert Dahl. \u201cEl d\u00eda que ustedes sean polit\u00f3logos de verdad, ese d\u00eda van a escribir un libro como \u00e9ste\u201d, dijo al comenzar la clase donde lo analizar\u00edamos. Acto seguido, se pas\u00f3 varios minutos explicando las enormes virtudes del ensayo de Dahl para terminar diciendo: \u201cL\u00e1stima que est\u00e9 completamente equivocado\u201d. Esper\u00f3 a que nos acab\u00e1ramos de re\u00edr para luego argumentar, con l\u00f3gica impecable y en su perfecto ingl\u00e9s, los defectos del ensayo en cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Le fascinaba el tema de la democracia. Desarroll\u00f3 una teor\u00eda que public\u00f3 en ingl\u00e9s en dos vol\u00famenes (The Theory of Democracy Revisited). No son nada f\u00e1ciles de leer. Sartori se pone del lado de los te\u00f3ricos elitistas de la democracia moderna que, seg\u00fan \u00e9l, s\u00ed tiene un adjetivo: liberal. He aqu\u00ed un r\u00e9gimen pol\u00edtico donde una mayor\u00eda elige a una minor\u00eda para que la gobierne. Quiz\u00e1, la mayor fortaleza de este libro es el intento de integrar las teor\u00edas descriptivas y prescriptivas en una sola: la de lo democr\u00e1ticamente posible.<\/p>\n<p>Pero el te\u00f3rico de la democracia era, tambi\u00e9n, un ferviente defensor de este sistema pol\u00edtico. De ah\u00ed que siempre estuviera pensando en las amenazas contempor\u00e1neas a la democracia liberal. Hacia al final de su carrera, escribi\u00f3 dos diatribas muy provocadoras: una contra la televisi\u00f3n y otra contra el multiculturalismo.<\/p>\n<p>En Homo videns: la sociedad teledirigida (1998), Sartori critica la vulgaridad del medio de comunicaci\u00f3n m\u00e1s importante en ese momento: la televisi\u00f3n. Si el homo sapiens era un ser caracterizado por la capacidad de pensar, de generar abstracciones, se estaba convirtiendo en un homo videns por culpa de la televisi\u00f3n: \u201cUna criatura que mira, pero que no piensa, que ve pero que no entiende\u201d. Y esto era una amenaza para la democracia liberal porque permitir\u00eda la elecci\u00f3n de bufones televisivos como miembros de esa minor\u00eda que ten\u00eda que ser ilustrada: la del gobierno. No es gratuito que Sartori haya aborrecido y criticado duramente a Silvio Berlusconi, primer ministro italiano que lleg\u00f3 al poder gracias a la banalizaci\u00f3n televisiva. El gran profesor ya no tuvo tiempo ni vida para analizar a Donald Trump porque\u2026<\/p>\n<p>El segundo ensayo es La sociedad multi\u00e9tnica (2001) donde rechaza a los defensores de la multicultura y la acci\u00f3n afirmativa acus\u00e1ndolos de liberales falsos que tienen el prop\u00f3sito de aniquilar el pluralismo y la tolerancia. Es, de nuevo, el Sartori provocador, pol\u00edticamente incorrecto, que le entra al debate pantanoso de la inmigraci\u00f3n, sobre todo la musulmana a Europa. Se trata de una defensa a las sociedades abiertas, no desde la aberrante derecha intolerante, sino desde los mejores valores de la democracia liberal. \u201c\u00bfHasta qu\u00e9 punto puede una sociedad pluralista acoger sin disolverse a enemigos culturales que la rechazan?\u201d Vieja y compleja pregunta de los defensores de la democracia liberal.<\/p>\n<p>Giovanni Sartori falleci\u00f3 a los 92 a\u00f1os de edad, el pasado 4 de abril. Vaya que lo vamos a extra\u00f1ar ahora que la democracia liberal est\u00e1 tan amenazada.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Homenaje a Sartori.<\/p>\n","protected":false},"author":1059,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7424"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1059"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7424"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7424\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":27480,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7424\/revisions\/27480"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7424"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7424"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7424"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}