{"id":13451,"date":"2019-05-24T00:00:00","date_gmt":"2019-05-24T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/el-poder-de-las-historias"},"modified":"2024-02-22T21:50:03","modified_gmt":"2024-02-23T03:50:03","slug":"el-poder-de-las-historias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/el-poder-de-las-historias","title":{"rendered":"El poder de las historias"},"content":{"rendered":"<h4><\/h4>\n<h4>He tenido mucho tiempo para pensar sobre nuestra historia sangrienta, sobre todos los errores que hemos cometido. \u00bfQu\u00e9 une a la gente?, \u00bfEj\u00e9rcitos?, \u00bfOro?,\u00bfBanderas?. No, son las historias. No hay nada m\u00e1s poderoso en el mundo que una buena historia. Nada puede pararla. Ning\u00fan enemigo puede derrotarla.<\/h4>\n<h4>Tyrion Lannister<\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u200bEs el discurso que cambi\u00f3 la historia y no es casualidad que para hacerlo Tyrion Lannister hay apelado al poder de la narraci\u00f3n, a su funci\u00f3n preservadora, a su capacidad de unir a las personas, de generar identidad. Es el cap\u00edtulo final de Juego de Tronos y el genial enano ha utilizado una vez m\u00e1s sus dotes narrativos para lograr su cometido, para convertise en la raz\u00f3n que se impone a la fuerza. Y lo hace apelando a lo m\u00e1s poderoso que tenemos los seres humanos, a esa cualidad que nos hace viajar al pasado para reconocer lo que somos y entender lo que podemos ser: nuestra capacidad para contar y escuchar historias.<\/p>\n<p>\u200bPor supuesto que &nbsp;es una declaraci\u00f3n de amor por parte de los guionistas de la serie a su oficio y a lo que \u00e9ste ha generado y tiene la capacidad de generar, pero al mismo tiempo es una forma de apelar a una de las mejores caracter\u00edsticas que poseemos los seres humanos: nuestra capacidad narrativa. Porque desde que el ser humano adquiri\u00f3 la habilidar para comunicarse a trav\u00e9s del lenguaje inicio tambi\u00e9n con su actividad como narrador. Nuestros antepasados comenzaron a crear historias que formaron parte de su propia existencia. Crearon dioses, les atribuyeron capacidades y generaron relatos que a su vez a generaron una identidad colectiva. Es a partir cuentos y leyendas como se inici\u00f3 la formaci\u00f3n de las primeras comunidades, de los primeros pueblos, todos compartiendo esas narraciones que viajaban de boca en boca y luego, cuando aprendimos a escribir, a trav\u00e9s de las s\u00edmbolos, letras, alfabetos. <\/p>\n<p>\u200bLo que sigue es parte de nuestro desarrollo como sociedades y como individuos: seguimos contando historias, seguimos narrando, aprovechando tambi\u00e9n las nuevas tecnolog\u00edas que la inventiva humana fue desarrollando conforme su proceso civilizatorio avanz\u00f3. La imprenta fue fundamental para que lo que antes se transmit\u00eda v\u00eda oral o a trav\u00e9s de ejemplares \u00fanicos de libros ahora adquiriera un car\u00e1cter masivo. Muchos a\u00f1os despu\u00e9s la inteligencia humana creo otras formas de comunicaci\u00f3n y apareci\u00f3 el lenguaje audiovisual el cual fue creando sus propios c\u00f3digos, su propia forma de contar historias. El cine y la televisi\u00f3n de nuestros d\u00edas est\u00e1n llenos de nuevos artilugios tecnol\u00f3gicos que permiten que la imaginaci\u00f3n practicamente no tenga l\u00edmites. Podemos viajar en el tiempo, hac\u00eda mundos inexistentes o m\u00e1s all\u00e1 de nuestra galaxia gracias a efectos visuales, modernas computadoras y la habilidad creativa de quienes las manejan, pero finalmente si no existe tras toda esa tecnolog\u00eda una buena historia que contar, nada pasa, nada sucede. <\/p>\n<p>\u200bPor ello el discurso de Tyrion es tan significativo, porque habla de algo que es perenne, que no desaparecer\u00e1 hasta que el ser humano lo haga: nuestra capacidad para relacionarnos a partir de una buena historia. Pero ahora ello adquiere nuevas dimensiones porque esas buenas historias ya no se registren a una comunidad o pa\u00eds. Ahora viajan a trav\u00e9s de todo el globo haciendo que personas que se ubican a miles de kil\u00f3mentros de distancia las unas de las otras puedan unirse alrededor de una narraci\u00f3n. Ha pasado ahora con Juego de Tronos pero, evidentemente,no es el \u00fanico ejemplo. Son miles de millones de personas de todo el mundo las que se identifican y generan comunidades, virtuales o presenciales, alrededor de modernas mitolog\u00edas transmitidas a trav\u00e9s de la escritura o del lenguaje audiovisual. <\/p>\n<p>Nada para a una buena historia, no hay muro que la restrinja, no hay nada m\u00e1s poderoso. Y aunque los estudios cinematogr\u00e1ficos, las casas editoriales o las productoras de televisi\u00f3n parezcan apostar a la repetici\u00f3n para garantizar que los espectadores sigan consumiendo sus propuestas narrativas (ah\u00ed est\u00e1 Disney con sus predecibibles y seguros Live Actions como el mejor ejemplo) afortunadamente, incluso dentro de los mismos gigantes del entretenimiento, es posible encontrar nuevos argumentos, nuevos personajes, nuevas situaciones que narren una historia con la que nos vamos a sentir identificados, que haremos nuestra y que compartiremos con otras personas algunas a las que probablmente jam\u00e1s veamos o escuchemos. Y eso me parece algo maravilloso, algo que hace \u00fanico a nuestro tiempo. <\/p>\n<p>Por ello cuando se termina una gran narraci\u00f3n sentimos cierto dejo de nostalgia, porque con ella tambi\u00e9n se ha terminado una parte de nosotros. Pero no es el final, porque tengan la certeza que alguien, hoy, en este momento est\u00e1 comenzando a escribir las primeras l\u00edneas que se transformar\u00e1n posteriormente en la novela, la pel\u00edcula o la serie que nos abrir\u00e1 las puertas de un nuevo universo, que nos transportar\u00e1 a lugares de nuestra imaginaci\u00f3n que quiz\u00e1 ignor\u00e1bamos que exist\u00edan y que encontraremos gracias a que alguien escribi\u00f3 y produjo una nueva y fant\u00e1stica historia<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El poder de las historias<\/p>\n","protected":false},"author":1117,"featured_media":13452,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13451"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1117"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13451"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13451\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29788,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13451\/revisions\/29788"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13452"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13451"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13451"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13451"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}