{"id":14162,"date":"2019-08-16T00:00:00","date_gmt":"2019-08-16T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/llamados-a-un-nuevo-amanecer-2"},"modified":"2024-02-22T21:54:41","modified_gmt":"2024-02-23T03:54:41","slug":"llamados-a-un-nuevo-amanecer-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/llamados-a-un-nuevo-amanecer-2","title":{"rendered":"Llamados a un nuevo amanecer"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p><b>Algo m\u00e1s que palabras, Por:&nbsp;V\u00edctor Corcoba Herrero.<\/b><\/p>\n<p>\u201cLos gobiernos de todo el mundo han de poner en pr\u00e1ctica el deber de la solidaridad, que tan bello lo vocifer\u00f3 con su viviente receta la inolvidable misionera Madre Teresa de Calcuta: \u201cNo deis s\u00f3lo lo superfluo, dad vuestro coraz\u00f3n\u201d. <\/p>\n<p>Si el esfuerzo por el di\u00e1logo y la cooperaci\u00f3n ha de ser el sello distintivo de cada uno de nosotros, tambi\u00e9n desde esta suculenta diversidad cultural de nuestro mundo, hemos de trabajar con esp\u00edritu arm\u00f3nico, a fin de que se haga posible el entendimiento entre unos y otros. Esta vida no es para encerrarse en los nuestros, sino para compartir vivencias y caminar unidos, a pesar de las ca\u00eddas, reforzando y reafirmando los espacios de continuidad cultural y ling\u00fc\u00edstica, con nuestra comprensi\u00f3n y mano tendida siempre. Nuestra coexistencia nos reclama razonar, por muy complejos que sean los abecedarios, empezando por la propia lengua. Esto nos demanda a movilizar otros comportamientos m\u00e1s coherentes y asistenciales con cualquier vida, pues aparte de que estamos perdiendo tierra f\u00e9rtil y biodiversidad a un ritmo alarmante, considero primordial activar el respeto y la consideraci\u00f3n hacia todo an\u00e1logo. Hoy sabemos que la degradaci\u00f3n de la tierra afecta a m\u00e1s de treinta mil millones de personas y que nos cuesta el diez por ciento de la producci\u00f3n de la econom\u00eda mundial cada a\u00f1o, pero tampoco debemos olvidar la fuerte crisis de valores (degradaci\u00f3n human\u00edstica) que sufrimos como especie pensante. <\/p>\n<p>Somos aquello en lo que pensamos y esta p\u00e9rdida de talante human\u00edstico, mundano y mediocre a m\u00e1s no poder, dificulta los cambios transformadores que el planeta requiere entre sus gentes y su h\u00e1bitat, y tambi\u00e9n entre estos entre s\u00ed, precisamente porque cada vida posee un valor singular que ha de ser tratado con sumo cuidado, o sea, dignificado, como se\u00f1ala la Declaraci\u00f3n Universal de Derechos humanos, en su articulado, al trasladarnos una realidad tan innata como luminosa, la de que \u201ctodos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como est\u00e1n de raz\u00f3n y conciencia, deben comportarse fraternalmente\u201d; primero consider\u00e1ndose uno mismo, autoestim\u00e1ndose, para luego conectar unos con otros, poni\u00e9ndonos en su lugar. No talemos ilusiones, jam\u00e1s discriminemos a nadie, pensemos que unidos ganamos amaneceres y cosechamos nuevos entusiasmos. Sin duda, estamos llamados a un nuevo despuntar como linaje, aunque buena parte de los caminantes duerman todav\u00eda. Indudablemente, hemos de animar a que ese vivo poema de esperanza, que todos nos merecemos sin distinci\u00f3n alguna por el simple hecho de ser personas, no permanezca por m\u00e1s tiempo aletargado.  <\/p>\n<p>Lo que no tiene sentido es recorrer los caminos del mundo enfrentados, divididos por contiendas in\u00fatiles, cuando lo verdaderamente trascendente es entrar en sinton\u00eda y poder afrontar los retos de vivir desde esa multiplicidad de cultos y culturas, de lenguajes y jergas, de expresiones y memorias. Por desgracia, no s\u00f3lo estamos presenciando un r\u00e9cord de calentamiento global, tambi\u00e9n se est\u00e1n calentando los modos y maneras de movernos, de cohabitar, \u00fanicamente hay que adentrarse en las mil tensiones pol\u00edticas que viven multitud de naciones, algo que podemos evitar entre todos. En todo caso, volvamos a nuestra historia, aprendamos de ella, para que de una vez por todas podamos deducir que nada justifica entrar en conflicto, que nos merecemos otro futuro m\u00e1s arm\u00f3nico y que para construirlo solo hace falta precipitar la v\u00eda de la amistad, el puente de la simpat\u00eda, el camino del encuentro. Lo importante es edificar espacios ben\u00e9ficos con quien habitar la casa com\u00fan para toda la humanidad. Sobran todos los frentes, tal vez muchas fronteras. Se requiere un cambio. Quiz\u00e1s pensar menos en uno mismo. Los gobiernos de todo el mundo han de poner en pr\u00e1ctica el deber de la solidaridad, que tan bello lo vocifer\u00f3 con su viviente receta la inolvidable misionera Madre Teresa de Calcuta: \u201cNo deis s\u00f3lo lo superfluo, dad vuestro coraz\u00f3n\u201d. <\/p>\n<p>Por otra parte, hay que impulsar otra mentalidad m\u00e1s ver\u00eddica y aut\u00e9ntica, no tanto la de poseer como la de dar, o  la de sentirse amado y poder amar, al menos para que nadie se sienta marginado, sino acompa\u00f1ado siempre; esta nueva concepci\u00f3n de vida, sin duda nos ayudar\u00e1 a fomentar otro tipo de avances m\u00e1s humanitarios. Ojal\u00e1 dejemos de despreciarnos, de negar el derecho universal a la dignidad humana y a la seguridad de toda existencia, de que impere la fuerza moral a la fuerza bruta, y seamos capaces de afrontar esa nueva alborada, seg\u00fan un orden ejemplarizante, que refleje justicia y bienestar para todos. Al fin y el cabo, no bastan los conocimientos para ser feliz, se requiere la sabidur\u00eda del coraz\u00f3n para desprenderse de lo mundano y, entonces, podr\u00e1 brotar una gran variedad de clemencias y claridades, que nos ayudar\u00e1n a que ese despertar no sea un mero sue\u00f1o, sino un vivir y un renacer hacia un mundo fraterno, que a\u00fan no conocemos realmente, porque solemos endiosarnos en las alturas y apenas arrepentirnos de nuestras usuras. \u00a1Qu\u00e9 pena!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":14163,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14162"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14162"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14162\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":30055,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14162\/revisions\/30055"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14163"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14162"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14162"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14162"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}