{"id":20232,"date":"2021-11-30T00:00:00","date_gmt":"2021-11-30T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/la-leyenda-del-santo-bebedor"},"modified":"2024-02-23T11:22:09","modified_gmt":"2024-02-23T17:22:09","slug":"la-leyenda-del-santo-bebedor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/la-leyenda-del-santo-bebedor","title":{"rendered":"La leyenda del santo bebedor"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: A\u00edda Mar\u00eda L\u00f3pez Sosa.&nbsp;<\/b><\/p>\n<\/p>\n<p><i><\/i><\/p>\n<blockquote><p><i>\u201c<\/i><i>Todo<br \/>\nhombre que se respete a si mismo deber\u00eda de emborracharse tal y como dicta la<br \/>\nvieja costumbre: a la menor provocaci\u00f3n, y de preferencia en cualquier<br \/>\nceremonia p\u00fablica\u201d.<b> <\/b><\/i><b>Mark Twain<\/b><\/p><\/blockquote>\n<p><b><\/b><i><\/i><\/p>\n<p>Los libros guardan caminos m\u00e1gicos para<br \/>\nllegar al lector. No abundar\u00e9 c\u00f3mo lleg\u00f3 a m\u00ed \u201cLa leyenda del Santo Bebedor\u201d<br \/>\n(1939) de un escritor por dem\u00e1s prol\u00edfico e imprescindible para conocer una<br \/>\n\u00e9poca cuando \u201c<i>futbolistas y boxeadores<br \/>\neran la \u00e9lite\u201d<\/i>(mofa), sus costumbres, las guerras que se libraban y que<br \/>\nmarcar\u00edan la historia de nuestro tiempo. Joseph Roth (1894-1939) calificado por<br \/>\nsus bi\u00f3grafos como manirroto, codicioso, disoluto, informal, pobre y bebedor,<br \/>\ncre\u00f3 su leyenda que plasm\u00f3 de manera autobiogr\u00e1fica en su \u00faltima <i>nouvelle,<\/i> como si fuera su testamento.<br \/>\nEn ella se burla con iron\u00eda de s\u00ed mismo con un sabor dulce-amargo como la<br \/>\nabsenta que corr\u00eda por su sangre y con la que vivi\u00f3 hasta sus cuarenta y cuatro<br \/>\na\u00f1os.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p>Hijo de jud\u00edos nacido en Galitzia -regi\u00f3n<br \/>\nanexa al Imperio Austroh\u00fangaro- vivi\u00f3 bajo el estigma de su raza. Se alist\u00f3 en<br \/>\nel ej\u00e9rcito austriaco durante la Primera Guerra Mundial y a la ca\u00edda del<br \/>\nImperio se exili\u00f3 abandonado sus estudios de filosof\u00eda y literatura, dedic\u00e1ndose<br \/>\nal periodismo. Destac\u00f3 como cronista en Polonia, Italia, Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, entre<br \/>\notros pa\u00edses. Fiel a su ideolog\u00eda de que la literatura es la sinceridad y la<br \/>\n\u00fanica expresi\u00f3n verdadera de la vida, encontramos en sus textos la vida aciaga,<br \/>\ndesventurada y alejada de sus ra\u00edces que marcaron su sentimiento de p\u00e9rdida de<br \/>\nla patria.  <\/p>\n<p>Quiz\u00e1 el lector se formule la misma<br \/>\npregunta que yo, \u00bfpueden haber santos bebedores? La palabra \u201cSanto\u201d en el<br \/>\nt\u00edtulo de la novela es ir\u00f3nica como se puede constatar a medida que avanza la<br \/>\nlectura. Escrita de manera sencilla, libre de recursos literarios, sin<br \/>\natmosferas ni paisajes y uno que otro viso de la \u00e9poca en la que se sit\u00faa la<br \/>\nnarraci\u00f3n, el \u201cSanto Bebedor\u201d es un <i>clochard,<br \/>\n<\/i>un vagabundo que vive debajo de los muelles del r\u00edo Sena cobij\u00e1ndose con<br \/>\nperi\u00f3dicos, esto despu\u00e9s de estar dos a\u00f1os en la c\u00e1rcel por asesinar a un<br \/>\nhombre. Sin entrar en detalles Roth nos presenta al astroso protagonista<br \/>\nAndreas Kartak y con quienes va interactuando hasta su deceso. Calles, bebidas,<br \/>\nantros, hoteles, bistr\u00f3s, sin faltar las iglesias, son algunos de los sitios<br \/>\nque frecuenta este hombre sin oficio ni beneficio, pero a quien le sonr\u00ede la<br \/>\nDiosa Fortuna. <\/p>\n<p>Historia de azar y destino es la de<br \/>\nAndreas. Siendo \u201cSanto\u201d no es quien realiza los milagros como se esperar\u00eda,<br \/>\nsino quien los recibe. La primera esperanza rumbo a la reivindicaci\u00f3n es cuando<br \/>\nuna tarde de primavera un hombre maduro, bien trajeado, recientemente convertido<br \/>\nal cristianismo, con la misi\u00f3n de ayudar a la regeneraci\u00f3n de los indigentes,<br \/>\nle ofrece doscientos francos con la promesa de devolverlo en la iglesia de <i>Sainte Marie des Batignolles <\/i>donde se<br \/>\nencuentra santa Teresa de Lisieux -Santa Teresita de Jes\u00fas-, quien lo<br \/>\ntransform\u00f3 despu\u00e9s de leer su historia. &nbsp;<\/p>\n<p>El camino al infierno est\u00e1 lleno de buenas<br \/>\nintenciones y es precisamente lo que le sucede al \u201cSanto Bebedor\u201d, quien en<br \/>\nvarias ocasiones intenta devolver el dinero, ya que \u00e9l se califica como un<br \/>\nhombre de honor, pero \u201cel Diablo Verde\u201d o sea, la absenta, lo aparta del camino<br \/>\ny lo hace perder el dinero para saldar su deuda una y otra vez. Pero no es solo<br \/>\nla sant\u00edsima bebida trinitaria de ajenjo, hinojo y an\u00eds que lo aparta del<br \/>\ncamino del bien: la mujer por quien asesin\u00f3, una prostituta que se hace pasar por<br \/>\nbailarina de un casino de Cannes, un amigo tr\u00e1cala del antiguo trabajo, son<br \/>\nalgunos de los personajes que distraen la buena voluntad del nefelibata.  <\/p>\n<p>En el bar ruso-armenio TariBari, ubicado en<br \/>\nla <i>rue des Quatre Vents, <\/i>Andreas<br \/>\ncelebra su cumplea\u00f1os con un caf\u00e9 <i>arros\u00e9<br \/>\nrhum <\/i>\u2013con piquete, dir\u00edamos-<i> <\/i>y<br \/>\nuna rebanada de pan con mantequilla, fecha azarosa derivada de recordar el d\u00eda<br \/>\nde su nacimiento en jueves y de comprar un peri\u00f3dico fechado en jueves, coincidencia<br \/>\nsuficiente para festejar y donde los milagros econ\u00f3micos surgir\u00e1n al calor del<br \/>\nron y la absenta tan codiciada por los artistas parisinos de principios del<br \/>\nsiglo XX, como los pintores Picasso, Degas y Manet.<\/p>\n<p>El <i>clochard<\/i><br \/>\ndescribe a los personajes con sorna. El hombre que le ofrece trabajo: <i>\u201cTen\u00eda los ojos brillantes, un rostro infantil,<br \/>\nrosado, y justo en el centro un bigote negro\u2026gordo\u201d<\/i> y la esposa de este<br \/>\nquien permanec\u00eda de pie, vestida de abrigo, guantes, sombrero, bolso y paraguas<br \/>\n<i>\u201ca pesar de que hubiera debido saber que<br \/>\ntodav\u00eda permanecer\u00eda en aquella casa todo el d\u00eda y la noche e incluso el d\u00eda<br \/>\nsiguiente\u201d. \u201cDe tiempo en tiempo la mujer se ve\u00eda obligada a pintarse los<br \/>\nlabios: Andreas lo comprend\u00eda muy bien, pues al fin y al cabo se trataba de una<br \/>\ndama \u201c. <\/i><\/p>\n<p>En la sucesi\u00f3n de hechos encadenados y azarosos,<br \/>\nAndreas asisti\u00f3 al cine, a tabernas en Montmartre con colegas del vino en las<br \/>\nalegres noches parisinas que <i>\u201cse<br \/>\ndesplegaban<\/i> <i>como un desierto sin<br \/>\npuntos de referencia\u201d<\/i>, bistr\u00f3s burgueses, recuerdos de mejores tiempos de<br \/>\ncuando lleg\u00f3 de Olschowice de la Silesia polaca a Francia para trabajar en las<br \/>\nminas de Quebecque y donde perpetr\u00f3 el asesinato del esposo de Caroline, de<br \/>\nquien se enamor\u00f3 cuando estaba <i>lozana y<br \/>\napetecible\u201d, <\/i>aunque a la luz del d\u00eda y la sobriedad, a la postre la<br \/>\ndescubriera envejecida, p\u00e1lida, hinchada, <i>\u201cdurmiendo<br \/>\nel sue\u00f1o de las mujeres que envejecen\u201d. <\/i><\/p>\n<p>Kartak es un ser que se desconoce al mirarse<br \/>\nen el espejo de un restaurante por primera vez despu\u00e9s de varios a\u00f1os, no recuerda<br \/>\nsu fecha de nacimiento ni su apellido hasta que encuentra el permiso caduco que<br \/>\nlo llev\u00f3 a Francia, momento que concientiza que es ilegal y puede ser expulsado<br \/>\nde Par\u00eds, sin embargo, ya cree en los milagros y en la suerte que lo ha cobijando<br \/>\ndesde que recibi\u00f3 los primeros doscientos francos, <i>\u201c\u2026era un milagro, y dentro del milagro no hay nada extra\u00f1o\u201d. <\/i>&nbsp;<\/p>\n<p>Bien dijo Roth que la orfandad te da la<br \/>\noportunidad