{"id":15178,"date":"2020-01-28T00:00:00","date_gmt":"2020-01-28T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/algo-agradable"},"modified":"2024-02-22T22:21:48","modified_gmt":"2024-02-23T04:21:48","slug":"algo-agradable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/algo-agradable","title":{"rendered":"Algo agradable.."},"content":{"rendered":"<p>Eran el silencio, la paz, lo azul.. el gris perla de la espuma las cosas m\u00e1s agradables del atardecer. Se acostaba el sol sobre la plata del mar, oro y plata, oro y plata en la tarde de toros, sombra y sol, ole y afici\u00f3n. <\/p>\n<p>Afici\u00f3n era lo que acariciaba el coraz\u00f3n del farero. El farero viv\u00eda quince d\u00edas all\u00ed, en la playa hermosa, la de la arena calentita, el arenal aquel en el que, algunos fines de semana, jugaban sus ni\u00f1os&#8230;<\/p>\n<p>Jugaban sus ni\u00f1os a mil juegos de ni\u00f1os, y al toro tambi\u00e9n. A los peque\u00f1os hay que ense\u00f1arles la belleza del toreo, su historia, y a los hijos del farero les encantaban las muletas, y Perera, y el mago&#8230;<\/p>\n<p>Aquella tarde los ni\u00f1os estaban all\u00e1, en su casa, en la costa. El farero rezaba por el alma del sacerdote de su aldea, fallecido, y miraba el mar, yendo y viniendo, en su eterno latido.. y pensaba&#8230;<\/p>\n<p>Y sab\u00eda que la vida es un regalo agradable que hay que agradecer a Dios a diario..<\/p>\n<p>Es porque quer\u00eda escribir algo agradable <br \/>Y sencillo.. porque la vida es bonita y sencilla, o hemos de procurar que as\u00ed sea, y agradecerla a diario<br \/>Al cura del pueblo de mi abuela, descanse en paz!<br \/>A cada ser con enfermedad o dolor quer\u00eda hacerle llegar algo agradable<br \/>A Luis  <br \/>A mi mago<br \/>A Carlos<br \/>A las personas de verdad, sensibles, sin dobleces<br \/>Y a los que acercan el toreo a los ni\u00f1os<br \/>A los faros, me fascinan<br \/>A los fareros<br \/>Y a los que madrugan a diario para realizar trabajos duros<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eran el silencio, la paz, lo azul..<\/p>\n","protected":false},"author":1025,"featured_media":30725,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15178"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1025"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15178"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15178\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":30724,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15178\/revisions\/30724"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/30725"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15178"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15178"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15178"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}