{"id":17002,"date":"2020-10-26T00:00:00","date_gmt":"2020-10-26T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/alguien-tiene-que-morir"},"modified":"2024-02-22T23:41:32","modified_gmt":"2024-02-23T05:41:32","slug":"alguien-tiene-que-morir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/alguien-tiene-que-morir","title":{"rendered":"Alguien tiene que morir"},"content":{"rendered":"<p><b><i>En la pantalla<\/i>, por:&nbsp;David Moreno.&nbsp;<\/b><\/p>\n<p>En el arte audiovisual existe una delgada l\u00ednea que divide a la influencia, al homenaje y a la imitaci\u00f3n descarada. En algunas ocasiones es dif\u00edcil distinguir cual de estos tres conceptos se est\u00e1 utilizando en una obra, pero lo que est\u00e1 claro que es que bien utilizados pueden redituar en \u00e9xitos de p\u00fablico y taquilla pues quien los usa puede ser lo suficientemente inteligente para sumergir al espectador en un estilo que le resulta familiar sin darse cuenta que es precisamente por eso por lo que una pel\u00edcula o serie le resulta atractiva o es posible que esa familiaridad sea notoria y es por ello que uno decida quedarse en el producto sin cambiarle o abandonar la sala. Tal vez ese sea el caso por el que una miniserie como \u201cAlguien Tiene Que Morir\u201d tenga \u00e9xito entre un buen sector del p\u00fablico. Manolo Caro, su director y creador, no tiene empacho alguno en mostrar \u2013 de nuevo, ya lo hizo antes en algunos momentos de \u201cLa Casa de Las Flores\u201d \u2013 sus homenajes, influencias o imitaciones del estilo de Pedro Almod\u00f3var y es la inmersi\u00f3n en esas tem\u00e1ticas y situaciones tan particulares lo que tal vez provoque que muchos caigan rendidos ante la miniserie. <\/p>\n<p>Situar a su historia en un ambiente represivo y a partir de ah\u00ed explorar las dificultades que tienen los personajes para expresar su verdadero ser es algo que hemos visto, por ejemplo, en \u201cLa Mala Educaci\u00f3n\u201d del director Manchego. Tal y como sucede en aquella pel\u00edcula protagonizada por Gael Garc\u00eda Bernal, Alguien Tiene Que Morir, tambi\u00e9n nos transportar\u00e1 a la Espa\u00f1a franquista. Un pa\u00eds que ten\u00eda a\u00fan muy abiertas las heridas provocadas por la Guerra Civil y que con la llegada de la dictadura hab\u00eda fijado unos est\u00e1ndares morales extremistas, persiguiendo como delito cualquier tipo de diferencia que pusiera en peligro la r\u00edgida moralidad con la que el r\u00e9gimen intentaba dominar a toda la sociedad. A ese Madrid de los a\u00f1os cincuenta llegar\u00e1 Gabino (Alejandro Speitzer) un joven de padre espa\u00f1ol y madre mexicana que ha pasado gran parte de su vida con la famiia materna en M\u00e9xico. Llegar\u00e1 acompa\u00f1ado de L\u00e1zaro (Isaac Hern\u00e1ndez) un amigo que se dedica al ballet cl\u00e1sico. Los prejuicios sobre la profesi\u00f3n de L\u00e1zaro pronto saldr\u00e1n a flote y en los c\u00edrculos sociales en los que se  mueve la familia de Gabino comenzar\u00e1n una serie de rumores sobre el tipo de relaci\u00f3n que ambos j\u00f3venes tienen. Ello acrecentar\u00e1 el odio hac\u00eda L\u00e1zaro por parte de la abuela y matriarca de la familia Amparo (Carmen Maura) una fan\u00e1tica franquista que siente un inmediato desprecio por la ascendencia mexicana de los dos j\u00f3venes y por la homosexualidad que, asume, practican. Amparo terminar\u00e1 influyendo en su hijo Gregorio (Ernesto Alterio) para comenzar una persecuci\u00f3n en contra de Gabino y L\u00e1zaro para lo que contar\u00e1, de manera no del todo evidente, con los hermanos Alonso (Carlos Cuevas) y Cayetana (Ester Exp\u00f3sito) principalmente por parte del mayor de los dos quien guarda una atracci\u00f3n reprimida hac\u00eda el nieto que ha regresado a casa y por lo tanto vuelca tal atracci\u00f3n en una mezcla de autocompasi\u00f3n, culpa y violencia. La \u00fanica respuesta solidaria para Gabino vendr\u00e1 de su madre (otro \u201cgui\u00f1o\u201d a Almod\u00f3var) Mina, cuyo origen mexicano hace que nunca haya sido aceptada por Amparo como parte de su familia, quien intentar\u00e1 a toda costa vencer sus propios miedos para poder darle a Gabino una oportunidad de escapar de un entorno al que nunca debi\u00f3 regresar. Un personaje t\u00edpico de Almod\u00f3var, sobre todo de la etapa m\u00e1s reciente del cineasta espa\u00f1ol, es decir una mujer instalada en el sufrimiento y que tiene una enorme incapacidad para ser feliz.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s significativo de Alguien Tiene que morir es que se inspira (\u00bfimita?) en lo m\u00e1s reciente del director manchego. Esa parte que ha girado de la transgresi\u00f3n de sus primeras pel\u00edculas al melodrama de las \u00faltimas, un g\u00e9nero en el que el manchego se ha sentido c\u00f3modo para explorar asuntos como las infancias destruidas y los sentimientos reprimidos, algo que Caro reproduce sin esa maestr\u00eda en la miniserie, sin poder alcanzar ese toque emotivo que todav\u00eda sigue haciendo atractivo al cine de Almod\u00f3var. El resultado es un producto que por momentos es interesante &#8211;  sobre todo por las actuaciones de Maura, Alterio y Su\u00e1rez &#8211;  pero que termina desdibuj\u00e1ndose en un desenlace que raya entre la obviedad y la prisa. Una miniserie que tal vez si no se empe\u00f1ara tanto en homenajear, en ser influenciada o en imitar un estilo muy particular de contar historias a trav\u00e9s del lenguaje audiovisual, pudo convertirse en un producto original, llamativo y sorprendente. No lo es porque parece ser que su creador no est\u00e1 empe\u00f1ado en encontrar una voz propia sino en reproducir una que garantiza el \u00e9xito, que lo lleva por un camino seguro y muy poco arriesgado.<\/p>\n<p>Los tres episodios de Alguien Tiene Que Morir est\u00e1n disponibles en Netflix. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la pantalla.<\/p>\n","protected":false},"author":1117,"featured_media":32292,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17002"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1117"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17002"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17002\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":32291,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17002\/revisions\/32291"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/32292"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17002"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17002"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17002"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}