{"id":20764,"date":"2022-02-01T00:00:00","date_gmt":"2022-02-01T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/resiliencia-social-2"},"modified":"2024-02-23T11:49:51","modified_gmt":"2024-02-23T17:49:51","slug":"resiliencia-social-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/resiliencia-social-2","title":{"rendered":"Resiliencia social"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Jorge Valladares S\u00e1nchez.*<\/b><\/p>\n<p><b>En Facebook y en Youtube:&nbsp;Dr. Jorge Valladares.<\/b><\/p>\n<p><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<blockquote><p><b><i>Bartola 22.0<\/i><\/b><\/p><\/blockquote>\n<p>\u00bfQu\u00e9 fue lo m\u00e1s barato que hayas comprado con \u201ctu dinero\u201d cuando eras ni\u00f1o? \u00bfRecuerdas? En mi caso eran una especie de popotes sellados, rellenos de az\u00facar de colores, largos, laaargos. Me daban 2 por 5 centavos, cuanto iniciaba la primaria. Jam\u00e1s pude terminar los dos; no es que fuera tanto el contenido real, sino la complicaci\u00f3n de extraer el total del polvito del empaque. Pas\u00f3 m\u00e1s de un a\u00f1o para que ya s\u00f3lo pudiera tener 1 por la misma moneda; pens\u00e9 que el se\u00f1or de la tienda al fin lo hab\u00eda notado; ni idea de lo que era la inflaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La moneda de 5 centavos fue la de menor denominaci\u00f3n que us\u00e9. Y aunque realmente fueron \u00e9pocas duras y no contaba con recursos, no era dif\u00edcil obtener alguna de un cambio, sobrante o hasta tener la suerte de encontrar una en el suelo. Orgullosa y llamativa, en la imagen esa dama que luego aprend\u00ed a llamar La Corregidora.<\/p>\n<p>Dif\u00edcil entender cuando mi mam\u00e1 nos cuenta que, a la misma edad, all\u00e1 por 1945 (calculo, pues ella no confiesa) con un billete del mismo monto invitaba el desayuno a varias amigas en la escuela, consistente en panuchos y dem\u00e1s delicias. Imaginar un billete de 5 centavos y que alcanzara para tanto\u2026 No, pues no. Pero le creo, claro. Y por si ustedes no, s\u00edganme la letra: \u201cMira Bartola, ah\u00ed te dejo esos dos pesos, pagas\u2026\u201d.<\/p>\n<p>No se r\u00edan, no voy a hacer una catarsis de mi avanzada edad, ni a lamentar la crisis econ\u00f3mica y dem\u00e1s. Pero cr\u00e9anme, mi madre compraba panuchos, muchos, yo 2 dulces, y ahora\u2026 \u00bfQu\u00e9 pueden comprar nuestros hijos por\u2026 digamos 1 \u00f3 2 pesos? Tal vez nada que les interese, y tenemos que ir pensando en $5.00. Esa unidad m\u00ednima de compra se ha incrementado 100 veces m\u00e1s; pero, qu\u00e9 creen \u00bfrecuerdan los nuevos pesos de 1992? Sea que s\u00ed o no, el caso es que a partir de ese a\u00f1o y por la inflaci\u00f3n, que a ese entonces ya entend\u00eda m\u00e1s o menos, 1,000 pesos de antes, pasaron a ser 1 nuevo peso (N$1.00 M.N.).<\/p>\n<p>O sea que de los 5 centavos de mi mam\u00e1 a los 5 pesos de hoy\u2026 una distancia de 100,000 en el poder adquisitivo; en 75 a\u00f1os. No tengo saber preciso en la ciencia econ\u00f3mica, as\u00ed que esto es s\u00f3lo una reflexi\u00f3n. Voy al punto psicosocial de la enorme resistencia que tenemos al contemplar el acceso a bienes como algo que se incrementa por factores ajenos a nosotros o al menos fuera de nuestro control.<\/p>\n<p>Pasaron muchos a\u00f1os para que yo pudiera viajar en avi\u00f3n; les digo, la cosa estaba complicada. Pero mi mam\u00e1 s\u00ed tuvo esa oportunidad un par de veces en una buena racha que tuvo. Era emocionante verla llegar y preparar el terreno para ser quien se pudiera quedar con los trastecitos de la comida que recibi\u00f3 en el avi\u00f3n, y en el colmo de la suerte, la almohadita que sin problemas se trajo, incluso sin usarla en la traves\u00eda. Le creo, por los trastecitos, pero sonaba a leyenda, que en clase turista le daban desayuno o almuerzo completo y otras historias de cosas maravillosas que pasaban en el avi\u00f3n, que me hac\u00edan entender que yo no pudiera acceder a tanto lujo, por no tener para pagar un vuelo, que inclu\u00eda tantos valores agregados.