{"id":13279,"date":"2019-05-03T00:00:00","date_gmt":"2019-05-03T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/justine-o-los-infortunios-de-la-virtud"},"modified":"2024-02-22T21:49:02","modified_gmt":"2024-02-23T03:49:02","slug":"justine-o-los-infortunios-de-la-virtud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/justine-o-los-infortunios-de-la-virtud","title":{"rendered":"Justine o los infortunios de la virtud"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Cultura, por:&nbsp;Francisco Sol\u00eds Pe\u00f3n<\/i><\/b><\/p>\n<p>M\u00e1s que un libro er\u00f3tico, yo lo considerar\u00eda un manual filos\u00f3fico, donde las teor\u00edas a favor de la amoralidad y el ate\u00edsmo se enfrentan a las de la virtud, la bondad, y la religiosidad que defiende la protagonista del libro.<\/p>\n<p>Escrita en el a\u00f1o 1787 por Donatien Alphonse Francoise de Sade (aunque publicada por primera vez en 1791) nos narra la historia de Justine, una muchachita que criada en el seno de una buena familia, queda hu\u00e9rfana cuando a\u00fan es una adolescente. Con unos principios sobre la virtud muy arraigados, se ve obligada a buscarse la vida en un mundo lleno de libertinos. Tratar\u00e1 a toda costa de mantener y defender esa virtud, pero en el camino s\u00f3lo encontrar\u00e1 como recompensa toda clase de agravios, ultrajes y humillaciones, mientras que los que abusan sin piedad de ella s\u00f3lo encuentran recompensas y ning\u00fan castigo a sus h\u00e1bitos depravados.<\/p>\n<p>El libro est\u00e1 compuesto claramente por dos niveles o contenidos. Por un lado, la parte filos\u00f3fica, la de exposici\u00f3n de teor\u00edas puras y duras, y por otro lado, la parte \u00bfer\u00f3tica?, que m\u00e1s bien calificar\u00eda, por su car\u00e1cter obsceno, de pornogr\u00e1fica. Parece una novela de terror, est\u00e1 cargada de escenas expl\u00edcitas de sexo a cual m\u00e1s violenta y desagradable, y prima el desprecio m\u00e1s absoluto hacia el sexo femenino. En ning\u00fan caso las relaciones sexuales que se describen cuentan con el consentimiento de la mujer, \u00e9sta es violada reiteradamente de las formas m\u00e1s aberrantes, salvajes, dolorosas y humillantes, incluso m\u00e1s lejos de lo que uno pueda llegar a imaginar.<\/p>\n<p>La novela, en general, es de dif\u00edcil lectura. Escrita con un lenguaje \u201cespeso\u201d, se hace dura de leer sobre todo en la parte de exposici\u00f3n de ideas, en este aspecto es adem\u00e1s reiterativa en exceso, llegando al aburrimiento. En cuanto a la parte denominada er\u00f3tica, \u00e9sta es tan descriptiva en su salvajismo y brutalidad que, francamente, no es apta para cualquier est\u00f3mago. Es cierto que es poco cre\u00edble en este aspecto, ya que no hay cuerpo humano, sea \u00e9ste femenino o masculino, que sea capaz de aguantar tales sesiones de sexo, y m\u00e1s teniendo en cuenta el tipo de sexo al que se ven sometidos. A esto hay que sumarle la incre\u00edble mala suerte que sufre nuestra protagonista, ya que cuando consigue escapar de un calvario, vuelve a caer en otro a\u00fan peor, todos los personajes que va encontrando a su paso son gente malvada que s\u00f3lo busca placer a costa del sufrimiento ajeno, y as\u00ed al menos nueve o diez veces, no s\u00e9, perd\u00ed la cuenta. Termina resultando cansino tanta mala suerte.<\/p>\n<p>A la obligada pregunta la respuesta es s\u00ed, vale la pena leerse siempre y cuando se haga desde un punto de vista anal\u00edtico de la naturaleza humana intentando apartar el morbo en la medida de lo posible.<\/p>\n<p>Varias adaptaciones de esta novela han sido llevadas al cine. La primera en el a\u00f1o 1962 bajo el t\u00edtulo Le Vice et la Vertu, dirigida por Roger Vadim y protagonizada por Catherine Deneuve. Posteriormente, en el a\u00f1o 1968, el madrile\u00f1o Jes\u00fas Franco dirig\u00eda a Romina Power en el papel de Justine. En el a\u00f1o 1971 Claude Pierson dirig\u00eda una nueva versi\u00f3n, Justine de Sade.<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cultura<\/p>\n","protected":false},"author":1069,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13279"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1069"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13279"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13279\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29724,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13279\/revisions\/29724"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13279"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13279"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13279"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}