{"id":25344,"date":"2023-06-17T00:00:00","date_gmt":"2023-06-17T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/la-mejor-herencia-de-un-padre-para-sus-hijos"},"modified":"2024-02-23T15:39:42","modified_gmt":"2024-02-23T21:39:42","slug":"la-mejor-herencia-de-un-padre-para-sus-hijos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/la-mejor-herencia-de-un-padre-para-sus-hijos","title":{"rendered":"La mejor herencia de un padre para  sus hijos"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Marco Antonio Cortez Navarrete.<\/b><\/p>\n<p>Hab\u00eda una vez un joven cuyos padres, mam\u00e1 y pap\u00e1, viv\u00edan una relativa felicidad. El fue el segundo de 4 hijos y desde adolescente trabaj\u00f3 con su pap\u00e1 (mi abuelo) manejando de Valladolid a M\u00e9rida y viceversa, camiones cargados con decenas de toneladas de ma\u00edz para su distribuci\u00f3n y venta entre mayoristas. <\/p>\n<p>A sus escasos 15-16 a\u00f1os aquel joven cargaba en sus hombros sacos de ma\u00edz y de frijol con pesos de 100 kilos o mas, cada uno. Su padre \u2014ex jefe de polic\u00eda\u2014 era muy estricto, al menos con este hijo.<\/p>\n<p>En uno de los tantos amaneceres el llamado chilib (varilla delgada)  manejaba un cami\u00f3n repleto de sacos con ma\u00edz y a\u00fan somnoliento y en un instante perdi\u00f3 el control del volante y volc\u00f3, ocasionando que los sacos se rompieran y los millones de granos se regaran por todas partes. <\/p>\n<p>Ante el miedo a su pap\u00e1, el chilib  prefiri\u00f3 huir lo m\u00e1s lejos posible porque ya sab\u00eda lo que esperaba con su progenitor y as\u00ed comenz\u00f3 su aventura que lo llevar\u00eda a todos los rincones del pa\u00eds para finalmente establecerse en la Ciudad de M\u00e9xico y donde Dios le puso en su camino una mujer con la que decidi\u00f3 formar un hogar. <\/p>\n<p>El joven se hizo hombre y su mujer se convirti\u00f3 en madre de 5 hijos, uno de los cuales vivi\u00f3 apenas unos momentos. Sus dos hijos mayores crecieron y fue entonces que decidi\u00f3 regresar a su tierra, Yucat\u00e1n, donde se dedic\u00f3 al comercio, explotando as\u00ed sus habilidades naturales para esta actividad. <\/p>\n<p>Y as\u00ed creci\u00f3 a sus hijos, todos los d\u00edas, como buen comerciante, abr\u00eda las puertas de su negocio, desde luego y con el apoyo de su esposa tres de sus hijos hoy son profesionales \u2014con posgrados\u2014 y otro m\u00e1s se dedic\u00f3 a lo que fue su pasi\u00f3n de toda su vida. Como an\u00e9cdota, ya en su lecho de muerte aquel padre dijo al hijo mayor (el m\u00e1s loco y rebelde) que se dedicara al comercio ya que ten\u00eda todo establecido y s\u00f3lido. <\/p>\n<p>El hijo le dijo que ten\u00eda otra pasi\u00f3n y que para el moribundo padre parec\u00eda m\u00e1s bien una utop\u00eda pero el hijo lo convenci\u00f3 y termin\u00f3 haciendo lo que m\u00e1s le gustaba. <\/p>\n<p>El padre solo alcanz\u00f3 a decirle: \u201cLo que hagas hazlo con pasi\u00f3n y entrega, con disciplina, de manera educada y nunca permitas que te humillen, sea quien sea. Defiende tus ideales y tus convicciones, pero se siempre humilde.<\/p>\n<p>La mejor herencia que aquel padre le dio a su hijo fue aprender a trabajar, a dar todo de s\u00ed, a educar a sus hijos haci\u00e9ndolos mujeres y hombres dignos y a no dejarse vencer nunca ante la vida que pone en el camino innumerables obst\u00e1culos.<\/p>\n<p>Tenderle la mano al m\u00e1s rico y al m\u00e1s despose\u00eddo, comer y comportarse dignamente ante poderosos y ante marginados. Esa es la herencia que dej\u00f3 aquel padre que sufri\u00f3 en carne propia el abandon\u00f3, el hambre y la desolaci\u00f3n pero que tuvo un \u00c1ngel que lo gui\u00f3 y le mostr\u00f3 el camino agarrado de la mano de sus familia.<\/p>\n<p>Hoy descansa en paz y orgulloso de ver qu\u00e9 no tan solo se super\u00f3 en lo personal sino que form\u00f3 un hogar y sus hijos trascendieron como tal vez nunca imagin\u00f3.<\/p>\n<p>Gracias pap\u00e1.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Marco Antonio Cortez Navarrete.<\/p>\n","protected":false},"author":1124,"featured_media":39948,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25344"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1124"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25344"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25344\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":39947,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25344\/revisions\/39947"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/39948"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25344"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25344"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25344"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}