{"id":11231,"date":"2018-08-22T00:00:00","date_gmt":"2018-08-22T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/alejandro-3"},"modified":"2024-02-22T21:35:20","modified_gmt":"2024-02-23T03:35:20","slug":"alejandro-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/alejandro-3","title":{"rendered":"Alejandro!!!"},"content":{"rendered":"<p>Viv\u00edan en un pueblo que crec\u00eda en lo alto de un mont\u00edculo, un lugar con castillo y muralla, un sitio t\u00edpico de un cuento de princesas. Es que viv\u00edan en un cuento, en una aldea de ensue\u00f1o, una zona de atardeceres rosa, un acantilado rocoso que escuchaba romperse al mar&#8230;<\/p>\n<p>Eran protagonistas de un cuento de hadas, uno de esos con mucho azul y mucha magia, todo muy bello. Y estaban preparando una fiesta para el pr\u00edncipe del castillo, que regresaba al hogar tras haber viajado por el mundo. Meses o a\u00f1os, el tiempo es raro en los cuentos..<\/p>\n<p>El pr\u00edncipe se llamaba Alejandro. Era noble y leal, culto y alegre, poeta y flamenco, de piel blanca y ojos negros. Un ser de verdad. En su honor har\u00edan un gran festejo. Y pronunciar\u00edan un discurso. Alejandro lo merec\u00eda todo. Era renacentista y actual, rey y fil\u00f3sofo&#8230; lector..<\/p>\n<p>En verdad Alejandro era un tipo tan \u00fanico como uno con el mismo nombre que exist\u00eda en la vida real. Alguien de verdad. Cumbre. Alguien al que llamaban Talavante&#8230;<\/p>\n<p>Dedicado a Talavante. Para ti, Ale, mi querido mago<br \/>Dedicado a la familia de Talavante<br \/>Al flamenco y a mi flamenco<br \/>A la gente que lee<br \/>A los cuentos<br \/>A Carmen<br \/>A mi Luis<br \/>A mi amigo Manuel<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Viv\u00edan en un pueblo que crec\u00eda en lo alto de un mont\u00edculo, un lugar con castillo y muralla, un sitio t\u00edpico de un cuento de princesas&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1025,"featured_media":11232,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11231"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1025"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11231"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11231\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28954,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11231\/revisions\/28954"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11232"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11231"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11231"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11231"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}