{"id":14369,"date":"2019-09-13T00:00:00","date_gmt":"2019-09-13T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/doble-moral-a-la-mexicana"},"modified":"2024-02-22T21:56:12","modified_gmt":"2024-02-23T03:56:12","slug":"doble-moral-a-la-mexicana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/doble-moral-a-la-mexicana","title":{"rendered":"Doble moral a la mexicana"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p><b><i>Cultura, por:&nbsp;Francisco Sol\u00eds Pe\u00f3n<\/i><\/b><\/p>\n<p><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<blockquote><p><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<blockquote><p><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<blockquote><p><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<blockquote><p><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<blockquote><p><i><b>No he tenido el valor. No he podido ser lo que quer\u00eda. No he podido ser un cristiano.&nbsp;<\/b><\/i><b><i>Jaime Ceballos (protagonista de la obra).<\/i><\/b><\/p><\/blockquote>\n<p><b><i><\/i><\/b><\/p><\/blockquote>\n<p><b><i><\/i><\/b><\/p><\/blockquote>\n<p><b><i><\/i><\/b><\/p><\/blockquote>\n<p><b><i><\/i><\/b><\/p><\/blockquote>\n<p>Siempre he cre\u00eddo que la paradoja y la iron\u00eda son dos alegres comadres que intercambian la misma perversidad del destino.<\/p>\n<p>As\u00ed, tenemos que la segunda novela del inmortal Carlos Fuentes, \u201cLas Buenas conciencias\u201d (M\u00e9xico, FCE, 1959), versa precisamente acerca de las \u201cfuentes\u201d de la hipocres\u00eda burguesa del M\u00e9xico post revolucionario. De la mano de \u201cCasi el Para\u00edso\u201d de Luis Spota (M\u00e9xico, Diana, 1956), conforman el retrato literario imprescindible de una \u00e9poca gobernada por c\u00ednicos vergonzantes (hablando de paradojas) cuyas clases dominantes tienen el costumbrismo mal\u00e9volo de pretender ser lo que no son pero al mismo tiempo, se pasan la vida convenci\u00e9ndose de que en efecto s\u00ed lo son y lo que es peor, obran en consecuencia da\u00f1ando o contaminado su entorno.<\/p>\n<p>Sin estas dos novelas, la primera desde la \u00f3ptica provinciana y la segunda desde el incipiente caleidoscopio capitalino, ser\u00eda  virtualmente imposible entender el siglo XX mexicano.<\/p>\n<p>La trama gira en torno a Jaime Ceballos quien est\u00e1 al final de su adolescencia; pronto deber\u00e1 decidir el rumbo que tomar\u00e1 su vida. Por lo pronto, su percepci\u00f3n del mundo es que no tiene lugar definido en \u00e9l. Quiere ser puro, pero su sangre hierve. Se debate entre la moral cristiana y los impulsos f\u00edsicos de su ardiente juventud; entre la jerarqu\u00eda familiar y sus ansias de independencia; entre su peque\u00f1o mundo de pueblo chico y el horizonte infinito que vislumbra; entre el pecado y la salvaci\u00f3n. La vida, entonces, pone a Jaime ante verdades desnudas que lo har\u00e1n cambiar radicalmente.<\/p>\n<p>Se trata de una novela psicol\u00f3gica de desarrollo dram\u00e1tico (dir\u00edan los expertos), psicol\u00f3gica porque el tratamiento de los personajes siempre es subjetivo, interno visto desde muy adentro; de desarrollo dram\u00e1tico porque la acci\u00f3n se  alimenta exclusivamente de los conflictos que se suscitan entre los distintos personajes o ente los personajes y la realidad social, el medio ambiente.<\/p>\n<p>Dentro del contexto hist\u00f3rico, al momento de su publicaci\u00f3n \u201cLas Buenas Conciencias\u201d fue considerada en los c\u00edrculos culturales (integrados mayoritariamente por izquierdosos de caf\u00e9) como una novela rebelde, antiburguesa, con una marcada intenci\u00f3n social. Hoy ser\u00eda considerada por la juventud como un retrato costumbrista escrito por un genio pero que a final de cuentas describe un M\u00e9xico que por fortuna ya no existe; aunque habr\u00e1 quien diga, no sin argumentos v\u00e1lidos, que hoy estamos peor.<\/p>\n<p>Gracias a \u201cLas Buenas conciencias\u201d el m\u00e1ximo narrador mexicano de todos los tiempos logr\u00f3 consolidar un estilo propio que lo acompa\u00f1ar\u00eda por el resto de su obra: El compromiso con lugares y \u00e9pocas determinadas, la estrecha relaci\u00f3n que existe entre una cierta realidad vital y la realidad novel\u00edstica.<\/p>\n<p>Conservo la edici\u00f3n de \u201cLas Buenas Conciencias\u201d que le\u00ed all\u00e1 por 1985, la miro con nostalgia, un M\u00e9xico del cual solo conoc\u00ed sus \u00faltimos estertores, el perenne recuerdo de un tiempo que pasa inexorablemente y que nunca volver\u00e1, una vida que se consume en la implacable clepsidra llamada tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cultura<\/p>\n","protected":false},"author":1069,"featured_media":14370,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14369"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1069"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14369"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14369\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":30134,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14369\/revisions\/30134"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14370"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14369"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14369"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14369"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}