{"id":18068,"date":"2021-03-15T00:00:00","date_gmt":"2021-03-15T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/la-intertextualidad-en-las-manzanas-de-martha-chapa-2"},"modified":"2024-02-23T00:36:05","modified_gmt":"2024-02-23T06:36:05","slug":"la-intertextualidad-en-las-manzanas-de-martha-chapa-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/la-intertextualidad-en-las-manzanas-de-martha-chapa-2","title":{"rendered":"La intertextualidad en las manzanas de Martha Chapa"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p><b><i>Cultura,<\/i>&nbsp;por: Aida L\u00f3pez Sosa.<\/b><\/p>\n<\/p>\n<p><i>\u201cLa manzana es el primer nombre de la mujer\u201d. <\/i><b><i>Martha Chapa<\/i><\/b><\/p>\n<p>La sensualidad de los sabores ha seducido a m\u00e1s de un artista. A lo largo de la historia, estos han logrado un afortunado maridaje entre la cocina y la disciplina est\u00e9tica a la que se consagran. Conocemos los manjares que deleitaban el paladar de los virreyes de la Nueva Espa\u00f1a en el siglo XV, gracias a las 37 recetas que Sor Juana recopil\u00f3 y que a la fecha degustamos. El compositor italiano Gioachino Rossini, aficionado a la comida, en el siglo XIX, como una \u00f3pera bufa, no dud\u00f3 a los 37 a\u00f1os deponer las notas musicales por f\u00f3rmulas culinarias que llevaran su apellido como el Tournedo Rossini, servido en su restaurante parisino. En el siglo XXI la pintora de las manzanas, Martha Chapa, fusiona su pl\u00e1stica con las delicias de la cocina mexicana. Regia de nacimiento, con m\u00e1s de 35 libros de cocina y m\u00e1s de 300 exposiciones, nos deja penetrar la c\u00e1scara roja que la envuelve a la pulpa suave y dulce de su universo, en una conversaci\u00f3n \u00edntima para La Revista Peninsular.<\/p>\n<p>La ni\u00f1a de las manzanas pas\u00f3 el proceso de la metamorfosis para llegar a ser lo que es, la pintora universal con un lenguaje propio que la distingue en m\u00e1s de cinco d\u00e9cadas de exitosa carrera. Cuenta que a los siete a\u00f1os una tarde de s\u00e1bado, saliendo de comer cabrito, \u201cel m\u00e1s delicioso de Monterrey\u201d, cruz\u00f3 la alameda con su familia, padres y hermanos. En el kiosco vislumbr\u00f3 a dos ni\u00f1os con una maestra que le pareci\u00f3 que estaban dibujando, se solt\u00f3 de la mano de su mam\u00e1 y corri\u00f3 a preguntar qu\u00e9 ten\u00eda que hacer para estar en el \u201cgrupo\u201d, la maestra se limit\u00f3 a decirle que ten\u00eda qu\u00e9 saber si contaba con habilidades para incorporarla. Era Mar\u00eda Jes\u00fas de la Fuente de O\u00b4Higgins, esposa del reconocido muralista Pablo O\u00b4Higgins. Es as\u00ed como Martha inici\u00f3 su carrera sin saber hasta d\u00f3nde llegar\u00eda. Hoy es el orgullo de su primera mentora que la conoci\u00f3 siendo semilla.<\/p>\n<p>Martha revela la fuerte identificaci\u00f3n con su l\u00ednea paternal. Su padre, ur\u00f3logo de profesi\u00f3n, la inspir\u00f3 a estudiar tres a\u00f1os de la carrera de medicina, sin embargo, fueron las dos hermanas de \u00e9l, sus t\u00edas, quienes definieron sus pasiones por la pintura y la cocina, ambas brillantes. La \u201csirenita Marthis\u201d, como la llamaba su pap\u00e1 de cari\u00f1o, cada vez que se ausentaba por lo impredecible de la profesi\u00f3n, le dejaba en su bur\u00f3 una bolsa de \u201cjugosas manzanas roj\u00edsimas\u201d de la fruter\u00eda \u201cLa Victoria\u201d. Cuando despertaba y las ve\u00eda, sab\u00eda que pap\u00e1 estaba ausente. Las manzanas dulces la acompa\u00f1aban hasta el retorno del patriarca, a quien la sirenita le demandaba tiempo de convivencia, pl\u00e1tica y conocimiento, evidencia de su curiosidad por comerse al mundo de un mordisco.