{"id":54712,"date":"2017-06-23T00:00:00","date_gmt":"2017-06-23T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/carta-desde-el-exilio-14175"},"modified":"2017-06-23T00:00:00","modified_gmt":"2017-06-23T06:00:00","slug":"carta-desde-el-exilio-14175","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/yucatan\/carta-desde-el-exilio-14175","title":{"rendered":"Carta desde el exilio"},"content":{"rendered":"<p>Adolfo Calder\u00f3n Sabido<\/p>\n<p><b>Carta desde el exilio<\/b><\/p>\n<p>Habana Cuba 1915<\/p>\n<p>Estimado Enrique:  &nbsp; <\/p>\n<p>He de confesarte con nostalgia que extra\u00f1o la ciudad y que tengo miedo de no poder volver. Esta carta puede comprometernos o, lo que es peor, mostrar alg\u00fan signo de debilidad. Destr\u00fayela. <\/p>\n<p>No quiero adelantar detalles que puedan enturbiar mis planes. En un plazo muy corto te enviar\u00e9 otra, donde te explicar\u00e9 el primer paso de nuestra estrategia. <\/p>\n<p>Ya me enter\u00e9 de la escena dolorosa del destierro. El puerto abarrotado de familias huyendo de las garras de quienes intentan destruirnos; me dicen que, al momento de soltar los cabos, desde las entra\u00f1as del Sinaloa las se\u00f1oras con ojos enrojecidos miran al Puerto de Progreso desaparecer en la distancia mientras el barco se desliza hacia el exilio.<\/p>\n<p>En tanto escribo, no puedo dejar de sentir a\u00f1oranza, no puedo dejar de repasar los acontecimientos, \u00bfQue pudimos hacer diferente para no llegar a esto? Llego a la conclusi\u00f3n que nada. M\u00e9xico es un pa\u00eds centralista y los gobiernos de los Estados son tan fr\u00e1giles como una l\u00e1mpara de Baccarat.<\/p>\n<p>\u00bfTe acuerdas cuando los oportunistas de la fauna pol\u00edtica me juraban lealtades?<\/p>\n<p>Ahora s\u00e9, mi estimad\u00edsimo Enrique, que el halago es como un perfume que debe de olerse, pero no tragarse.<\/p>\n<p>\u00bfSabes de qu\u00e9 me acord\u00e9? De aquella tarde en mi hacienda. Recuerdo cada detalle. El jard\u00edn salpicado con setos de aves de para\u00edso, bugambilias y tulipanes; El jaguar de piedra echando por sus fauces un chorro de agua donde se refrescaba una docena de p\u00e1jaros. El espl\u00e9ndido d\u00eda, la mesa de madera de ciricote y hasta el mantel blanco con los cardenales bordados a punto de cruz. Las flores reci\u00e9n cortadas en los jarrones, la vajilla y las copas que trajimos de Europa. La servidumbre vertiendo el agua y el vino, las se\u00f1oras con vestidos elegantes. El obispo sentado a mi derecha. Todos est\u00e1bamos en armon\u00eda. Ese d\u00eda las circunstancias pol\u00edticas estaban por cambiar, lo sab\u00edamos. Nada podr\u00e1 arrancarnos el poder, dijiste. Nada podr\u00e1 derrocarnos, pens\u00e9, La soberbia es mala consejera, hoy tambi\u00e9n puedo entenderlo. Ojal\u00e1 podamos regresar al gobierno para no cometer los mismos errores.<\/p>\n<p>Reconozco que fui un iluso al creer que ser\u00eda suficiente con financiar al ej\u00e9rcito de Argumedo, que result\u00f3 un pelot\u00f3n de indios blandengues. Ya s\u00e9 que Salvador, el engendro de la patria mediocre, el \u00eddolo de gente ignorante, ha ganado la batalla en Halach\u00f3, que sus pandillas de soldados sedientos de sangre acribillaron a cuantos pudieron.<\/p>\n<p>Me cuentan de la fiesta en M\u00e9rida, de la griter\u00eda en nuestra Plaza Central cuando Salvador lleg\u00f3 entre aclamaciones salvajes y vivas a la revoluci\u00f3n. La muchedumbre agitada, indios ingratos que se postran ante los vencedores y que cambian de h\u00e9roe como una serpiente muda de piel. <\/p>\n<p>No son casuales los destrozos criminales en la Catedral: los carrancistas llegaron para destruir nuestras creencias. No sonaron las campanas, no hubo tiempo, lo s\u00e9 todo. La marcha y los discursos en contra del clero; que si la religi\u00f3n es el flagelo del pueblo; que hay que acabar con la casta divina como ahora nos dicen; que la peor lucha es la que no se hace. Puras blasfemias bolcheviques.