{"id":18652,"date":"2021-05-31T00:00:00","date_gmt":"2021-05-31T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/el-quehacer-de-los-progenitores"},"modified":"2024-02-23T10:06:12","modified_gmt":"2024-02-23T16:06:12","slug":"el-quehacer-de-los-progenitores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/el-quehacer-de-los-progenitores","title":{"rendered":"El quehacer de los progenitores"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Algo m\u00e1s que palabras, por:&nbsp;V\u00edctor Corcoba Herrero<\/i><\/b> <\/p>\n<p>Hace unos cuantos a\u00f1os que la comunidad internacional se vuelca con el quehacer de los progenitores. Personalmente, lo considero muy justo, para poder cambiar de aires y humanizarnos, comenzando por reconocer la labor de los ascendientes alrededor del mundo. La realidad nos indica que los ni\u00f1os han de crecer en una atm\u00f3sfera mucho m\u00e1s familiar, comprensiva, generosa y de donaci\u00f3n total. Precisamente, lo que nos falta despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de historias y caminos recorridos, es un linaje m\u00e1s arm\u00f3nico consigo mismo y con los dem\u00e1s. Andamos hambrientos de sosiego. Desde luego, se requiere de un mayor apoyo para los padres. Por si fuera poco, este clima de divisiones y venganzas entre familias, es p\u00fablico y notorio que la nueva enfermedad del coronavirus (COVID-19) trae consigo, adem\u00e1s, un c\u00famulo de sentimientos que nos envenenan interiormente, aflorando mil efectos  de ansiedad, estr\u00e9s y vacilaci\u00f3n. Desde luego, sin el sustento de los antecesores, todo falla, tanto la salud como la educaci\u00f3n y el bienestar emocional. De ah\u00ed, lo importante que es introducir otras po\u00e9ticas que nos vinculen a nuestras propias ra\u00edces, como comunidad educadora primordial e irreemplazable.<\/p>\n<p>El quehacer de los progenitores, indudablemente, es esencial para dar continuidad a la especie, que para que prosiga abierta al don de la vida, requiere volver a la autenticidad de ese amor verdadero, que por desgracia hoy bracea en la confusi\u00f3n. Una civilizaci\u00f3n solidaria no es posible si falta esa aut\u00e9ntica entrega, que germina del afecto. Cuando los ni\u00f1os son privados de ese calor de hogar, o cuando las personas mayores conviven con la soledad impuesta, nos estamos matando a nosotros mismos. Hace tiempo que esta sociedad se ha vuelto salvaje. Aquellas virtudes o bondades dom\u00e9sticas, basadas en la comprensi\u00f3n y concretadas en la paciencia, mediante el perd\u00f3n rec\u00edproco, tambi\u00e9n han dejado de cohabitar entre nosotros. As\u00ed, ha resurgido, esta plaga de inhumanidad que nos tritura el esp\u00edritu sensible, envolvi\u00e9ndonos en una espiral de ansiedades y conflictos que nos impiden continuar viviendo. Por consiguiente, ante realidades tan dolorosas, tenemos que reaccionar, no podemos continuar pasivos y hemos de tomar otras v\u00edas de comportamiento clemente y reconciliador. Disgregarnos es absurdo, todos requerimos de todos para poder avanzar humanamente; y, en efecto, los progenitores tenemos la misi\u00f3n de enmendar valores perdidos.<\/p>\n<p>Cada cual tiene que ponerse manos a la obra, con el coraz\u00f3n dispuesto a ese vaiv\u00e9n de talantes. Las familias han de retornar a ser lo que son, un proyecto en comuni\u00f3n, con la secuencia del amor y el sue\u00f1o de vivir. Hay que trabajar por la concordia de v\u00ednculos; y, en este sentido, hemos de reorientar las furias en la reconstrucci\u00f3n de un porvenir en quietud. \u00a1Qu\u00e9 la estirpe pueda regresar a ese nido de paz, de tal manera que todo se contagie de alianza!  Realmente ahora faltan anhelos y sobran desprecios. Ha entrado en crisis algo tan vital como nuestra propia subsistencia. Hoy por hoy, un gran n\u00famero de ni\u00f1os con padres separados, presentan problemas  de equilibrio ps\u00edquico, de adaptaci\u00f3n social y de rendimiento escolar. Tambi\u00e9n muchos de nuestros mayores, abandonados por sus descendientes, se hallan desorientados y vac\u00edos, tristes, muy entristecidos de no ser considerados por sus hijos. Ante estas realidades, el quehacer de los progenitores, ha de ser una labor responsable, siempre dispuesta a perdonarse, a darse firmeza y estabilidad mutuamente, a pesar de las dificultades y de los aparentes fracasos. Asimismo, los conflictos laborales y familiares han de subsanarse, pues son una fuente significativa de desigualdades de g\u00e9nero en el empleo, que generan fuertes controversias, cuando lo que se debe brindar es un apoyo sistem\u00e1tico a los empleados.<\/p>\n<p>No olvidemos que el rol que cumplen, tanto las madres como los padres, es fundamental para ese cambio que el planeta nos pide; y, de igual forma, para esa modificaci\u00f3n de actitudes nuestras. En cualquier caso, si para la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas (ONU) resulta imprescindible la puesta en pr\u00e1ctica de pol\u00edticas familiares orientadas al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, previstos en la Agenda 2030, tambi\u00e9n es necesario abrirnos a ese mundo que rompe las cadenas que nos a\u00edslan y separan, tendiendo puentes y en cooperaci\u00f3n permanente. Tampoco se prive a los j\u00f3venes del imprescindible contacto con sus or\u00edgenes, que es donde verdaderamente est\u00e1 esa sabidur\u00eda, que la juventud por s\u00ed sola no puede conseguir. Lo prioritario es que aprendamos a vivir juntos en esta diversidad, generando troncos en com\u00fan, para que el \u00e1rbol existencial no perezca. Son los progenitores, en consecuencia, los que est\u00e1n llamados a esa misi\u00f3n garante formativa, consecuentes con su obrar diario, a fin de transmitir los valores que nos fraternizan, mediante el compartir y el cuidado del otro. Por otra parte, es ecu\u00e1nime anhelar un planeta que asegure techo y trabajo decente para todos, lo que nos demanda de una \u00e9tica global cooperante y de una est\u00e9tica moral que nos embellezca los andares por la tierra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":33791,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18652"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18652"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18652\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":33790,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18652\/revisions\/33790"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/33791"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18652"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18652"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18652"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}