{"id":12599,"date":"2019-02-11T00:00:00","date_gmt":"2019-02-11T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/dejemos-los-campos-de-batalla"},"modified":"2024-02-22T21:44:44","modified_gmt":"2024-02-23T03:44:44","slug":"dejemos-los-campos-de-batalla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/dejemos-los-campos-de-batalla","title":{"rendered":"Dejemos los campos de batalla"},"content":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras, por: Victor Corcoba Herrero<\/p>\n<p>Al igual que para alcanzar la paz se requiere de un trabajo decente, no de cualquier trabajo, donde impere la justicia social, la inclusi\u00f3n, el desarrollo econ\u00f3mico y la realizaci\u00f3n personal, tambi\u00e9n para aminorar tensiones hace falta otro \u00e1nimo m\u00e1s solidario y sensible, actitud indispensable y esperanzadora para el correcto funcionamiento de una vida serena que todos, absolutamente todo el colectivo humano por mera dignidad, nos merecemos. En esto, sin lugar a dudas, la colaboraci\u00f3n entre instituciones y continentes es esencial. Bien es verdad, que hacen falta otras pol\u00edticas menos interesadas, m\u00e1s universales y no tan partidistas, el ejemplo lo tenemos en la cooperaci\u00f3n entre las Naciones Unidas y la Uni\u00f3n Africana, con los notables progresos que est\u00e1 experimentando dicho territorio, especialmente en el \u00e1mbito de la resoluci\u00f3n de conflictos y en el de la prevenci\u00f3n. Tambi\u00e9n es menester no falsificar la verdad, para poder ver la realidad tal y como es, pues s\u00f3lo as\u00ed se puede ir al fondo del problema y subsanarlo. En cualquier caso, tampoco podemos normalizar contextos sociales violentos, cuando todo est\u00e1 interrelacionado y corremos el riesgo de endiosarnos de esa energ\u00eda que todo lo corrompe, ampliando las desigualdades y las incertidumbres como jam\u00e1s. <\/p>\n<p>&nbsp; A mi juicio, no existe una mejor prueba de avance para una especie pensante, que la del progreso arm\u00f3nico, cuesti\u00f3n que se consigue con la cooperaci\u00f3n entre todos. Dejemos los campos de batalla. No tienen sentido. Lo importante es alentar los movimientos arm\u00f3nicos entre culturas, propiciar espacios de entendimiento, de respeto natural entre toda la ciudadan\u00eda. Lo ideal es que podamos tener id\u00e9nticas posibilidades de actuaci\u00f3n, cuesti\u00f3n que no es nada f\u00e1cil en un mundo tan dividido como cruel, en el que tan solo una tercera parte de los ni\u00f1os recibe protecci\u00f3n social, seg\u00fan la OIT y UNICEF; adem\u00e1s, de proliferar la b\u00fasqueda de intereses individuales a expensas de todos. Quiz\u00e1s la contienda m\u00e1s trascendente la tengamos con nosotros mismos. Sea como fuere, tenemos que cambiar modos y maneras de ser, tomar otras visiones m\u00e1s human\u00edsticas para encauzar nuevas cercan\u00edas, repensar otros horizontes m\u00e1s acordes con la concordia y no con el empe\u00f1o de venganza. Las guerras, ya en su tiempo lo dec\u00eda el inolvidable fil\u00f3sofo alem\u00e1n Friedrich Nietzsche (1844-1900, que volv\u00eda est\u00fapido al vencedor y rencoroso al vencido. Ciertamente, as\u00ed es, el mundo entero hoy tiene sed de justicia y paz, necesita sentirse libre para ser constructores de otros lenguajes del coraz\u00f3n, y no de esta atrofiante mundanidad que nos ahoga, desfigura y deshumaniza, nuestro propio esp\u00edritu humano.<\/p>\n<p>&nbsp; Ojal\u00e1 aprendamos a mirar la \u00e9poca de las grandes batallas mundiales y a sacar conclusiones al respecto. Seguramente, entonces, aprenderemos a mirar al futuro a trav\u00e9s de otras relaciones m\u00e1s pacifistas, de amistad entre los pueblos, de hermanamiento entre naciones y continentes. El que la Uni\u00f3n Europea impulse la cooperaci\u00f3n regional con veinticinco pa\u00edses africanos, aparte de ser un signo de esperanza, es tambi\u00e9n un nexo de uni\u00f3n para superar los crecientes desaf\u00edos, como el aumento de la poblaci\u00f3n, los efectos adversos del cambio clim\u00e1tico, la gobernabilidad d\u00e9bil y los efectos desestabilizadores de la delincuencia internacional. Por otra parte, hoy m\u00e1s que nunca se demanda una independencia judicial, para que no permanezcan impunes aquellos l\u00edderes que  niegan los derechos, la dignidad y la libertad de la persona. En algunas naciones, a\u00fan el sistema de tutela, sigue dando a los hombres el control sobre las vidas de las mujeres. Asimismo, mientras los mercenarios representan un peligro para la paz en el mundo y se mueven a su antojo, los cooperantes que auxilian, muchas veces exponiendo sus vidas desinteresadamente, tambi\u00e9n sufren represalias por parte de algunas autoridades. De ah\u00ed, lo fundamental de hacer justicia a la v\u00edctima, no de ajusticiar al agresor, ya que un ojo o un diente roto no se remedia rompiendo otro, sino haciendo ver al culpable las consecuencias de su acto. En consecuencia, no se trata de ser m\u00e1s duros, de endurecer las penas; sino de ser m\u00e1s humanos (hermanos), reinsertando a nuestro propio an\u00e1logo de su estado salvaje. <\/p>\n<p>&nbsp; Por consiguiente, la humanidad por si misma ha de tender a corregirse, a mejorar y a reeducarse. En el fondo, toda vida por muy ed\u00e9nica que nos parezca, necesita replantearse su existencia a lo largo del camino en sucesivas ocasiones, recomenzar con otras inquietudes y no dejarse aplastar por el peso de sus miserias. Desde luego, para prevenir este azote existencial, no es suficiente con tener leyes justas, es necesario activar educativamente la ense\u00f1anza en la \u00e9tica, para hacer adultos responsables, capaces de encauzar sus pasos, que han de ser genuinamente tan reconciliadores como rehabilitadores. Lo transcendente es doblegar al enemigo sin batallar, hasta volverlo ciudadano de alma y vida. Por ello, que sea el amor nuestro estado normal de cohabitar y el amar nuestro modo de vivir. No olvidemos que querer es poder; y, a pesar de los pesares, comprender. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":12600,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12599"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12599"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12599\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29470,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12599\/revisions\/29470"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12600"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12599"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12599"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12599"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}