<\/p>\n<p>Posterior se traslad\u00f3 a Ciudad de M\u00e9xico para profesionalizar lo que hasta ese momento era un pasatiempo que combinaba con su carrera de medicina. Estudi\u00f3 en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado \u201cLa Esmeralda\u201d, perteneciente al Instituto Nacional de Bellas Artes, bajo la tutor\u00eda de artistas como Luis Sahag\u00fan, Eugenio Mingorance, entre otros. En la d\u00e9cada de los sesenta inici\u00f3 su obra pl\u00e1stica. No siempre la manzana perme\u00f3 su obra, aunque refiere que andaba en la b\u00fasqueda de la primigenia. En 1970 el \u00f3leo sobre tela \u201cAroma de inocencia\u201d, muestra el desnudo de su hija Martha con coletas aspirando el aroma de las teresitas. En 1974 en el \u00f3leo sobre tela \u201cSirena\u201d \u2013as\u00ed la llamaba pap\u00e1-, pinta uno de sus primeros desnudos adultos: la modelo de espaldas frente a su cama. En 1977 \u201cDescubriendo su mundo\u201d, es otro de los desnudos infantiles, donde una ni\u00f1a en cuclillas le da la espalda a un perro en segundo plano, que husmea una manzana roja -quiz\u00e1 la incursi\u00f3n de la fruta en su pl\u00e1stica-. Es en los ochenta que la manzana se convierte en una constante con sus diferentes posibilidades: con alas como una mariposa en el \u201cVuelo de noche\u201d (1981); como un perla en su ostra en \u201cEl deseo de la arena\u201d (1983). Sola y mordida frente al volc\u00e1n Popocat\u00e9petl: \u201cEn busca del peso perdido\u201d (1985), es una met\u00e1fora de la devaluaci\u00f3n que sacud\u00eda al pa\u00eds en aquel entonces. \u00d3leo creado para una exposici\u00f3n colectiva donde coincidi\u00f3 con Jos\u00e9 Luis Cuevas.<\/p>\n<p>Rodeada e influenciada por los artistas e intelectuales de la segunda mitad del siglo XX, Martha recibi\u00f3 comentarios y consejos de sus amigos y maestros. Rufino Tamayo opin\u00f3 que: \u201cSu trabajo est\u00e1 cada vez m\u00e1s logrado y responde con mayor evidencia a su concepto de erotismo. David Alfaro Siqueiros en una carta fechada en 1972, le aconsej\u00f3 que diera el salto a una nueva concepci\u00f3n del realismo: \u201cAdelante, cr\u00e9eme, que con estas premisas que son sinceras, puedes llegar muy lejos\u201d. Jos\u00e9 Luis Cuevas en un viaje rel\u00e1mpago a M\u00e9xico visit\u00f3 su estudio y aunque su intenci\u00f3n fue quedarse tan solo unos minutos, permaneci\u00f3 m\u00e1s de tres horas embrujado por el aroma de los platillos que la pintora cocinaba, que al igual que su pintura, son productos de su imaginaci\u00f3n, -le\u00eddo en una misiva de Cuevas en 1972. Fernando Ben\u00edtez la defini\u00f3 como una \u201cmujer frutal y bell\u00edsima, verdaderamente tiene la piel de los duraznos, su aroma y su redondez sensual. Esta Eva pinta manzanas vivas\u201d. \u201cEn las manzanas que pinta Martha Chapa veo sutilmente conjugados los dos aspectos del problema: la tentaci\u00f3n y la ca\u00edda\u201d, escribi\u00f3 Salvador Elizondo. Pita Amor en una carta datada en 1984, expresa su descubrimiento del arte a trav\u00e9s de un cuadro de la artista que observ\u00f3 una noche desde su lecho. Defini\u00f3 la manzana met\u00e1lica, melanc\u00f3lica, sombr\u00eda, con el carm\u00edn imperturbable. La epifan\u00eda de su est\u00e9tica se devel\u00f3 cuando una diab\u00f3lica electricidad le recorri\u00f3 el cuerpo.<\/p>\n<p>Martha Chapa tiene el m\u00e9rito de haber sido la primera mexicana cuya obra se expuso de manera individual en la Galer\u00eda de Arte Moderno (1983), bajo el t\u00edtulo: \u201cFrutal e Intelectual, la Pintura de Martha Chapa\u201d. Con exitosas exposiciones alrededor del mundo, la artista disfruta cocinar y escribir; ah\u00ed es donde se da tiempo para reflexionar acerca de los misterios del alma. Un bouquet de aromas, texturas y colores, se manifiestan en su arte: \u201cPintar una manzana es pensar todas las manzanas\u201d.<\/p>\n<p>La sencillez es cualidad de los grandes. Martha con su afabilidad, bonhom\u00eda, refinamiento, nos ofrece su universo que sintetiza en una manzana que bien puede pasar desapercibida en la cesta de un oferente, pero que con su pincel nos lleva a la promesa del para\u00edso.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cultura.<\/p>\n","protected":false},"author":1152,"featured_media":33262,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18068"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1152"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18068"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18068\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":33261,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18068\/revisions\/33261"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/33262"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18068"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18068"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18068"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}