{"id":41700,"date":"2016-04-19T00:00:00","date_gmt":"2016-04-19T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/las-mujeres-jirafa-de-birmania-suenan-con-un-turismo-sin-cliches-585"},"modified":"2024-02-26T00:20:50","modified_gmt":"2024-02-26T06:20:50","slug":"las-mujeres-jirafa-de-birmania-suenan-con-un-turismo-sin-cliches-585","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/internacional\/las-mujeres-jirafa-de-birmania-suenan-con-un-turismo-sin-cliches-585","title":{"rendered":"Las &#8220;mujeres jirafa&#8221; de Birmania sue\u00f1an con un turismo sin clich\u00e9s"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<div>\n<div>\n<div>\n<p>Mu Par sue\u00f1a con el d\u00eda en que todas las &#8220;mujeres jirafa&#8221; regresen a sus tierras de Birmania para vivir de un turismo centrado en la artesan\u00eda y no en sus cuellos adornados con aros de bronce, signo de belleza en la tribu Kayan.<\/p>\n<p>Ella volvi\u00f3 hace unos meses al estado Kayah, conocido por las mujeres de estilizados cuellos alargados por argollas. Antes vivi\u00f3 14 a\u00f1os en la vecina Tailandia, donde se cans\u00f3 de posar con turistas.<\/p>\n<p>En su regi\u00f3n del nordeste de Birmania, estas mujeres esperan atraer a los visitantes interesados por las tradiciones.<\/p>\n<p>Mu Par dirige una de las caba\u00f1as dedicadas a la venta de mu\u00f1ecas de madera decoradas con pa\u00f1uelos y aros de bronce, una artesan\u00eda con la que prev\u00e9 sacar adelante a sus cuatro hijos de entre 4 y 15 a\u00f1os.<\/p>\n<p>&#8220;Por lo menos en Birmania mis hijos pueden ir al colegio. Y estoy feliz de vivir con mi familia&#8221;, explica esta mujer de 33 a\u00f1os a la AFP mientras un pu\u00f1ado de turistas le sacan fotos.<\/p>\n<p>Hasta hace poco Birmania era un pa\u00eds reservado para los viajeros m\u00e1s intr\u00e9pidos, pero la apertura promovida por la autodisoluci\u00f3n de la junta militar en 2011 ha cambiado las cosas.<\/p>\n<p>Ahora hay cada vez m\u00e1s turistas y los expertos del sector creen que todav\u00eda habr\u00e1 m\u00e1s con la llegada del gobierno civil liderado por la premio nobel Aung San Suu Kyi.<\/p>\n<p>Por de pronto ya pueden viajar al peque\u00f1o estado Kayah, una regi\u00f3n de colinas ricas en esmeraldas.<\/p>\n<p>&#8211; Autogesti\u00f3n &#8211;<\/p>\n<p>Mu Par y sus vecinos de las cinco aldeas de Panpet se han organizado para poner en marcha un mercado a la entrada del pueblo principal. Comparten lo que cobran por entrada (5.000 kyats, o sea cuatro euros por persona).<\/p>\n<p>&#8220;Si logramos atraer a muchos turistas, todas las muchachas Kayan de Tailandia volver\u00e1n&#8221;, asegura Mu Par.<\/p>\n<p>Para las mujeres Kayan, las argollas del cuello son un signo de belleza. A los cinco a\u00f1os se colocan las primeras y cuando son adultas llevan hasta 25, de un total de cinco kilos de peso, que comprimen sus hombros y clav\u00edculas.<\/p>\n<p>Cuenta la leyenda que las mujeres Kayan, tambi\u00e9n llamadas Padaung, adoptaron esta costumbre como protecci\u00f3n contra los tigres, que sol\u00edan atacar a sus presas en el cuello.<\/p>\n<p>Con la misma finalidad, los hombres acostumbraban a ponerse m\u00e1scaras con forma de cara en la parte de atr\u00e1s de la cabeza. Ya no lo hacen.<\/p>\n<p>Las mujeres tambi\u00e9n llevan menos aros. Algunas familias no tienen medios para comprarlos y muchas ni\u00f1as saben que constituyen un obst\u00e1culo para encontrar trabajo en las ciudades.<\/p>\n<p>&#8220;Cuando se les pide que posen para fotos da la impresi\u00f3n de estar en un zool\u00f3gico. En lugar de eso, la gente puede venir a comprar sus productos, como comida, objetos artesanales y souvenirs&#8221;, propone Phyoe Wai Yar Zar, al frente de un operador tur\u00edstico en Birmania.<\/p>\n<div><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div>\n<div>\n<div><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div><\/p>\n<\/div>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su regi\u00f3n del nordeste de Birmania, esperan atraer a los visitantes interesados por las tradiciones<\/p>\n","protected":false},"author":1018,"featured_media":120254,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[23],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41700"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1018"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41700"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41700\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/120254"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41700"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41700"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41700"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}