{"id":13800,"date":"2019-07-04T00:00:00","date_gmt":"2019-07-04T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/la-apuesta-por-la-palabra-en-el-nuevo-equilibrio-mundial"},"modified":"2024-02-22T21:52:25","modified_gmt":"2024-02-23T03:52:25","slug":"la-apuesta-por-la-palabra-en-el-nuevo-equilibrio-mundial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/la-apuesta-por-la-palabra-en-el-nuevo-equilibrio-mundial","title":{"rendered":"La apuesta por la palabra en el nuevo equilibrio mundial"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Algo m\u00e1s que palabras, por:&nbsp;V\u00edctor Corcoba Herrero<\/i><\/b><\/p>\n<p>Los moradores de este mundo global necesitan de otros lenguajes m\u00e1s directos al coraz\u00f3n, de otras palabras m\u00e1s aut\u00e9nticas, que muevan y promuevan el caminar unidos, hasta donarse y poder salir de uno mismo para verse en los dem\u00e1s, para buscar el bien de todos y encontrar la realizaci\u00f3n de la persona, su crecimiento en esa realidad que a todos nos afecta, m\u00e1xime en un  momento de grandes transformaciones, en el que las acciones han de ser encaminadas a la construcci\u00f3n de un nuevo equilibrio mundial. Por eso, es importante que las pol\u00edticas nos alienten hacia un proceso integrador de la especie, pues todos merecemos una promoci\u00f3n humana digna, para reconocernos parte del eslab\u00f3n de la historia, donde nadie es m\u00e1s que nadie, y todos somos necesarios e imprescindibles. De ah\u00ed, la grandeza de una educaci\u00f3n que ense\u00f1e a pensar cr\u00edticamente, que no adoctrine en intereses, sino que ofrezca un camino de maduraci\u00f3n en valores. Adem\u00e1s, con la globalizaci\u00f3n tenemos una fuente de enorme riqueza, pues esa diversidad social y cultural tambi\u00e9n nos enriquece en el plano humano  y estabiliza en nuestros pensamientos, que naturalmente han de confluir en ese ancestral principio de desarrollo integral en armon\u00eda y quietud siempre con la Madre Tierra. <\/p>\n<p>Todo hay que acompasarlo, tambi\u00e9n nuestros propios pasos, sin perder el equilibrio jam\u00e1s entre deberes y derechos. En consecuencia, una vez m\u00e1s reivindico junto a esa voz n\u00edtida del verbo que se hace luz, el acrecentar los v\u00ednculos familiares, activando los puentes de la comprensi\u00f3n entre semejantes, estrechando lazos y ci\u00f1endo sentimientos para poder sobrellevar las cargas. Sin duda, la apuesta por la palabra en el nuevo equilibrio mundial, nos compromete a ser constructores de una cultura que nos hermane, en vistas a desarrollar sociedades m\u00e1s justas, donde todo el mundo se reconozca como agente de acci\u00f3n y reacci\u00f3n, acompa\u00f1ado y acogido en su af\u00e1n y desvelo. Esa mirada agradecida es lo que verdaderamente nos transforma y nos hace familia. Necesitamos frenar hostilidades. En lugar de generar conflictos, organic\u00e9monos para avivar la cultura del abrazo. Protej\u00e1monos unos a otros. El mundo no ha sido creado para ser una selva, sino para embellecerlo y embellecernos con sus atm\u00f3sferas existenciales. El abuso de la fuerza entre seres pensantes, no tiene sentido. Nos merecemos otra evoluci\u00f3n, otro entusiasmo m\u00e1s humanitario, quiz\u00e1s se trate de aprender a reprendernos, a mejorar en actitud, sin cansarnos jam\u00e1s de optar por el di\u00e1logo como fruto de entendimiento y creaci\u00f3n que nos fraterniza. <\/p>\n<p>Ojal\u00e1 aprendamos a decir no a la guerra entre nosotros. Ya est\u00e1 bien de sembrar violencias. Cultivemos amor en las palabras. Hagamos un mundo para todos, aunque ese cosmos tenga rostros diversos  y caminos variados. Desde luego, los centros educativos como las instituciones de car\u00e1cter docente e investigador, han de ser un \u00e1mbito privilegiado para reflexionar de un modo multifac\u00e9tico e integrador. Al fin y al cabo, lo trascendente es estimular el soplo creativo para encontrar los caminos adecuados. Por otra parte, es fundamental que nada quede impune, que la verdad prevalezca siempre por muy fuerte que sea la realidad. Por desgracia, las vulneraciones de los derechos humanos contin\u00faan aliment\u00e1ndose de esa arbitrariedad manifiesta que nos impide hacer justicia y conciliar emociones. Deber\u00edamos dejarnos hablar por el coraz\u00f3n, seguramente nos entender\u00edamos m\u00e1s y mejor. Hasta el propio concepto de trabajo est\u00e1 en pleno avance hacia un nuevo equilibrio entre la carga laboral, el ocio y otras actividades para las que todav\u00eda no estamos preparados. Lo significativo es encontrar esa ponderaci\u00f3n de uni\u00f3n y unidad del cuerpo y la mente, del ser humano y su entorno, de la uni\u00f3n de la persona y el universo en definitiva. <\/p>\n<p>Indudablemente hacen falta m\u00e1s di\u00e1logos, m\u00e1s tribunas pol\u00edticas que promuevan la justicia social, que activen la esperanza del cambio. En ocasiones, hacen falta m\u00e1s Quijotes, con fuertes dosis de valor y visi\u00f3n de futuro. Lograr buenos resultados en esos florecimientos requiere mesura y sensatez entre todas las culturas. Tal vez uno de los desaf\u00edos m\u00e1s delicados para la agenda de derechos humanos sea la desigualdad. La concentraci\u00f3n de la riqueza ha aumentado hasta el extremo que, en 2018, 26 personas ten\u00edan m\u00e1s dinero que los 3800 millones m\u00e1s pobres del planeta; seg\u00fan datos de Naciones Unidas. Hay que volver a la ecuanimidad. No olvidemos que todos somos responsables de humanizar el mundo, por aquello de ser personas de juicio recto y conciencia cr\u00edtica. Al mismo tiempo,  la vida no es aceptable si no hay un respeto natural y naciente, un equilibro arm\u00f3nico entre materia y esp\u00edritu; y, por ende, asimismo estamos llamados a cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo en que habitamos<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":13801,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13800"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13800"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13800\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29920,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13800\/revisions\/29920"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13801"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13800"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13800"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13800"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}