{"id":12328,"date":"2019-01-07T00:00:00","date_gmt":"2019-01-07T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/rayos-de-esperanza"},"modified":"2024-02-22T21:42:22","modified_gmt":"2024-02-23T03:42:22","slug":"rayos-de-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/rayos-de-esperanza","title":{"rendered":"Rayos de esperanza"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Algo m\u00e1s que palabras<\/i>, por:V\u00edctor Corcoba Herrero<\/p>\n<p><\/b><\/p>\n<p><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<blockquote><p><b><i>\u201cpensemos que las manos de la unidad son m\u00e1s mimbres; y, a la vez, son m\u00e1s edificantes en el amor, pues esta expresi\u00f3n de entidad human\u00edstica, tiene como fundamento la bondad de coexistir\u201d.<\/i><\/b><\/p><\/blockquote>\n<p>Es cierto que a este mundo nuestro le desbordan los enfrentamientos, las guerras y discordias nos dividen, los abusos de poder tambi\u00e9n nos dejan sin fuerzas para esperanzarnos; pero, a\u00fan as\u00ed, en este camino no vamos solos, y tambi\u00e9n hay gente o instituciones dispuestas a conciliar voluntades, fomentando el entendimiento, con una capacidad de servicio verdaderamente ejemplarizante. No obstante, considero que ser\u00e1 bueno cambiar de actitudes, empezando por aquellos gobernantes que se sienten due\u00f1os de sus naciones, y terminando por nosotros mismos, que a veces nos endiosamos hasta el extremo de creernos poderosos y con capacidad excluyente. En cualquier caso, no podemos dejarnos abatir por esta triste situaci\u00f3n, hemos de reaccionar con un aire clemente, comprensivo, con la cabeza siempre en alto y los brazos dispuestos para abrazar. Concienciarnos de que es posible otro mundo m\u00e1s humano ha de ser actividad prioritaria. Para empezar, a\u00fan no hemos conseguido que la entrega sea abecedario com\u00fan. Deber\u00edamos intentarlo cada d\u00eda y ejercitarlo en todo momento. Esto supone evitar la din\u00e1mica dominadora y la acumulaci\u00f3n de riquezas. Nos parecer\u00e1 dif\u00edcil llevarlo a buen t\u00e9rmino, pero siempre es posible salir de uno mismo para ponerse en el lugar del otro, y as\u00ed, forjar una alianza de comportamientos en su sentido m\u00e1s hondo. <\/p>\n<p>Por otra parte, quiz\u00e1s sea nuestra primera misi\u00f3n, creernos que la vida nos pertenece a todos en su conjunto, en su unidad, en su armon\u00eda. Bien es verdad que necesitamos de otro aliento m\u00e1s n\u00edveo, m\u00e1s aut\u00e9ntico, m\u00e1s de camino hacia delante. En la actualidad hay muchas personas que se quedan atr\u00e1s por nuestra propia culpa. Hemos de rescatarlos. No somos nuevos en la acci\u00f3n. Tambi\u00e9n nuestros predecesores tuvieron que poner empe\u00f1o en otros horizontes. Imaginemos un mundo sin fines de semana, sin una jornada laboral limitada a ocho horas, sin edad m\u00ednima para trabajar, sin protecci\u00f3n para las trabajadoras embarazadas ni para los trabajadores vulnerables. Este podr\u00eda ser su lugar de trabajo si no hubiese existido la Organizaci\u00f3n Internacional del Trabajo (OIT). Creada en 1919, despu\u00e9s de la Primera Guerra Mundial, la OIT se prepara ahora para celebrar sus cien a\u00f1os de acci\u00f3n a favor de la justicia social. Esta es la v\u00eda para conseguir universalizar el hermanamiento entre culturas. Hoy como ayer hay que unirse y reunirse, para salvar discrepancias y establecer otras visiones menos discriminatorias. Pensemos que las manos de la unidad son m\u00e1s mimbres; y, a la vez, son m\u00e1s edificantes en el amor, pues esta expresi\u00f3n de entidad human\u00edstica, tiene como fundamento la bondad de coexistir. <\/p>\n<p>Precisamente, en la familia es donde crece esa ternura, que permite a los c\u00f3nyuges unirse y ser uno. Ojal\u00e1, m\u00e1s pronto que tarde, el mundo se familiarice sobre esas relaciones humanas constructivas y desprendidas. Nos hace falta. Algunas situaciones son tan alarmantes, que no tenemos tiempo para dormirnos en los laureles. Pongamos por caso la recuperaci\u00f3n de la capa de ozono, desde luego un rayo de esperanza igualmente en esta lucha clim\u00e1tica. Seg\u00fan Naciones Unidas, si se implementa completamente, la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal puede evitar hasta 0,4 \u00b0C de calentamiento global para fines de este siglo. La enmienda reducir\u00e1 la producci\u00f3n y el consumo proyectados de hidrofluorocarbonos (HFC) en m\u00e1s de 80% durante los pr\u00f3ximos 30 a\u00f1os. Por tanto, si importante es restablecer dignidades perdidas en el ser humano, tambi\u00e9n nuestra casa com\u00fan nos requiere con urgencia de cambios de estilo de vida. Por suerte ya tenemos reacciones al respecto, es lo propio de una ciudadan\u00eda con sentido de responsabilidad, por lo que esos rayos de esperanza confiamos en que se multipliquen, antes de que el deterioro de la calidad de la vida humana y su deshumanizaci\u00f3n, nos lleve a la destrucci\u00f3n de la propia especie humana por si misma. <\/p>\n<p>Por eso es importante que las nuevas generaciones piensen mucho m\u00e1s en poner en pr\u00e1ctica el principio universalista del bien colectivo, respalden la justicia social, tomando como prioridad la erradicaci\u00f3n de la miseria y el desarrollo social integrador de todos los moradores del planeta. Sea como fuere, no podemos, ni nunca debemos, bajar la guardia. Hoy sabemos que cuando la cooperaci\u00f3n internacional funciona, todos salimos ganando. Tampoco se puede consentir, o mostrar pasividad, ante la violaci\u00f3n del derecho internacional humanitario. Defender los derechos humanos y tomar medidas para una mayor concienciaci\u00f3n, sin obviar una mayor libertad y m\u00e1s compasi\u00f3n, es tarea que nos afecta a todos. No olvidemos que si bien necesitamos pol\u00edticos realmente comprometidos como servidores, con visi\u00f3n amplia y transparente, igualmente se requiere que seamos capaces de superar el individualismo, cada cual consigo mismo, con otra mirada m\u00e1s comprometida, con un cambio de coraz\u00f3n y de existencia. La esperanza, en suma, es nuestra, s\u00ed de cada uno de nosotros. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras.<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":12329,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12328"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12328"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12328\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29363,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12328\/revisions\/29363"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12329"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12328"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12328"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12328"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}