{"id":15892,"date":"2020-05-15T00:00:00","date_gmt":"2020-05-15T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/the-english-game"},"modified":"2024-02-22T22:51:13","modified_gmt":"2024-02-23T04:51:13","slug":"the-english-game","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/the-english-game","title":{"rendered":"The English Game"},"content":{"rendered":"<p><b><i>En la pantalla<\/i>, por:&nbsp;David Moreno.<\/b><\/p>\n<p>Hasta antes de que el Covid-19 apareciera en nuestras vidas, el mundo ten\u00eda pocas cosas en com\u00fan. Una de ellas era el f\u00fatbol. El ritual de ponerse la camiseta del club favorito, preparar comida y bebidas, prender el televisor o \u2013 si se tiene suerte \u2013 asistir al estadio para hacerse uno con otras tantas miles de personas y emocionarse cuando el bal\u00f3n comenzara a girar, es algo que equipara a mujeres y hombres de todo el planeta, algo que no distingue condici\u00f3n social o nivel de estudios. Pero en los or\u00edgenes del segundo deporte m\u00e1s hermoso del mundo, las cosas eran completamente diferentes. El juego, seg\u00fan los historiadores, tiene sus comienzos en Italia pero su reglamentaci\u00f3n se la debemos a los ingleses. Fue en las Islas Brit\u00e1nicas donde el f\u00fatbol tal y como lo conocemos ahora tiene su verdadera g\u00e9nesis. Sin embargo a diferencia del deporte de masas que es hoy en d\u00eda, en el preludio del juego \u00e9ste era practicado solamente por las \u00e9lites sociales, un \u201cdeporte de caballeros\u201d dir\u00edan en su momento los primeros practicantes del f\u00fatbol asociaci\u00f3n. En 1863 se establece la Asociaci\u00f3n de F\u00fatbol de Inglaterra (La Football Association) y con ella nacer\u00e1 unos a\u00f1os despu\u00e9s la FA Cup, el torneo m\u00e1s antiguo del orbe. Jugado en su umbral por los clubes de las \u00e9lites, el torneo ir\u00eda incluyendo a equipos de otras regiones de Inglaterra, conjuntos provenientes de condados cuyos integrantes ya no pertenec\u00edan a las clases m\u00e1s acomodadas sino que estaban conformados por obreros, campesinos y practicantes de otros oficios que fueron enamor\u00e1ndose del juego. Sin embargo las diferencias entre los equipos era notoria: mientras a unos el dinero les compraba el tiempo para entrenar otros solo se reun\u00edan los fines de semana directamente para jugar los encuentros. Sobra decir que durante los primeros torneos los clubes ganadores eran los integrados por quienes pose\u00edan la mayor cantidad de libras. <\/p>\n<p>Todo lo anterior es el pre\u00e1mbulo que da inicio a \u201cThe English Game\u201d, una mini serie que revisa el momento en el que el balompi\u00e9 comienza su proceso de masificaci\u00f3n. Ese tiempo en el que se convierte un tema que trasciende a lo meramente deportivo para comenzar a instalarse en los terrenos de lo social, de lo cultural. Y ello viene de la mano de la profesionalizaci\u00f3n, de la creaci\u00f3n de jugadores que cobraban por jugar al f\u00fatbol. La historia se centra en dos de las primeras estrellas de las canchas inglesas. El primero es Arthur Kinnaird (Edward Holcroft), el hijo de un banquero que ha llevado a su club, el Old Etonians, a conquistar la FA Cup. Kinnaird ser\u00e1 el primero en advertir que sobre el deporte soplan vientos de cambio y entender\u00e1 antes que sus compa\u00f1eros de equipo que el futuro del f\u00fatbol est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de las universidades, de las escuelas de \u00e9lite que lo practicaban. Del otro lado est\u00e1 Fergus Suter (Kevin Guthrie) un jugador escoc\u00e9s que llega al norte de Inglaterra contratado por el director de una planta de procesamiento de algod\u00f3n que patrocina al Darwen FC, un modesto club formado por los propios trabajadores de la f\u00e1brica. Suter se hace pasar por un obrero m\u00e1s pero ello es solo una fachada: cobra por jugar al f\u00fatbol lo que estaba prohibido por las reglas de la Asociaci\u00f3n Inglesa. En realidad no hab\u00eda otra forma para enfrentar la competici\u00f3n pues lo que quedaba claro es que si los equipos peque\u00f1os como el Darwen, o su rival en el condado el Blackburn, quer\u00edan competir  realmente y tener una aut\u00e9ntica posibilidad de levantar la copa necesitaban de jugadores que pudieran dedicarle el tiempo a la preparaci\u00f3n y ello solo pod\u00eda darse si viv\u00edan de jugar al f\u00fatbol. <\/p>\n<p>La recreaci\u00f3n de la Inglaterra de finales del siglo XIX es espectacular. El dise\u00f1o de producci\u00f3n no escatima en detalle alguno para trasladar al espectador a una \u00e9poca en la que los estadios repletos de fan\u00e1ticos ni siquiera eran un sue\u00f1o. Era un tiempo de transformaci\u00f3n y tras lo que suced\u00eda en el f\u00fatbol se encontraban otro tipo de innovaciones en otros aspectos de la vida. La serie tiene subtextos muy interesantes en los que se exploran cuestiones como los cambios en las relaciones obrero \u2013 patronal, el reconocimiento de los derechos de las mujeres y los cambios en el modelo industrial que hicieron del Reino Unido una potencia econ\u00f3mica en aquel siglo. <\/p>\n<p>The English Game es una carta de amor al f\u00fatbol, una escrita con gran y emotiva maestr\u00eda. Es un viaje a un tiempo en el que el mundo no giraba alrededor de un bal\u00f3n pero el rodar del mismo comenzaba a derribar barreras construidas durante varias centurias. Y en estos tiempos en los que las canchas est\u00e1n cerradas, es un buen recordatorio de que amamos al f\u00fatbol pues, parafraseando al entra\u00f1able y siempre recordado Eduardo Galeano, genera esa melancol\u00eda irremediable que se siente despu\u00e9s del amor, despu\u00e9s de un partido y cuando termina una enorme y fant\u00e1stica serie. Los seis episodios de The English Game est\u00e1n disponibles en Netflix. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la pantalla.<\/p>\n","protected":false},"author":1117,"featured_media":31332,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15892"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1117"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15892"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15892\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":31331,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15892\/revisions\/31331"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/31332"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15892"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15892"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15892"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}