{"id":20926,"date":"2022-02-17T00:00:00","date_gmt":"2022-02-17T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/marineros"},"modified":"2024-02-23T11:57:11","modified_gmt":"2024-02-23T17:57:11","slug":"marineros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/marineros","title":{"rendered":"Marineros&#8230;"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Cristina Pad\u00edn.<\/b><\/p>\n<p>Nunca volvi\u00f3 Ram\u00f3n a tomar caf\u00e9, carajillo, en el bar del puerto. La \u00faltima vez que sali\u00f3 a la mar la mar se qued\u00f3 con su vida, y con sus sue\u00f1os, y con la vida y los sue\u00f1os de su familia y amigos. Desde ni\u00f1o ve\u00eda en una aldea peque\u00f1a, donde hab\u00eda barquitos rojos y verdes y azules, y tambi\u00e9n barcos grandes. Hijo y nieto de marinero fue de igual modo marinero, pero no pudo jubilarse, una ola traicionera acab\u00f3 con sus deseos de sacar en procesi\u00f3n a la Virgen cada julio. <\/p>\n<p>Treinta a\u00f1os despu\u00e9s de la p\u00e9rdida de Ram\u00f3n la aldea que ya era pueblo y segu\u00eda acariciando el mar dorm\u00eda de nuevo noches inquietas. Una nueva desgracia agarrotaba corazones y almas. Porque detr\u00e1s de cada tragedia entre la sal hay una Nochebuena que jam\u00e0s ser\u00e1 la misma, una infancia que no crecer\u00e1 como ten\u00eda que crecer, una mirada donde la luz se apague por la tristeza, una esperanza en combate con la desesperanza. Faltaba otro Ram\u00f3n, otro hombre del mar, y en las aguas flotaban rosas. Besos y rezos para la Reina de los Mares.<\/p>\n<p>Galicia<br \/>A cada persona del mar<br \/>A mi Luis<br \/>A la Virgen del Carmen<br \/>A Albriux<br \/>He llamado Ram\u00f3n a los dos personajes de este cuento por mi primo y mi t\u00edo, Ram\u00f3n y Ram\u00f3n, tristemente fallecidos en diciembre y febrero<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Cristina Pad\u00edn.<\/p>\n","protected":false},"author":1025,"featured_media":35820,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20926"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1025"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20926"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20926\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":35819,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20926\/revisions\/35819"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/35820"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20926"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=20926"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=20926"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}