{"id":15698,"date":"2020-04-16T00:00:00","date_gmt":"2020-04-16T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/puerta-7"},"modified":"2024-02-22T22:42:36","modified_gmt":"2024-02-23T04:42:36","slug":"puerta-7","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/puerta-7","title":{"rendered":"Puerta 7"},"content":{"rendered":"<p>En la pantalla, por: David Moreno.<\/p>\n<p>\u200bHace un par de temporadas la final de la Copa Libertadores, el torneo de clubes m\u00e1s importante de Sudam\u00e9rica, tuvo que jugarse al otro lado del Atl\u00e1ntico en el Santiago Bernab\u00e9u de Madrid, Espa\u00f1a. La raz\u00f3n fue que integrantes de la Barra del Club River atac\u00f3 al cami\u00f3n que transportaba a los jugadores de Boca. El temor de que el incidente generara m\u00e1s violencia motiv\u00f3 a la CONMEBOL a mover el partido a 13 mil kil\u00f3metros de distancia. Las barras ocasionaron que la primera final entre los dos equipos m\u00e1s populares de Argentina no pudiera llevarse a cabo en territorio albiceleste.<\/p>\n<p>\u200bEl problema de las Barras lleva a\u00f1os contaminando al f\u00fatbol argentino. Pero a pesar de incidentes tan penosos como el citado anteriormente, las barras siguen estando presentes en los clubes, operando en muchas ocasiones con la complicidad de los directivos. Hasta ahora el fen\u00f3meno ha sido reportado ampliamente tanto en la prensa argentina como en la mundial, pero sigue ah\u00ed, intacto e infectando a uno de los futboles m\u00e1s apasionantes y hermosos del globo. Por ello es interesante que ahora sea la ficci\u00f3n audiovisual la que retome al tema, pues quiz\u00e1 con la popularidad que en estos tiempos tienen las series de televisi\u00f3n, el asunto de las Barras en el f\u00fatbol argentino cobre la relevancia necesaria para que de la discusi\u00f3n se pase a la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>A Netflix ha llegado Puerta 7, una interesante e intensa serie que busca ahondar en el fen\u00f3meno de las Barras, lo hace con una enorme valent\u00eda y verosimilitud. Para eso su creador Martin Zimmerman (guionista de Ozark) plantea el problema desde varios puntos de vista pero todos convergentes en solo club: el ficticio Ferroviario. Se trata de un club a\u00f1ejo, de los que cada vez son m\u00e1s escasos no solamente en el f\u00fatbol de la Argentina sino en el de todo el planeta. Al Ferroviario lo envuelve la tradici\u00f3n por lo que est\u00e1 alejado de las grandes corporaciones que se han adue\u00f1ado de la mayor\u00eda de los equipos m\u00e1s importantes. En el Ferroviario son los socios del club los que controlan al equipo a trav\u00e9s de una junta directiva que es elegida entre ellos. Un club tradicional que ha permito que su Barra crezca y sea cada vez m\u00e1s influyente en las decisiones del club. Lo hacen a trav\u00e9s del poder econ\u00f3mico que han ganado los dirigentes de la Barra \u2013 poder al que llegan a trav\u00e9s de una mezcla de negocios sucios combinados con la compra y venta de jugadores \u2013 del control social que tienen del barrio en el que est\u00e1 instalado el club y de la influencia que han ido comprando dentro de los poderes pol\u00edtico y judicial. Su l\u00edder es H\u00e9ctor Baldini \u201cLomito\u201d (Carlos Belloso) un aut\u00e9ntico capo. Tiene el control completo de la Barra, se sienta todos los d\u00edas en el comedor del club, presiona al entrenador para que debute a un jugador en el que ha invertido, negocia con el tesorero del equipo contratos y adem\u00e1s controla al crimen que se desarrolla en el barrio. Su lugarteniente Fabi\u00e1n (Esteban Lamothe) es quien \u2013 junto a otros gamberros \u2013 se encarga del trabajo sucio. Es \u00e9l quien tortura y extorsiona a quienes se le opongan al poder que tiene la Barra, es \u00e9l quien se encarga de reclutar a los muchachos aficionados del club para ofrecerles dinero y trabajo en los il\u00edcitos que controla. Asustado por el poder que ha alcanzado Lomito y su Barra, Guillermo (Antonio Grimau) el Presidente del Club contrata a una joven abogada llamada Diana Imbert (Dolores Fonzi) para hacerse cargo de la seguridad del estadio y ponerle un alto a la Barra. Diana est\u00e1 fuertemente ligada al equipo ya que su abuelo fue uno de los fundadores del Ferroviario. Provista de un poderoso sentido de honestidad y de un genuino amor por los colores del equipo, Diana va a colisionar con Lomito y con sus intereses, por lo que la serie va a retratar los intentos de la mujer por limpiar al club de la influencia de la Barra.<\/p>\n<p>La honestidad con la que Puerta 7 retrata a un problema que trasciende a lo deportivo para instalarse en \u00e1mbitos que van de lo pol\u00edtico a lo social o de lo econ\u00f3mico a lo judicial, es la mejor carta de presentaci\u00f3n de la serie. Zimmerman tiene la capacidad para plantear las diversas aristas del problema sin perder el rumbo y escribiendo un gran arco de transformaci\u00f3n para el personaje de Dolores Fonzi quien tendr\u00e1 que enfrentarse al dilema de renunciar a muchos de sus propios principios para bajar al nivel de Lomito y  as\u00ed poder ganarle la partida. Ninguno de los problemas que representan las Barras para el f\u00fatbol y para la vida de un pa\u00eds tan futbolero como lo es la Argentina escapa del ojo cr\u00edtico de Zimmerman. Puerta 7 es brillante porque no deja esos cabos sueltos y los va hilando con gran capacidad narrativa para convertirse en un fiel y duro retrato de la gran mancha que empa\u00f1a al deporte m\u00e1s popular del pa\u00eds sudamericano.<\/p>\n<p>Una serie que sin hacer mucho ruido ha debutado en Netflix pero que es el perfecto ejemplo de la diversidad de tem\u00e1ticas que ha venido desarrollando la plataforma en sus contenidos. En este caso lo hace mirando hac\u00eda el sur de Am\u00e9rica y esa religi\u00f3n llamada f\u00fatbol que no escapa del fanatismo en el que pueden caer sus fieles m\u00e1s recalcitrantes. Puerta 7 es una joyita que atrapar\u00e1 al fan\u00e1tico del balompi\u00e9 pero tambi\u00e9n a quienes buscan un poderoso y bien escrito drama sobre la corrupci\u00f3n que parece infiltrarlo todo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la pantalla.<\/p>\n","protected":false},"author":1117,"featured_media":31165,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15698"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1117"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15698"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15698\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":31164,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15698\/revisions\/31164"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/31165"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}