{"id":11550,"date":"2018-09-27T00:00:00","date_gmt":"2018-09-27T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/la-salud-del-mundo-todo-radica-en-la-capacidad-de-vivir-para-los-demas-por-amor"},"modified":"2024-02-22T21:37:17","modified_gmt":"2024-02-23T03:37:17","slug":"la-salud-del-mundo-todo-radica-en-la-capacidad-de-vivir-para-los-demas-por-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/la-salud-del-mundo-todo-radica-en-la-capacidad-de-vivir-para-los-demas-por-amor","title":{"rendered":"La salud del mundo  \u201cTodo radica en la capacidad de vivir para los dem\u00e1s por amor\u201d"},"content":{"rendered":"<p><b><u><i><\/i><\/u>Algo m\u00e1s que palabras, por: V\u00edctor Corcoba Herrero<u><\/u><\/b><\/p>\n<p>Somos tan diversos, en este mundo cada d\u00eda m\u00e1s interconectado, que la consideraci\u00f3n y el respeto a todo ser humano, es esencial para confluir en acciones arm\u00f3nicas. El futuro es nuestro a poco que seamos responsables y trabajemos la unidad y la cooperaci\u00f3n entre todos, pues no hay otro camino que conciliar los esfuerzos en una acci\u00f3n colectiva que nos mundialice hacia abecedarios m\u00e1s de acci\u00f3n que de pasividad, y tambi\u00e9n, m\u00e1s de sentido com\u00fan que de locura, ya que los desprop\u00f3sitos lo \u00fanico que hacen es llevarnos a in\u00fatiles confrontaciones que nos hacen perder hasta la orientaci\u00f3n de nuestra propia existencia compasiva innata que es, en muchos casos, la celeste predecesora de la rectitud.  Ojal\u00e1 aprendamos a ser gentes de bien, ser\u00e1 una buena manera de dejar de ser piedras y de acompa\u00f1ar a los afligidos. Quiz\u00e1s tengamos que tomar en serio la advertencia de San Juan de la Cruz: \u201cA la tarde te examinar\u00e1n en el amor\u201d (Palabras de luz y de amor, 1,60). Por ello, creo que hay que pasar de las bellas palabras a los hechos, con el fin de construir una sociedad m\u00e1s equitativa, m\u00e1s sensible y saludable en definitiva; y, por ende, m\u00e1s respetuosa con la dignidad de cada ciudadano.<\/p>\n<p>La placidez radica, ante todo, en la energ\u00eda vital que nos demos unos a otros. El ser humano tiene que aprender a confiar en s\u00ed mismo y en los dem\u00e1s para poder avanzar felizmente, reconstruyendo un planeta en el que sus moradores reconcilien posturas, sobre todo en pol\u00edtica, pues son los servidores de la ciudadan\u00eda los primeros que han de ejemplarizar sus ejercicios, con la mano tendida siempre y la escucha permanente. Ya est\u00e1 bien de alimentar contiendas, de discriminar y de no defender los derechos humanos nada m\u00e1s que de boquilla. Se ha injertado, a mi juicio, un autoritarismo de podio que nos deshumaniza por completo. O cambiamos de rumbo, o m\u00e1s pronto que tarde, vamos al desorden y a la confusi\u00f3n. En este sentido Ant\u00f3nio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, acaba de indicar que \u201cel mundo est\u00e1 sufriendo un mal caso de &#8220;trastorno de d\u00e9ficit de confianza&#8221;, con personas que pierden la fe en los establecimientos pol\u00edticos en medio de la creciente polarizaci\u00f3n y el populismo\u201d. En cualquier caso, hemos de mirar hacia atr\u00e1s, y ver que los avances como especie siempre han descansado en esa comuni\u00f3n de gentes agrupadas, solidarias; de ah\u00ed, lo transcendente que es reparar esa cordialidad rota, y pensar de que todos somos necesarios e imprescindibles. Hemos de reconocer que este esp\u00edritu excluyente, tan en boga hoy, nos aniquila hasta la descomposici\u00f3n de nuestros salones interiores. <\/p>\n<p>A veces me pregunto, cu\u00e1l es el secreto para tener buena salud, y yo mismo, a rengl\u00f3n seguido suelo contestarme: Que est\u00e9 siempre en guardia y en camino, con la mente reposada y el esp\u00edritu inquieto. Ciertamente, nos hace falta entusiasmo y globalizar esa ilusi\u00f3n, conjuntamente, con capacidad de di\u00e1logo sincero y de reconciliaci\u00f3n, con esp\u00edritu de servicio, a pesar de tantas experiencias dolorosas de enga\u00f1os y de contiendas absurdas, en ocasiones activadas por el orgullo del \u00e9xito mundano, caus\u00e1ndonos tantas heridas que muchas a\u00fan no han cicatrizado. Pero, como dijo en otro tiempo el inolvidable fil\u00f3sofo franc\u00e9s, Auguste Comte (1798-1857), \u201cvivir para los dem\u00e1s no es solamente un ley de deber, sino tambi\u00e9n una ley de felicidad\u201d. Sin duda, uno ha de batirse el cobre para destruir las malas pr\u00e1cticas y entonar ese esp\u00edritu conciliador que nos perpet\u00faa como civilizaci\u00f3n verdaderamente hermanada, llegando a una relaci\u00f3n mundializada en la que el sustento es la estima rec\u00edproca y el conocimiento profundo de todas las culturas; sabiendo que la robustez del mundo, va a depender de nuestra capacidad de vivir para los dem\u00e1s. <\/p>\n<p>Dicho lo cual, cabe esperanzarnos y luchar por salir de esta mediocridad, mal denominada estado del bienestar, reponiendo fuerzas para los desaf\u00edos digitales, pues las cosas que se activan con el coraz\u00f3n nadie las detiene, por muchos ciberataques masivos que nos lleguen. Desde luego, este tipo de redes sociales mundanas, frecuentemente nos enferman, y en lugar de donarnos a coraz\u00f3n abierto, nos hace servirnos de los dem\u00e1s interesadamente. Esto tambi\u00e9n es viejo. \u201cPor el inter\u00e9s te quiero Andr\u00e9s\u201d, letra del sabio refranero.  Por tanto, esa llamada del Secretario General de la ONU, de instar a la comunidad internacional a usar las Naciones Unidas como plataforma para fomentar un futuro digital que sea seguro y beneficioso para todos, me parece un sensato llamamiento. Sea como fuere, hemos de estar motivados con lograr que impere la verdad, porque as\u00ed seremos m\u00e1s libres, y tambi\u00e9n m\u00e1s justos con nosotros mismos, en la lucha por la concordia global a la que todos estamos llamados a contribuir, cada cual desde su misi\u00f3n o camino. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":11551,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11550"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11550"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11550\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":29073,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11550\/revisions\/29073"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11551"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11550"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11550"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11550"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}