{"id":12964,"date":"2019-03-27T00:00:00","date_gmt":"2019-03-27T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/se-nos-ha-congelado-el-corazon"},"modified":"2024-02-22T21:47:02","modified_gmt":"2024-02-23T03:47:02","slug":"se-nos-ha-congelado-el-corazon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/se-nos-ha-congelado-el-corazon","title":{"rendered":"Se nos ha congelado el coraz\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><b>Algo m\u00e1s que palabras, por:&nbsp;V\u00edctor Corcoba Herrero<\/b><\/p>\n<p><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<blockquote><p><b><i>Hemos olvidado el deber m\u00e1s humano e innato que hemos de poseer, acoger a toda vida, respetarla y amarla\u201d.&nbsp; &nbsp; <\/i><\/b><i>&nbsp; &nbsp; <\/i><\/p><\/blockquote>\n<p><i><\/i>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;Vivimos tiempos tan confusos como convulsos, dej\u00e1ndonos entumecidos los andares y adormecidos el alma, esclavos de intereses mezquinos, pensando que nos bastamos a nosotros mismos y que la felicidad radica en las loas de un placer posesivo, a trav\u00e9s de una vida completamente virtual, crecida en posesiones y desbordada por un poder\u00edo que nos lleva a pavonearnos, mediante un tener que es verdaderamente mundano. Se nos ha congelado el coraz\u00f3n. Esta es la triste realidad. Y as\u00ed, andamos m\u00e1s apagados que una caja mortuoria, y lo que es peor a\u00fan, sin apenas consuelo para poder levantar la mirada y reiniciar otro rumbo. Desde luego, nos hace falta otro esp\u00edritu que nos asiente sobre otras coordenadas m\u00e1s aut\u00e9nticas, si en verdad queremos transformar el mundo en el que vivimos. Sabemos que la mejor estrategia para prevenir conflictos es el respeto a los derechos humanos; sin embargo, continuamos siendo irrespetuosos e inhumanos con nuestros an\u00e1logos. Todav\u00eda hay cierta resistencia, por parte de algunos pa\u00edses, a respaldar las acciones de Naciones Unidas. Sea como fuere, est\u00e1 visto que nos falta crecer por dentro para poder activar otra mentalidad m\u00e1s generosa. El amor se nos ha enfriado y la tentaci\u00f3n de aislarse, tan propia del momento actual, disminuye el entusiasmo de compartir sin l\u00edmites. Por eso, s\u00f3lo el coraz\u00f3n nos dice lo que es preciso hacer: \u00a1Sintonic\u00e9monos!<\/p>\n<p>&nbsp; Hay quien tiene el deseo de amar, pero le falta el impulso de esa verdadera capacidad, y no acierta a ver a su compa\u00f1ero de ruta, para poder hacer el coraz\u00f3n con ambos pulsos. En ocasiones, adem\u00e1s, nos falta entusiasmo hasta para amarnos a nosotros mismos. De esta forma, tampoco podemos comprender nada. No pasamos de lo emocional. Lo que si crece bajo esta atm\u00f3sfera es la maldad, desalentando ese v\u00ednculo de afectividad que todos necesitamos para reencontrarnos y encontrar lo m\u00e1s valioso, como la dignidad, la libertad, o el profundo deseo de acompa\u00f1arse y dejarse acompasar. Por cierto, cada d\u00eda son m\u00e1s las naciones que piden acceso humanitario ante el aumento de necesidades de todo tipo. Millones de personas en todo el planeta carecen de acceso b\u00e1sico y de servicios esenciales. Ciertamente, cuando se desvirt\u00faa el amor, de nada sirven las palabras, pues la soberbia nos disuade a ver la desesperaci\u00f3n del hambriento, el mismo sufrimiento diario de la gente, lo que nos impide abrirnos a los d\u00e9biles y a los pobres. Por desgracia, hemos olvidado el deber m\u00e1s humano e innato que hemos de poseer, acoger a toda vida, respetarla y amarla. Ahora bien, nunca es tarde para despojarse de todo ego\u00edsmo, para hallar en esa incondicional entrega la verdadera placidez, siendo m\u00e1s compasivos y sensibles en hacer el bien. De ah\u00ed, lo fundamental que es interrogarse y preguntar hacia d\u00f3nde camina el coraz\u00f3n. <\/p>\n<p>&nbsp; Como ya en su tiempo dec\u00eda el inolvidable escritor espa\u00f1ol, Francisco de Quevedo (1580-1645), \u201clos que de coraz\u00f3n se quieren s\u00f3lo con el coraz\u00f3n se hablan\u201d; y, en verdad, nuestro arm\u00f3nico gozo reside ac\u00e1, hasta el extremo que es la fuente de nuestra existencia. En cualquier caso, es p\u00fablico y notorio, que la peor caminata es una marcha sin latidos, sin alma, porque de ella emana la vida. No nos confundamos, pues, y s\u00ed cuando decimos que es hora de compartir m\u00e1s ampliamente los beneficios del crecimiento y la globalizaci\u00f3n, estamos indicando que lo esencial es avanzar ensamblados, y que, por tanto, ning\u00fan poder humano puede jam\u00e1s violentar el sagrario de cada cual, ya que son aquellos corazones fusionados los \u00fanicos que pueden fecundar los sue\u00f1os. Dejen, en consecuencia, que nos podamos fortalecer mutuamente unos a otros. Ya est\u00e1 bien de tanta indiferencia. El mero crecimiento econ\u00f3mico tampoco basta para llevar a buen t\u00e9rmino esa ansiada humanizaci\u00f3n de la especie. Quiz\u00e1s tengamos que universalizarnos m\u00e1s, superar nuestras frialdades, y convertirnos en una sola voz reconciliada, para poder ser luz, en medio de un orbe oscuro. Ojal\u00e1 aprendamos a escucharnos, a tomar conciencia de lo que soy, y a dejar hablar solo al amor, con lo que esto conlleva de gratuidad (donarse sin m\u00e1s) y de poes\u00eda (sin poder jam\u00e1s-de auxilio siempre). Al fin y al cabo, el lenguaje del coraz\u00f3n es po\u00e9tico, \u00fanicamente se requiere n\u00edveo sentimiento para concebirlo y expresarlo. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":12965,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12964"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12964"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12964\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29606,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12964\/revisions\/29606"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12965"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12964"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12964"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12964"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}