<\/p>\n<p>Ya para cuando obtuve, cinco lustros despu\u00e9s, una beca que cubr\u00eda vuelo, varias de esas maravillas no ocurrieron, y empec\u00e9 a creer que mi madre era tan feliz viajando que a\u00f1ad\u00eda cosas imposibles a su relato. Una d\u00e9cada m\u00e1s tarde, ya como profesional capaz de viajar con alguna frecuencia, recuper\u00e9 mi confianza en mam\u00e1 al ver el deterioro r\u00e1pido del servicio que las aerol\u00edneas brindaban y c\u00f3mo lo que antes era normal se iba convirtiendo en excepci\u00f3n para ganar clientela y luego volv\u00eda a desaparecer.<\/p>\n<p>No existe en el mercado bolsa de cacahuates con las quince piezas que toscamente recibes en los vuelos de hoy, y eso si es vuelo considerado diurno. Cada vez menos personal, menos diligencia y modos en el trato, m\u00e1s reglas en contra del cliente y a favor de bajar los costos para la aerol\u00ednea. \u201cMe da cosa\u201d, como dir\u00eda el doctor Chapat\u00edn, cada vez que veo a los\/as sobrecargos reuniendo y cuidando los vasitos usados durante el vuelo.<\/p>\n<p>Recientemente comparti\u00f3 mi estimado Oswaldo Chac\u00f3n un art\u00edculo de Paco Cerd\u00e1, cuya reflexi\u00f3n le puso m\u00e1s enfoque a este malestar flotante que creo compartir con muchos padres y ciudadanos de nuestro M\u00e9xico, y probablemente de varios otros pa\u00edses. Ese consuelo generado desde la idea de estar en la lucha, mantenerse en la lucha y ser declarado (por s\u00ed o por otro) victorioso por no haber ca\u00eddo a pesar de tantos embates e incluso la certeza de que ese es el predecible destino y temible sentido de la vida.<\/p>\n<p>Cuando a principios del milenio se populariz\u00f3 el concepto de resiliencia estuve unos meses con cierta zozobra; ten\u00eda la sensaci\u00f3n que sobre su significado original (adaptaci\u00f3n a un agente perturbador o situaci\u00f3n adverso) se empezaba a construir un poema explotable para sustituir a los recursos de la seguridad personal, los aprendizajes adaptativos y el eficiente aprovechamiento de oportunidades. Y as\u00ed fue, como bien resume Cerd\u00e1, bajo ese cobijo la virtud ya pas\u00f3 de aguantar el mal, al adaptarse a \u00e9l.<\/p>\n<p>Esa tentadora idea de que el sufrir demuestra nuestro temple, y que entre m\u00e1s hayamos sufrido, m\u00e1s humanidad o calidad reflejamos, comparativamente. Confirmo con alarma frases de grandes personas, que abonan en este sentido. Pero no les har\u00e9 publicidad. Independientemente de no tener las creencias espirituales de la mayor\u00eda, no cabe en mi l\u00f3gica la idea de tener que sufrir para ganarse un bien mayor, el para\u00edso, el cielo, Valhalla o reencarnaci\u00f3n en un ser superior. Hasta all\u00ed.<\/p>\n<p>Ribault pone a la vista que el Estado tiene en el discurso de la resiliencia una f\u00e1brica del consentimiento. Tan efectivo que los\/as damnificadas ya no se pregunten por la causa del dolor, exaltados\/as por manejarlo con buena actitud, y con ello tampoco se ocupen de removerla. Superar la crisis, sobrellevar la corrupci\u00f3n, ajustarse al costo de la vida y sobrevivir a la pandemia, sin erradicar lo que genera cada uno de estos grandes y crecientes males.<\/p>\n<p>El caso y punto es que sobre la aceptaci\u00f3n de estas ideas se han desarrollado mucho de los errores y abusos que social y familiarmente afrontamos, provenientes de quienes nos gobiernan y de quienes tienen mayor control sobre los costos de los insumos del vivir. Y comento esto en el \u00e1nimo de invitarte a conversar sobre ejemplos de situaciones que hemos dejado correr, como si no tuvi\u00e9ramos control alguno sobre ello; lamentando s\u00ed, desahogando de vez en cuando, pero asumiendo que el costo y dificultad de la vida sube y la calidad y disfrute de lo que pagamos baja irremediablemente.