{"id":11939,"date":"2018-11-09T00:00:00","date_gmt":"2018-11-09T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/agentes-transformadores-reconciliados"},"modified":"2024-02-22T21:39:42","modified_gmt":"2024-02-23T03:39:42","slug":"agentes-transformadores-reconciliados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/agentes-transformadores-reconciliados","title":{"rendered":"Agentes transformadores reconciliados"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p><b>Algo m\u00e1s que palabras, por:&nbsp;V\u00edctor Corcoba Herrero<\/b><\/p>\n<p><b><\/b>En un tiempo en el que nos desbordan las simientes de odio y se disparan por doquier las se\u00f1ales de menosprecio hacia vidas humanas, hace falta propiciar eventos de di\u00e1logo y convivencia. En consecuencia, todos esos poderosos mundos de la econom\u00eda y de las finanzas, de la ciencia y el arte, de la cultura y del deporte, han de compartir, m\u00e1s all\u00e1 de meros conocimientos, sus buenas pr\u00e1cticas, que son las que germinan de nuestros interiores. Sin duda, tenemos que reinventar otras salidas m\u00e1s arm\u00f3nicas, que en conciencia nos fraternicen y nos hagan avanzar, pues aquellos que todo lo conf\u00edan a la fuerza y a la violencia, generan un esp\u00edritu destructivo incapaz de construir nada. Por tanto, hemos de ser agentes transformadores antes de que las miserias humanas se apoderen de nuestro coraz\u00f3n y nos impidan conciliarnos con la luz, pues tras las historias de sufrimiento y amargura, uno es capaz de renacer de sus propias cenizas y comenzar un nuevo camino. No olvidemos que la vida es un constante proceso, un continuo verificarse en el tiempo; un nacer, morir, y un reinventarse cada d\u00eda. Y al fin; uno quisiera vivir para crecer embellecido, no crecer para envenenarse asimismo.<\/p>\n<p>Si acercar la ciencia o cualquier disciplina art\u00edstica a la sociedad es fundamental para que los individuos adquieran conocimientos y puedan elegir sus opciones profesionales, tambi\u00e9n esa capacidad de transformaci\u00f3n en nosotros internamente nace, precisamente, de esa autenticidad entre lo que hacemos y pensamos. Tengamos en cuenta que nada permanece igual y que todo es mejorable. Contemplando el actual contexto mundial, es menester comprometerse m\u00e1s pronto que tarde, en poner la verdad sobre nosotros, comenzando por limpiar el aire, como ha dicho el director general de la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud, para reducir en dos tercios las muertes por contaminaci\u00f3n en el 2030, y concluyendo por activar la estima entre an\u00e1logos, como transformaci\u00f3n esencial de subsistencia. Mal que nos pese, el afecto, es la primera condici\u00f3n para humanizarse y hacerse coraz\u00f3n. Pensemos en aquella c\u00e9lebre cita del cient\u00edfico, fil\u00f3sofo y escritor  Blaise Pascal (1623-1662),  de que \u201cel primer efecto del amor es inspirar un gran respeto; se siente veneraci\u00f3n por quien se ama\u201d. Justamente por ello, necesitamos de esa pasi\u00f3n natural del ser humano; la del amor, que todo lo considera y reverencia.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n no est\u00e1 en cruzarse de brazos o en militarizar las fronteras para disuadir a los migrantes, sino en ser mediadores de paz, a la hora de poner los talentos al servicio del bien com\u00fan. Cuando se acrecienta el desconsuelo de los inocentes, y a\u00fan as\u00ed, prolifera el cinismo del poder, hay que atajarlo como sea. Ojal\u00e1 aprendi\u00e9ramos a ser agentes transformadores que concilien y reconcilien las culturas con su h\u00e1bitat, y que fu\u00e9semos la civilizaci\u00f3n del desarme, mediante la evoluci\u00f3n y la revoluci\u00f3n del verso y la palabra \u00fanicamente. Con raz\u00f3n se dice, que una expresi\u00f3n ya sea hablada, m\u00edmica, o escrita, molesta en ocasiones m\u00e1s que un pu\u00f1al. Sea como fuere, el verdadero humanismo est\u00e1 en transformar las ideas en hechos, y lo que hay que derribar son las barreras inhumanas que nos aprisionan, haciendo de los deseos realidad. Por desgracia el mundo est\u00e1 inundado de armas y muchos pa\u00edses siguen afectados de alg\u00fan modo por las minas terrestres. Existen unas 15.395 ojivas nucleares en el mundo, suficientes para destruirnos muchas veces y echar abajo la mayor parte de la vida en la tierra. Sabemos, en suma, que las armas de cualquier tipo son instrumentos para matar; y, en lugar de dejar de fabricarlas, continuamos activando el comercio. \u00a1Qu\u00e9 desolaci\u00f3n!<\/p>\n<p>Ya est\u00e1 bien de tantas falsedades y ego\u00edsmos esparcidos, que lo \u00fanico que hacen es empa\u00f1arnos la vida con est\u00fapidos abecedarios insensibles, incapaces de conjugarlos con la mano tendida, que es lo que verdaderamente necesitamos para abrazarnos como humanidad. Desde luego, y en vista de lo cual, urge despojarse de esa codicia individualista, in\u00fatil y absurda, pues solo as\u00ed podremos alentarnos hacia ese otro horizonte m\u00e1s sereno y seguro. Ciertamente, el cambio ha de ser profundo, en un mundo sembrado de injusticias, desigualdades y guerras como jam\u00e1s. A mi juicio, los agentes transformadores han de ir m\u00e1s all\u00e1 de ese vociferado derecho al desarrollo, que todo ser vivo lleva inherente a su vida, m\u00e1xime en una \u00e9poca marcada por el vasto fen\u00f3meno de la globalizaci\u00f3n. Creo, por consiguiente, que se ha de reencontrar ese l\u00edder mundial, esa autoridad indispensable para hacer cre\u00edbles y penetrantes sus iniciativas; esa voz aglutinadora capaz de sensibilizar los \u00e1nimos hacia la justicia, alentando a todos a trabajar por una humanidad m\u00e1s de servicio unos de otros, y no de tanto poder unos sobre otros; m\u00e1s libre y fraterna, y no atada al mercadeo de los negocios mundanos. \u201cEl tanto tienes, tanto vales\u201d del refranero realista, tampoco nos dignifica. Florezca, entonces, el esp\u00edritu desprendido y transparente; veremos con placidez su manantial, que la solidaridad nos hermana y la evidencia nos da sosiego.<\/p>\n<p><b><br \/><\/b><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11939"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11939"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11939\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29218,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11939\/revisions\/29218"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11939"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11939"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11939"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}