{"id":19148,"date":"2021-07-26T00:00:00","date_gmt":"2021-07-26T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/nacer-de-lo-alto-cada-dia"},"modified":"2024-02-23T10:34:11","modified_gmt":"2024-02-23T16:34:11","slug":"nacer-de-lo-alto-cada-dia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/nacer-de-lo-alto-cada-dia","title":{"rendered":"Nacer de lo alto cada d\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Algo m\u00e1s que palabras, por: V\u00edctor Corcoba Herrero.<\/i><\/b><\/p>\n<p>Reconozco que me encantan esos batalladores esp\u00edritus po\u00e9ticos, como aquellos eternos cultivadores del verbo y la palabra, que se muestran en cada paso con nuevos pensamientos, aut\u00e9nticos y cargados de esperanza. Sin embargo, me cansa este \u00e1nimo mundano que todo lo reduce al inter\u00e9s, puesto que lleva consigo un af\u00e1n corrupto, que practica la destrucci\u00f3n de s\u00ed mismo y la de los dem\u00e1s, mientras camina sin horizontes, porque es incapaz de mirar las cosas desde muchos puntos de vista. Por tanto, no hay que tener miedo a nacer de lo alto cada d\u00eda, a fundirse con lo arm\u00f3nico, a batallar con lo m\u00edstico. Lo nefasto es caer bajo, agarrarse a un esp\u00edritu enjaulado, desmemoriado, que olvida sus v\u00ednculos y hasta su propia historia. Jam\u00e1s lo olvidemos.<\/p>\n<p>&nbsp; Sin camino, desmembrados de ese aliento liberador interno, es evidente que tampoco tenemos horizontes claros. Un sistema como el actual, cegado por el poder, que no siente por nada ni por nadie, acaba destruy\u00e9ndose tambi\u00e9n. Ojal\u00e1 aprendi\u00e9semos de los poetas, de esos seres que anidan sue\u00f1os, porque saben escucharse y verse, o\u00edrse con el fermento de la inspiraci\u00f3n. O de esos deportistas entregados a mostrar lo que es posible, con determinaci\u00f3n, entrega y disciplina. Como ha dicho el l\u00edder de la ONU, \u201cel esp\u00edritu ol\u00edmpico saca lo mejor de la humanidad: trabajo en equipo y solidaridad, talento, tolerancia, nos inspira y nos unifica en tiempos dif\u00edciles\u201d. As\u00ed es. No se trata de ponernos zancadillas unos contra otros, sino de caminar juntos hacia ese justo porvenir que todos nos merecemos.<\/p>\n<p>&nbsp; En consecuencia, cualquier respiro temporal nos va a venir bien para repensar sobre nuestro andar por aqu\u00ed abajo. Precisamente, ahora me viene a la memoria, el \u201ccorramos unidos hacia ese futuro\u201d, que exhort\u00f3 Ant\u00f3nio Guterres hace unos d\u00edas, con el tradicional llamamiento a la tregua ol\u00edmpica, que busca silenciar las armas durante este tiempo, a trav\u00e9s de los valores educativos del deporte. Est\u00e1 visto, que cuando germina la esencia del esp\u00edritu creativo o deportivo, tampoco se pierde el entusiasmo por crecer mar adentro, que es lo que verdaderamente nos sustenta con el h\u00e1bito de la comprensi\u00f3n y tolerancia. Solo hay que ver las obras de esos cultivadores del arte para percibir como nos trascienden, o vivir el oleaje arm\u00f3nico de los pentagramas musicales, para reencontrarse con otro \u00e1nimo m\u00e1s vivificante. Al fin y al cabo,   <\/p>\n<p>&nbsp; Desde luego, a la luz de estas consideraciones, s\u00f3lo la opci\u00f3n de insertarse al amparo de la innata sabidur\u00eda y en coherencia con ella, unidos bajo ese esp\u00edritu de concordia, es lo que nos har\u00e1 avanzar hacia nuestra propia realizaci\u00f3n humana. Bajo este horizonte de verdad se uno sentir libre de cualquier obst\u00e1culo mundano. Lo que no podemos es hundirnos, caer en la desolaci\u00f3n y en el vac\u00edo, necesitamos de ese nacer cada d\u00eda, renaciendo con nuevas ilusiones, reto\u00f1ando con nuevos objetivos, rebrotando con nuevas fuerzas para proseguir la ruta de los anhelos. Son estos esp\u00edritus de constancia permanente, pues nuestra finalidad no es tanto tener \u00e9xito en la vida, como tener capacidad para reaccionar ante los fracasos, los que nos hacen levantarnos de las ca\u00eddas, mostrando de este modo lo mejor de nosotros mismos,<br \/>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":34232,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19148"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19148"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19148\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":34231,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19148\/revisions\/34231"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/34232"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19148"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19148"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19148"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}