<\/p>\n<p>\u00bfRealmente no podemos hacer nada, como pueblo, sociedad, gente, ciudadan\u00eda, familias, comunidad o individuos frente a los millones y millones que sabemos se desperdician por la incompetencia, descuido y corrupci\u00f3n del gobierno en sus diferentes \u00e1mbitos y \u00e9pocas? \u00a1Claro que podemos! Pero es m\u00e1s frecuente o com\u00fan que a la hora de las campa\u00f1as, elecciones y ver actuar p\u00fablicamente a los\/as autores de esos errores y abusos sigamos su discurso o juego y dejemos la atenci\u00f3n en los conflictos y distracciones que entre ellos\/as generan, asumiendo luego el costo de haber elegido mal o la actitud de resistir el interminable desfile de pol\u00edticos que no saben hacer pol\u00edtica y no administran, ni gobiernan, ni representan a sus electores.<\/p>\n<p>\u00bfSomos s\u00f3lo observadores del incremento de precios y la reducci\u00f3n de calidad y cantidad en los servicios y productos que a\u00fan podemos pagar con los recursos que obtenemos de nuestro trabajo? Por supuesto que no. Existen contados, pero efectivos ejemplos de c\u00f3mo la respuesta de los consumidores es capaz de movilizar a proveedores y marcas cuando es oportuna y contundente. Lo m\u00e1s com\u00fan es que en lo individual haya manifestaciones frente a un mal servicio o devoluciones frente a un mal producto, pero podemos hacer mucho m\u00e1s si coincidimos en momento y forma de exigir que lo pagado sea retribuido como la publicidad nos hizo creer que ser\u00eda.<\/p>\n<p>He elegido en este a\u00f1o escribir sobre temas que realmente puedan tener impacto en la gente, en vez de ir siguiendo las distracciones y tem\u00e1tica distractora de los pol\u00edticos perennes. Creo que este es otro gran sector de lo que podemos conversar para fortalecernos como ciudadan\u00eda y proveer mejores satisfactores y calidad de vida a nuestras familias. Me gustar\u00eda saber qu\u00e9 aspectos del consumo y proveedores consideras que podemos hacer que funcionen mejor en nuestro estado y pa\u00eds, con acciones simples y contundentes, que podamos convocar a que sucedan.<\/p>\n<p>Inicio con un ejemplo. Las bolsas del s\u00faper. S\u00ed, las bolsas del s\u00faper. Mi ni\u00f1ez trascurri\u00f3 con una bolsa de mercado, servilleteros para las tortillas y viendo a gente m\u00e1s pudiente con carritos donde con mayor facilidad podr\u00edan conducir sus mercanc\u00edas. Pero si no llevabas nada de eso, a nadie se le ocurr\u00eda discutir que el supermercado, incluso la Conasupo, deb\u00eda contar con bolsas para empacar tu compra. Ya hab\u00eda el servicio que brindaban los \u201cCerillitos\u201d, como se les dec\u00eda desde entonces a los ni\u00f1os empacadores, natural aspiraci\u00f3n de quienes necesit\u00e1bamos dinero que en casa no pod\u00edamos recibir.<\/p>\n<p>Abreviando, me toc\u00f3 presenciar una ligera y breve atenci\u00f3n a ese gremio. Primero para mejorar la calidad, atractivo y variedad de las bolsas (haciendo m\u00e1s competitivo al s\u00faper), segundo d\u00e1ndoles uniforme o anunciando que se tomaban algunas medidas de protecci\u00f3n o cuidado por ser menores de edad, y tercero entre la primera y segunda generaci\u00f3n de derechos humanos la paulatina desaparici\u00f3n de ellos o su sustituci\u00f3n por personas de edad avanzada (hacia la que ya avanzo) cuando se le identifico como un trabajo, que como tal est\u00e1 prohibido para los menores.