{"id":19870,"date":"2021-10-23T00:00:00","date_gmt":"2021-10-23T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/la-sorpresa-el-cumpleanos"},"modified":"2024-02-23T11:07:07","modified_gmt":"2024-02-23T17:07:07","slug":"la-sorpresa-el-cumpleanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/la-sorpresa-el-cumpleanos","title":{"rendered":"La sorpresa: el cumplea\u00f1os&#8230;"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Cristina Pad\u00edn.<\/b> <\/p>\n<p>Entonces la narraci\u00f3n se cont\u00f3 con alegr\u00eda y con alma. Como se cuenta todo lo que es bonito: el odio y lo grotesco no tiene lugar al lado de lo que emociona. La sorpresa ten\u00eda nombre y apellidos. Se llamaba Luis. Con los mismos apellidos de sus hermanos, Carlos y Lourdes, dos adolescentes curiosos, dos santos, dos chicos de hoy, dos aficionados al toreo, dos excelentes estudiantes, dos andaluces, dos hijos. Dos hijos de Dios\u2026<\/p>\n<p>Como Luis: la real sonrisa de Dios.<\/p>\n<p>Luis no puede caminar, pero lleg\u00f3 el primero al Obradoiro, su particular Camino de Santiago lo situ\u00f3 delante de la Verdad cinco segundos antes que a sus magn\u00edficos compa\u00f1eros. Ellos fueron sus pasos y su camino. Luis no puede hablar, pero fue la sorpresa bella que vivir\u00e1 para siempre en los corazones.. Y cu\u00e1ntas cosas cont\u00f3! Sin palabras. Con su dulzura y su sonriente expresi\u00f3n Luis habl\u00f3 de Santiago, de Sevilla, de amor, de lucha, de vida\u2026<\/p>\n<p>La sorpresa es un relato real narrado en dos partes que forma parte de una felicitaci\u00f3n de cumplea\u00f1os\u2026<\/p>\n<p>Me pareci\u00f3 hermoso recordar esta historia<br \/>A Arancha: feliz cumplea\u00f1os<br \/>A Carlos<br \/>A Luis<br \/>Lourdes y Carlos<br \/>Al Camino de Santiago y a cada uno de sus caminos<br \/>Al toreo<br \/>A Santiago y a Galicia<br \/>A mi Sevilla y mis sevillanos<br \/>A los compa\u00f1eros de Luis: sois grandes!<br \/>A aquella sorpresa: la vivimos mi hermana y yo y fue inolvidable<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Cristina Pad\u00edn.<\/p>\n","protected":false},"author":1025,"featured_media":34868,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19870"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1025"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19870"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19870\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":34867,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19870\/revisions\/34867"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/34868"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19870"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19870"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19870"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}