<\/p>\n<p>Nada ni nadie impidi\u00f3 que destruyeran a nuestros santos; que la plebe embravecida arrastrara por las calles al Cristo de las Ampollas dejando marcas en la madera como una huella de su ate\u00edsmo. Ofensa a los yucatecos en todas sus formas. Me lo contaron todo; la escena de los soldados exaltados, henchidos, maldiciendo al cielo mientras encaramados en sus caballos entraban al templo dejando en las paredes la pestilencia a mierda y a sudor de soldado. \u00bfEngalanamos tanto la catedral para que terminara siendo la caballeriza de esos huaches?<\/p>\n<p>Es indignante este ataque artero, pero nada me duele m\u00e1s que la parsimonia de los meridanos timoratos. \u00bfC\u00f3mo pudieron permitir que un for\u00e1neo atentara contra Dios?<\/p>\n<p>Enrique, no olvides que la religi\u00f3n es nuestro gran cimiento; es urgente estar en constante comunicaci\u00f3n con el obispo para organizarnos, ahora que el enemigo est\u00e1 engre\u00eddo, tenemos que tomar algunas medidas. Recuerda que la intriga causa m\u00e1s bajas que las armas. Si no actuamos pronto, se afianzar\u00e1n en el poder. Todav\u00eda estamos a tiempo de enderezar las cosas, no podemos dar pasos en falso. Tenemos que estar unidos.  <\/p>\n<p>S\u00e9 tambi\u00e9n de las infamias. De la reuni\u00f3n de Alvarado con hacendados menores. \u00a1Ahora resulta que yo monopolizaba el henequ\u00e9n! \u00a1Que yo esclavizaba a los peones de las haciendas mediante las nohoch y las chich\u00e1n cuentas! \u00a1Que por mi culpa algunos hacendados tuvieron que hipotecar sus cosechas! Calumnias de quienes creen que es lo mismo dirigir un ej\u00e9rcito que administrar la riqueza. Qu\u00e9 r\u00e1pido olvidaron las obras que yo orden\u00e9 construir:  el hospital O&#8217;Hor\u00e1n en el que se da atenci\u00f3n m\u00e9dica a los peones, el Observatorio Meteorol\u00f3gico que nos anticipa los desastres de la naturaleza, las v\u00edas del ferrocarril por la que hoy se transportan miles de productos. Qu\u00e9 r\u00e1pido olvidaron qu\u00e9 gracias a m\u00ed, somos hoy el estado m\u00e1s rico del pa\u00eds. Qu\u00e9 no me vengan con cuentos. En Yucat\u00e1n, el que se muere de hambre, es por flojo.  <\/p>\n<p>No soy de los que olvidan las injurias. Pobres ilusos. Pronto se dar\u00e1n cuenta de que la democracia es una mujer que no es nada sin un hombre de mano firme. <\/p>\n<p>Las masas no necesitan libertad, las masas necesitan un padre que las gu\u00ede. <\/p>\n<p>Que Dios nos ilumine.<\/p>\n<p>Olegario Molina Sol\u00eds.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fragmento de novela in\u00e9dita sobre la vida de Salvador Alvarado en la que Olegario Molina figura como uno de sus personajes.<\/p>\n","protected":false},"author":1018,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[21],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54712"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1018"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=54712"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/54712\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=54712"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=54712"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=54712"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}