<\/p>\n<p>Los adultos mayores hicieron su aparici\u00f3n cuasi triunfal al final de las caja; pero su paso fue m\u00e1s acelerado, desde la marca que presum\u00eda que estaba empleando a gente d\u00e1ndoles esta \u201csegunda oportunidad\u201d, hasta vestirlos con el uniforme que anunciaba marcas o lo \u201ca gusto\u201d que se sent\u00edan con tener chamba. Eso, chamba, porque ni\u00f1os o adultos, el pago eran las propinas y nada m\u00e1s, que antes y ahora dependen de la disposici\u00f3n de quien compra la mercanc\u00eda y s\u00f3lo en m\u00ednima medida de la calidad del servicio y la diligencia con que realicen su labor, tan necesaria.<\/p>\n<p>Las bolsas aguantaron varias \u201ctemporadas\u201d que es como se mide la vida ahora. Pero un d\u00eda, en nombre de la ecolog\u00eda, se inici\u00f3 la avanzada que anunci\u00f3 su desaparici\u00f3n y el regreso espectacular (y venta) de las iniciales bolsas de mandado o su triste remedo, las bolsas reusables, que a mano siempre est\u00e1n como los chocolates y papitas en el \u00e1rea de cajas. Tiene sentido, no digo que no. Pero jam\u00e1s se consolid\u00f3 ni la pol\u00edtica p\u00fablica ni la estrategia de empresas socialmente responsables que eliminaran totalmente los pl\u00e1sticos, y menos que hallaran una soluci\u00f3n mejor.<\/p>\n<p>As\u00ed que veo, en la rueca de los tiempos, el retorno de las siempre bien queridas por la mayor\u00eda, bolsas de pl\u00e1stico. En menos tama\u00f1os, un par por lo regular, pero la novedad es que, \u00a1adivinen!&#8230; \u00a1ahora se venden! \u00a1S\u00ed! Algunos s\u00faper en la despectiva voz de m\u00e1s de uno de sus cajeros\/as te recuerdan, si pides, que NO dan bolsas; pero puedes comprar una reusable (que no volver\u00e1s a usar) por 10 \u00f3 m\u00e1s pesos, o comprar una de las de pl\u00e1stico, las de siempre, por menos pesos.<\/p>\n<p>Por aqu\u00ed va el tema, estimados amigos\/as; cuento con su comentario y retroalimentaci\u00f3n para entrar a detalles sobre acciones que podemos orquestar. Por lo pronto le aviso a los Oxxo que visito en M\u00e9rida que si empiezan a hacer lo que en otras latitudes hacen, de ofrecerte la misma bolsa gratuita pero por un peso registrable, como todo, van a saber m\u00e1s de m\u00ed, je. Y a mi, a\u00fan, querido Chedraui, que si deja de tener la hoy excepcional atenci\u00f3n de tener bolsas en sus cajas para m\u00ed, conocer\u00e1 la infidelidad que por a\u00f1os ha cre\u00eddo que de m\u00ed no recibir\u00eda.<\/p>\n<p>No hay mal que dure 100 a\u00f1os, m\u00e1s temprano que tarde migra a su versi\u00f3n 2.0, 2.1, 3.0, etc\u2026 Pero si hay una poblaci\u00f3n que los aguanta, orgullosa de su resiliencia. Aunque el pol\u00edtico y propietario abusan, hasta que ciudadanos y consumidores se organizan.<\/p>\n<p><small>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/small><br \/><b><small>*Jorge Valladares S\u00e1nchez<\/small><\/b><br \/><small>Pap\u00e1, Ciudadano, Consultor.<\/small><br \/><small>Especialista, Maestro y Licenciado en Psicolog\u00eda<\/small><br \/><small>Doctor en Ciencias Sociales.<\/small><br \/><small>Doctor en Derechos Humanos.<\/small><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bartola 22.0<\/p>\n","protected":false},"author":1112,"featured_media":35678,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20764"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1112"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20764"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20764\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":35677,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20764\/revisions\/35677"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/35678"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20764"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=20764"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=20764"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}