{"id":11778,"date":"2018-10-22T00:00:00","date_gmt":"2018-10-22T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/a-contracorriente-lo-que-has-de-reprochar-antes-de-hacerlo-a-otro-corrigete-a-ti-mismo-por-si-acaso"},"modified":"2024-02-22T21:38:36","modified_gmt":"2024-02-23T03:38:36","slug":"a-contracorriente-lo-que-has-de-reprochar-antes-de-hacerlo-a-otro-corrigete-a-ti-mismo-por-si-acaso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/a-contracorriente-lo-que-has-de-reprochar-antes-de-hacerlo-a-otro-corrigete-a-ti-mismo-por-si-acaso","title":{"rendered":"A contracorriente \u201cLo que has de reprochar, antes de hacerlo a otro, corr\u00edgete a ti mismo por si acaso\u201d"},"content":{"rendered":"<p><b>Algo m\u00e1s que palabras, por:&nbsp;<\/b><b><i>V\u00edctor<br \/>\nCorcoba Herrero<br \/>\n<\/i><\/b><\/p>\n<p><\/p>\n<p><b><i><\/i><\/b>Siento debilidad por aquellas gentes que son efectividad human\u00edstica, artesanos de lo arm\u00f3nico, que no escatiman esfuerzos a la hora de ser constructores de paz, todo un arte que requiere energ\u00eda comprensiva, esp\u00edritu creativo, alma serena, soplo sensible, y mucha destreza de pulso. No es f\u00e1cil impulsar este camino que va a contracorriente; no en vano, hasta uno mismo en ocasiones llega a cuestionarse su misma raz\u00f3n de ser y de cohabitar. Ciertamente, las guerras, las persecuciones, no son agua pasada; sino fuegos actuales que a veces nos impiden traspasar horizontes m\u00e1s justos. Quiz\u00e1s tengamos que fortalecernos con otros lenguajes m\u00e1s claros y profundos, en testimonio m\u00e1s aut\u00e9ntico, pues s\u00f3lo as\u00ed lograremos una sociedad m\u00e1s pac\u00edfica y vinculante entre sus miembros. Ojal\u00e1 reflexionemos hacia ese gran protocolo del aliento compartido, del abrazo sincero, porque la humanidad por s\u00ed misma no es nada, y en conjunto, s\u00ed que es el coraz\u00f3n palpitante de la certeza. En cualquier caso, lo que has de reprochar, antes de hacerlo a otro, corr\u00edgete a ti mismo por si acaso, y luego vocif\u00e9ralo al mundo. <\/p>\n<p>Sea como fuere, tengo la convicci\u00f3n de que muchas gentes se esfuerzan cada d\u00eda por dar un cambio social en sus vidas, y aunque se hallan con los muros injustos de ciertos ide\u00f3logos que mutilan sus propios sentimientos, prosiguen en su af\u00e1n y desvelo por ser hombres de verdad y virtud. Me consuela tener presente, de que a pesar de las muchas dificultades y obst\u00e1culos, jam\u00e1s nos damos por vencidos. Siempre hay una mano tendida dispuesta a ayudarte, es cuesti\u00f3n de aceptarla, y de reconocer las muchas miserias humanas que por momentos cobijamos, sin apenas darnos cuenta. Por tanto, en medio de esta vor\u00e1gine actual, tenemos que hacer un alto en el camino, cuando menos para ofrecer otras actitudes menos individualistas, de falsa humanidad, que de vez en cuando nos gobiernan destruy\u00e9ndonos como marionetas inservibles. San Pablo invitaba a los romanos a no devolver \u201ca nadie mal por mal\u201d (Rm 12,17), a no querer hacerse justicia \u201cpor vuestra cuenta\u201d (v.19), y a no dejarse vencer por el mal, sino a vencer \u201cal mal con el bien\u201d (v.21). Esta actitud no es expresi\u00f3n de debilidad, sino de n\u00edtida pujanza amorosa, porque hasta el mismo Creador nuestro, es pausado para la ira, pero grande en amor.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la Carta fundacional de Naciones Unidas, documento de referencia entre humanos, plasma ese coraz\u00f3n de j\u00fabilo manifestado por el eterno lema de \u201cnosotros, los pueblos\u201d. A prop\u00f3sito, se me ocurre meditar que puede ser un buen momento, que coincidiendo con su onom\u00e1stica (24 de octubre), reafirmemos cada cual consigo mismo, nuestro compromiso de recuperar la confianza perdida en la colectividad, en los humanos; de cuidar la salud de nuestro planeta, y no dejarlo enfermar con nuestra pasividad; de tampoco abandonar a nadie en las cunetas de la exclusi\u00f3n, arrop\u00e1ndolo y protegi\u00e9ndolo; defendiendo la dignidad de todos y para todos, a trav\u00e9s de abecedarios m\u00e1s acordes al intelecto pacificador. Que la compasi\u00f3n y la no violencia gu\u00eden el modo de tratarnos en las relaciones de parentesco, interpersonales y en sociedad. S\u00f3lo as\u00ed, nos puede globalizar ese esp\u00edritu de concordia que vence toda tentaci\u00f3n de venganza. Por desgracia nos hieren esas estirpes divididas, esos hogares desunidos que intentan cambiar su m\u00edstica, en parte propiciada por la absurda ideolog\u00eda de g\u00e9nero, ese mundo fragmentado, esa sociedad que no acoge y rechaza, sin diferencias de sexo y que ahueca el fundamento antropol\u00f3gico de la familia. Sabemos, asimismo, que en muchos lugares se violan los derechos humanos. Sin embargo, no podemos desfallecer, y en valor de la palabra que sale de nuestro interior, aplaquemos los \u00e1nimos y seguramente, de este modo, aumentaremos la esperanza, las oportunidades de entendernos y respetarnos.<\/p>\n<p>Uno, al fin, ama ejercitando el amor. Tambi\u00e9n a perdonar s\u00f3lo se aprende perdonando. Confiemos, pues, en aproximarnos a trav\u00e9s de aquello en lo que produzcamos. Desde luego, la mejor producci\u00f3n, la m\u00e1s indulgente, es que la pobreza extrema va en descenso, ahora solo falta que nos sirvamos con otros modelos de reparto m\u00e1s integradores para que las desigualdades disminuyan, haciendo de la pol\u00edtica, un servicio al ciudadano y una nueva era de avenencia entre la ciudadan\u00eda. Por desgracia, los lenguajes actuales est\u00e1n viciados por los dominadores que casi siempre suelen aplastar a los d\u00e9biles. Estas batallas ya las hemos vivido y soportado, es cuesti\u00f3n de innovar rectificando, pues si en conciencia ansiamos la paz, no fabriquemos m\u00e1s armas y elaboremos otras decencias, empezando por la autosatisfacci\u00f3n de cada individuo, y terminando por la multiplicaci\u00f3n de vivir y dejar vivir.<br \/><b><i><br \/><\/i><\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":11779,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11778"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11778"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11778\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29157,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11778\/revisions\/29157"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11779"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11778"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11778"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11778"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}