{"id":19244,"date":"2021-08-06T00:00:00","date_gmt":"2021-08-06T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/el-melocoton-el-sabor-la-sal"},"modified":"2024-02-23T10:38:54","modified_gmt":"2024-02-23T16:38:54","slug":"el-melocoton-el-sabor-la-sal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/el-melocoton-el-sabor-la-sal","title":{"rendered":"El melocot\u00f3n, el sabor, la sal.."},"content":{"rendered":"<p>Mordi\u00f3 el melocot\u00f3n. Era rojo, y amarillo, y redondo y fresco. Lo mordi\u00f3\u2026 y fue un ole de sabor, una ovaci\u00f3n de texturas, un trofeo a la excelencia. Fue el regreso a la infancia, el retorno al calor castellano del pueblo cuando llegaban desde Francia. Fue lo que sabe bien, lo que quita la sed, lo que besa el alma.<\/p>\n<p>La canci\u00f3n se escuch\u00f3 en la tarde perezosa de agosto. Despu\u00e9s ir\u00edan a los toros. Era un d\u00eda de bochorno y de viento, bello, largo, intenso. Como un beso de esos que se roban en las madrugadas. La canci\u00f3n era de las de siempre: letra preciosa. De las que cuentan desamores y amores, pasiones de arrebatos.<\/p>\n<p>La sal escribi\u00f3 l\u00edneas con curvas en la piel de los brazos. Al acercar los labios era m\u00e1s salada todav\u00eda: era el puro verano. Era como un brindis, como el fuego de las hogueras, como un baile a escondidas. La sal era el sonido de las vacaciones, lo que se extra\u00f1a en enero. La sal era tan buena.. incluso con un helado de avellana\u2026<\/p>\n<p>Una historia, o muchas, de sensaciones de verano<\/p>\n<p>Para Albriux<br \/>Para Luis<br \/>Para Carlos<br \/>Para el toreo<br \/>Para Carmen<br \/>Para la sal<br \/>Para el ole<br \/>Para las sensaciones y las pasiones<br \/>Para lo que de verdad importa<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mordi\u00f3 el melocot\u00f3n. Era rojo, y amarillo, y redondo y fresco. Lo mordi\u00f3\u2026<\/p>\n","protected":false},"author":1025,"featured_media":34320,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19244"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1025"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19244"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19244\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":34319,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19244\/revisions\/34319"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/34320"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19244"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19244"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19244"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}