{"id":11845,"date":"2018-10-29T00:00:00","date_gmt":"2018-10-29T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/hacerse-amor-es-crear-vida"},"modified":"2024-02-22T21:39:00","modified_gmt":"2024-02-23T03:39:00","slug":"hacerse-amor-es-crear-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/hacerse-amor-es-crear-vida","title":{"rendered":"Hacerse amor es crear vida"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p><b>Algo m\u00e1s que palabras, por: Victor Corcoba Herrero.<\/b><\/p>\n<p><b><i><\/i><\/b><\/p>\n<blockquote><p><b><i>\u201cOjal\u00e1 nos reencontremos cara a cara con los n\u00edveos latidos de nuestros predecesores, y podamos ser poetas, en ese momento del abrazo m\u00edstico, en el que todo renace y resuena en bondad\u201d.<\/i><\/b><\/p><\/blockquote>\n<p>No hemos venido al mundo para estar ausentes o pasivos. Despoj\u00e9monos del miedo. Por naturaleza somos gente de acci\u00f3n y reacci\u00f3n, de camino y de sue\u00f1os, de hacerse pr\u00f3ximo con el pr\u00f3jimo y de volverse amor para crear vida. Bajo este exclusivo sello de especie pensante vivimos, nos movemos y coexistimos, hasta que la muerte nos abrace y nos invite a ser la rosa que perfume el viento en cada esquina, volvi\u00e9ndonos parte de la liturgia del tiempo, en la que los vivos hallan a sus difuntos, injertando una admirable asamblea de prop\u00f3sitos y enmiendas, que consolidan los v\u00ednculos de comuni\u00f3n, enraiz\u00e1ndonos po\u00e9ticamente entre unos y otros, en verdadera contemplaci\u00f3n. De esto modo, con esta manera de obrar y ser, compartiremos una tranquilidad que el mundo no nos podr\u00e1 impedir. Porque si la eternidad nos pertenece por la m\u00edstica de la cruz, la glorificaci\u00f3n de nuestro interior nos alcanza en comunidad, por la espiritualidad de lo que somos, verso en verbo.<\/p>\n<p>En efecto, somos ese poema interminable de gozosas aleluyas por el triunfo del amor, entonado por la m\u00e9trica de la libertad, y vocalizado por el hondo silencio de los campos del versarse y ocuparse. La paz es posible, por tanto, encontrarla en la memoria de cualquier coraz\u00f3n andante o reposado, que se hubiese dejado cautivar por la est\u00e9tica del universo que le circunda, siempre arm\u00f3nica y siempre recreada de esperanza. La cuesti\u00f3n es acrecentar la vida con nuestros pasos y nuestros pulsos, sin endiosarse, sirviendo en la po\u00e9tica de la construcci\u00f3n. Al ser constructores, por amor de amar, nada se nos resiste. La destrucci\u00f3n es nuestra mayor ceguera. Por eso, es importante que las in\u00fatiles guerras cesen, porque son todas destructivas. Ojal\u00e1 nos reencontremos cara a cara con los n\u00edveos latidos de nuestros predecesores, y podamos ser poetas, en ese momento del abrazo m\u00edstico, en el que todo renace y resuena en bondad; no en vano, se comenta que la muerte es un tr\u00e1nsito hacia ese todo que es el ed\u00e9n, un cambio de misi\u00f3n que nos trasciende y nos propaga hacia un manantial de pureza, hacia un poema habitado \u00fanicamente por el amor. <\/p>\n<p>Tampoco perdamos el aliento a la hora de reivindicar el derecho al aire limpio, al agua potable, a los alimentos sanos, a un clima estable, a una biodiversidad pr\u00f3spera y a unos ecosistemas saludables, en  conjunci\u00f3n con todos los seres vivos, pues para hacerse amor, antes hay que practicar el coraz\u00f3n, y volverse a la poes\u00eda que ya fuimos en otros tiempos y en otros espacios m\u00e1s et\u00e9reos. Quiz\u00e1s tengamos que salir de nuestro c\u00edrculo de avaricias para ser verdaderos donantes de existencias. No es vida vivir en el desamor, en el desafecto de las promesas falsas hacia nuestros an\u00e1logos, pues aunque las ciudades y los pueblos son hervideros de ideas, comercio, cultura, ciencia, productividad, desarrollo; tambi\u00e9n hay una falta de alma entre semejantes, que nos lleva a una exclusi\u00f3n como jam\u00e1s. En ocasiones, se nos olvida de que todos dependemos de todos y que tambi\u00e9n somos la continuidad del linaje, y aunque diferentes en culturas, la semejanza en la muerte nos versifica en la certeza del recuerdo. <\/p>\n<p>Este encadenamiento vive en cada uno de nosotros, porque es parte de nuestro cohabitar que no se detiene;  y nuestro estar ahora en el mundo es, asimismo,  porci\u00f3n de nuestro respirar, y as\u00ed, los cementerios son una lecci\u00f3n permanente de amor y vida, un lugar de encuentro entre los que caminan y los que han concluido el camino. Justo, en este preciso momento, en el que tanto hablamos de que los asentamientos humanos han de ser espacios habitables, seguros y con mayor calidad de vida, es menester activar la conciencia con el gran protocolo del amor, que siempre est\u00e1 ah\u00ed, en los padres que cr\u00edan con tanto cari\u00f1o a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan a destajo para llevar el pan a su casa, en los enfermos y ancianos que sonr\u00eden a pesar de los dolores, y que son testimonios capaces de sostenernos y transformarnos en medio de nuestras debilidades. Al fin y al cabo, lo fundamental, es despojarse de mundo para quedarse nada m\u00e1s que con el balada de la vida mansa, con la estrofa de los que acompa\u00f1an, con la composici\u00f3n de los que auxilian y socorren, porque mantener n\u00edveo el himno de la entrega, nos har\u00e1 genuinamente felices y eternos, aunque solo sea por el aguante, la paciencia y la ofrenda. Verdaderamente en nosotros est\u00e1 impreso el sello del Jes\u00fas Amor, que nos da vida; del Dios Padre viviente, que nos pone en camino del encuentro; y del Esp\u00edritu encarnado en Santidad, que nos fortalece y nos hace inspiraci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":11846,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11845"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11845"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11845\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29182,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11845\/revisions\/29182"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11846"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11845"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11845"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11845"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}