de crear al progenitor y as\u00ed lo hizo. Con la mitoman\u00eda que lo<br \/>\ncaracterizaba cont\u00f3 diversas versiones de su padre, -por el apellido Roth<br \/>\n(rojo) se deduce que contaba con recursos para pagar por el apellido de un color,<br \/>\nya que los jud\u00edos llevaban el del lugar de su nacimiento-, quien los abandon\u00f3 a<br \/>\nsu madre y a \u00e9l antes de cumplir los dos a\u00f1os de edad. En La leyenda del Santo<br \/>\nBebedor el protagonista tiene un sue\u00f1o donde se manifiesta \u00e9l mismo como el<br \/>\npadre: <i>\u201cPor qu\u00e9 no fuiste a verme el<br \/>\ndomingo pasado\u201d y la peque\u00f1a santa ofrec\u00eda el mismo aspecto que, muchos a\u00f1os<br \/>\natr\u00e1s, se hab\u00eda imaginado \u00e9l para su propia hija. \u00a1Y  eso que no ten\u00eda ninguna hija! En ese sue\u00f1o<br \/>\nle contest\u00f3 a Teresita: \u00bfC\u00f3mo te atreves a hablarme as\u00ed?  \u00bfHas<br \/>\nolvidado que soy tu padre?<\/i><\/p>\n<p>Si bien la <i>nouvelle<\/i> refiere las acciones de un alcoh\u00f3lico a quien doscientos<br \/>\nfrancos le devuelven el \u00e1nimo, la dignidad y el deseo de ba\u00f1arse para volver a<br \/>\ndisfrutar de la vida entre hoteles, bistr\u00f3s y tabernas en compa\u00f1\u00eda de mujeres y<br \/>\namigos, adem\u00e1s de desencadenar una sucesi\u00f3n de milagros que va normalizando <i>\u201cporque no hay nada a los que m\u00e1s f\u00e1cilmente<br \/>\nse acostumbra una persona que a los milagros, cuando los ha conocido una, dos o<br \/>\ntres veces\u201d<\/i>, la vida de Roth en similares circunstancias no tuvo el<br \/>\ndesenlace feliz de su protagonista. <\/p>\n<p>Los \u00faltimos a\u00f1os los vivi\u00f3 en hoteles,<br \/>\nalcoholizado, enfermo y l\u00facido, despu\u00e9s de que su esposa fue internada por<br \/>\nesquizofrenia. A partir de las seis de la tarde una mesa del caf\u00e9 Tournon en el<br \/>\nBarrio Latino era lugar de recepci\u00f3n de colegas, amigos y seguidores en tres<br \/>\nturnos hasta el amanecer. En esa misma mesa escribi\u00f3 &nbsp;\u201cLa leyenda del Santo Bebedor\u201d, prof\u00e9tica,<br \/>\npublicada unos meses despu\u00e9s de su muerte. En esa misma mesa comenz\u00f3 su tr\u00e1gico<br \/>\ndesenlace al enterarse del suicidio de su amigo el poeta jud\u00edo Ernst Toller el<br \/>\n22 de mayo de 1939 en un hotel de Nueva York. Joseph Roth se colaps\u00f3, fue<br \/>\ninternado en un hospital p\u00fablico, los m\u00e9dicos al ignorar su condici\u00f3n<br \/>\nalcoh\u00f3lica, le provocaron <i>Delirium<br \/>\nTr\u00e9mens <\/i>que cinco d\u00edas despu\u00e9s lo condujo a la muerte.<\/p>\n<p>En esa simbiosis macabra entre la \u00faltima<br \/>\nobra del autor y su muerte, bien podr\u00eda ser el deceso de Roth el ep\u00edlogo del<br \/>\n\u201cSanto Bebedor\u201d o un final alterno menos benevolente para Andreas, quien muri\u00f3<br \/>\nen la sacrist\u00eda de la iglesia creyendo que estaba frente a Santa Teresita, el \u00faltimo<br \/>\nmilagro, exclamando: <i>\u201cDenos Dios a todos<br \/>\nnosotros, bebedores, tan liviana y hermosa muerte\u201d<\/i>, muerte en mucho alejada<br \/>\nde la belleza y la ligereza con la que expir\u00f3 el escritor.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: A\u00edda Mar\u00eda L\u00f3pez Sosa.<\/p>\n","protected":false},"author":1152,"featured_media":35201,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20232"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1152"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20232"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20232\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":35200,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20232\/revisions\/35200"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/35201"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20232"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=20232"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=20232"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}